Dark
Sirius, antiguo discípulo del malvado
Voldemort, ha escapado de la prisión
de Azkaban donde estaba recluido por la muerte
de los Potter. Todos temen que Sirius
vaya en busca de Harry para matarlo,
menos él, deseoso de oponerse a quien traicionó
a sus padres. Pero Harry deberá
también enfrentarse a los Dementores,
que guardan el castillo de Hogwarts en busca de
Sirius Black, unas criaturas que se alimentan
del miedo de sus víctimas.
La elección de Alfonso Cuarón
para este tercer título de Harry
Potter extrañó al principio.
Chris Columbus como realizador
de los dos primeros filmes había sentado
las bases y la imaginería visual de un
personaje cuyos libros se venden por millones
en todo el mundo. Pero parecía lógico
que no fuera el más indicado para adaptar
la más oscura de las novelas, Harry
Potter y el prisionero de Azkaban marca
el principio de la mayoría de edad para
el aprendiz de mago, Harry ya no es el
niño ilusionado de las dos entregas anteriores,
comienza a darse cuenta de que vivir entre dos
mundos para un huérfano como él
no es tarea fácil. En el mundo de los humanos,
donde le está vedado el uso de la magia,
es un condenado al ostracismo, ocultándose
para practicar simples trucos nuevos y debiendo
aplacar su ira y su frustración para no
romper las reglas. El trato inhumano que recibe
por parte de su familia adoptiva lo acerca a esas
figuras tan propias de la literatura inglesa del
siglo XIX, los Oliver Twist, los David
Copperfield, pero con el punto de rebeldía
propio de otra generación inglesa de mediados
de los 60, que le hace saltar de rabia cuando
alguien desprestigia la memoria de sus padres.
Es en este filme cuando Harry Potter se
dará cuenta de que la vida no es un camino
de rosas, que incluso las cosas más puras
pueden sufrir las consecuencias terribles de una
injusticia (representado en la forma del hipogrifo)
y que al final no quedan más que dos formas
de enfrentarse a ella, la resignación por
lo que nos viene dado o la sublevación
ante la rigidez de unas normas establecidas que
impiden hacer justicia. En este caso Harry,
ayudado por el representante de esas mismas normas,
el profesor Dumbledore, y por el nuevo
profesor Lupin, antiguo amigo de sus
padres, se enfrentará no sólo al
peligro que representa Sirius Black,
sino más en esencia a sus enemigos interiores,
el miedo a la soledad y a la falta de recuerdos
de su familia. Harry vive un viaje iniciático
mucho más intenso y dramático que
en experiencias anteriores, con un regusto amargo
que se transmite a toda la parte final del filme,
para asimilar que los finales felices sólo
se dan en los cuentos y que la realidad sólo
nos brinda oportunidades para ir enmendando errores
y nunca de forma perfecta. En este sentido la
tercera entrega de Harry Potter es un
filme mucho más maduro, oscuro y triste,
menos maniqueo, donde Harry aprende a
no prejuzgar las cosas por su apariencia sino
por la índole de sus actos.
En menor medida, también Hermione
y Ron pasan por un proceso de aprendizaje
hacia la madurez formulado en detalles que no
conviene que juzgue aquí para no desvelar
buena parte de las sorpresas del filme.
La dirección de Cuarón
es muy acertada al detenerse más en el
desarrollo humano y sentimental de los personajes
y menos en su aprendizaje como magos. Su estilo
visual se aparta de la grandilocuencia de Columbus,
apoyándose más en el registro de
los actores y en la naturaleza como marco de las
pasiones y peligros que aguardan a los protagonistas.
Pequeños y mayores podemos dejarnos sorprender
por el estilo diferente de esta tercera entrega,
la más difícil de adaptar de cuantas
hasta ahora se han filmado y la más ambigua,
o envolver por su aire nostálgico. Los
actores han crecido y así también
su capacidad para trasmitir la inquietud de sus
personajes. Mención especial para Gary
Oldman y David Thewlis,
y mencionar a Michael Gambon
sustituyendo al llorado Richard Harris
como Dumbledore, sin olvidarnos de Emma
Thompson o de Alan Rickman,
exquisitos ambos en sus pequeños papeles.
Como es habitual en la saga, la cuidada producción
consigue hacernos creer sin esfuerzo que estamos
en el mundo mágico de Hogwarts acompañando
a Harry Potter, infundidos por la magnífica
banda sonora de un John Williams
aún en forma.
Anécdotas:
* Tras el fallecimiento de Richard Harris
y antes que Gambon, se barajaron
los nombres de Christopher Lee
e Ian McKellen.
* También se habló de Ewan
McGregor para interpretar al profesor
Lupin.
* Como otros actores de la saga anteriormente,
Emma Thompson aceptó el
papel sólo para satisfacer a su hija pequeña.
* Gary Oldman tuvo otros motivos,
llevaba más de un año sin trabajar
en una película.
* Alfonso Cuarón hace
un cameo interpretando al personaje animado de
un cuadro que reprende a Harry por molestarle
con su luz.
* Se contrató a un ilusionista profesional
para enseñar trucos de magia a los actores
de tal modo que algunos pudieran hacerse en el
set sin necesidad de recurrir a los efectos especiales.
* Alfonso Cuarón tuvo
prohibido por contrato blasfemar delante de los
niños.
* Las estatuas de águilas con una serpiente
en la boca que aparecen en el patio son un homenaje
al escudo de México, patria de Cuarón.
* La Warner proveyó a los acomodadores
de los cines de visores nocturnos para detectar
posibles grabaciones pirata.
* Cuarón, inmerso en
la post-producción del filme no pudo aceptar
el ofrecimiento para dirigir la cuarta parte,
Harry Potter y el cáliz
de fuego, que finalmente firmará
Mike Newell (Donnie
Brasco, 1997). La película que ha
comenzado a rodarse en marzo de este año
y que se espera se estrene a finales de 2005,
tiene a los mismos intérpretes en los papeles
principales, lo que desmiente de momento los rumores
que apuntaban la posibilidad de que fueran sustituidos
por actores más jóvenes.
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