Peter Parker lleva una vida complicada, trabaja como repartidor de pizzas para pagarse el alquiler, vende fotos para el Daily Bugle, e intenta compatibilizarlo con sus estudios y su vida secreta como Spiderman. Todo ello le deja poco espacio para las relaciones con su amigo Harry y con Mary Jane, de la que sigue enamorado, pero a la que no quiere implicar en los peligros que entraña su doble personalidad. Peter desearía llevar una vida normal y apacible, y comienza a ver sus poderes más como una maldición que como un don. Pronto deberá enfrentarse a un hecho que cambiará su vida y a un nuevo enemigo, el Doctor Octopus.
Tras su estreno, Spiderman fue considerada por muchos como una de las mejores adaptaciones al cine de un cómic. La editorial Marvel se jugaba mucho, el personaje no es sólo el abanderado de la compañía, sino uno de los iconos más identificables del siglo XX. Jugó bien sus cartas y ganó ambas partidas, obtuvo buenas críticas y reventó las taquillas en todo el mundo. Y como sucede en estos casos, tales bondades no hacen más que incrementar las expectativas cuando se anuncia una continuación, los críticos afilan los cuchillos esperando despedazar las segundas partes.
Spiderman 2, de nuevo bajo la batuta de Sam Raimi en la dirección y con los dos creadores de la serie Smallville escribiendo la historia, sigue muy fielmente la estructura narrativa de su predecesora, pero con apreciables diferencias de estilo.
Para empezar, la dirección de Raimi parece más suelta. Gracias a la mejora de los FX y al uso de una cámara especial que ya se ha bautizado como “spider-cam”, las cabriolas de Spiderman son cada vez más increíbles e idénticas a las del cómic. Las técnicas infográficas casi no se perciben (algo de lo que aún pecaba la primera) y gracias a una planificación y coreografía espectaculares, las escenas de acción son de quitar el hipo. Esto permite a Raimi centrarse más en los personajes y desarrollar su faceta de realizador. Como ya había hecho antes, presta una gran importancia al enemigo de Spiderman, a sabiendas de que a mayor peso, más creíble será el drama que viva el héroe. Por eso, Octopus no es un villano de cartón piedra, malo porque sí, ni un demente como el Duende Verde, Raimi comprende el tormento que vive Octavius, transformado en un monstruo dominado por cuatro brazos mecánicos, bajo cuya grotesca apariencia permanece secuestrada la mente altruista del científico que fue.
A Raimi le interesa formular su teoría de que los superhéroes y los supervillanos son personas de carne y hueso, sometidas a las mismas pasiones que el resto de mortales, algo que ya hiciera de forma revolucionaria Stan Lee en los años 60 al trasladar a los superhéroes los problemas cotidianos, haciéndolos más accesibles a un mayor número de lectores. Raimi simultanea la acción heróica con el drama humano y bajo un punto de vista de realización presta la misma importancia a una escena de acción que a una sentimental. Lástima que de las muchas líneas de diálogo que abundan en Spiderman 2, haya una cierta reiteración de situaciones que podrían haberse resuelto de forma más concreta.
Este filme trata además sobre los sueños rotos, sobre los sacrificios que hay que hacer para no causar daño a los que queremos; en mayor o menor medida, todos los personajes han de aprender esta dura lección. Por culpa de sus poderes Peter ha perdido a un ser querido, a su tío Ben, y se ve obligado a mentir y apartarse de las personas a las que ama. Mary Jane, se aleja a su vez de él porque no entiende el desprecio al que la aparente indiferencia de Peter la somete. Su relación con Spiderman está a punto de romper la amistad con Harry, que le acusa de aliarse con el asesino de su padre y al que ha jurado destruir. Si nos fijamos, hay mucha infelicidad en los personajes, incluso en la tía May, aún sin recuperarse de la pérdida de su marido, acuciada por las deudas y considerándose culpable de los hechos fortuitos del pasado. Y por supuesto, el propio Otto Octavius, que lo ha perdido todo. Haciendo un ejercicio de abstracción y quedándonos tan sólo con la parte dramática, sin la aventura, Spiderman 2 sería un auténtico melodrama.
Cuando uno afronta la adaptación de un personaje del cómic tan variado, tan complejo como Spiderman/ Peter Parker, sabe que tiene dos caminos: hacer la película que le gustaría ver como espectador o ceñirse fielmente a lo escrito. Raimi, único capitán de este barco, tuvo siempre claro que se podían unir ambas vías. Como fan del cómic, ha captado el espíritu de los personajes, los amores, infortunios, deseos y complejos de Peter Parker están ahí, los ha sabido retratar con perfección cirujana, recogiendo aspectos de los primeros años de vida del héroe (tal y como se contó en The Amazing Spiderman) y concentrándolos en dos filmes, cambiando sólo lo imprescindible para mantener una coherencia argumental. Únicamente alguien tan entusiasta y buen conocedor del personaje como Raimi, y con su capacidad narrativa, habría sido capaz de hacerlo bien, y creo que es más mérito suyo que de los sucesivos guionistas, ni de Koepp, ni de Millar, Gough o Chabon.
Como muestra de lo que estoy hablando, algo muy simple: con todos sus FX, su apabullante acción, la escena más hermosa que nos ofrece Raimi y la que mejor sintetiza el espíritu del filme es aquélla en la que la hija del casero de Peter Parker, secretamente enamorada de él, al verle deprimido y solo en su cuarto, le ofrece un trozo de tarta. Ambos, comparten en silencio un momento muy especial, fugaz, sincero y seguramente irrepetible. Esa forma de destacar de repente a un personaje, sin ninguna importancia supuesta para la trama, ofreciendo al espectador un instante de reflexión, es lo que distingue a un excelente realizador.
Pero no es todo introspección en Spiderman 2, Raimi se permite el auto-homenaje en su faceta de director de filmes de terror y rueda una escena gore (entre comillas, por el peligro a una clasificación para adultos) en el quirófano con los brazos mecánicos de Octopus descontrolados y atacando despiadadamente a los médicos y enfermeras, demostrando su capacidad para crear un clímax de tensión a base de planos cortos y un sencillo juego de luces y sombras, y cuya crudeza tan sólo sugerida nos trasmite perfectamente la horrenda metamorfosis sufrida por Octavius.
Otra de las bondades con las que cuenta Spiderman 2 es la elección de los actores. Los tres ya habían manifestado en otras películas que son unos estupendos intérpretes y aquí, Maguire, Franco y Dunst, llegan a identificarse aún más con sus personajes. Sobre la versatilidad de Molina no es necesario pronunciarse, es gracias a sus dotes de actor que Octavius/ Octopus nos llega con la dosis justa de verosimilitud, sin caer en los excesos ni el ridículo. Por supuesto que el resto del reparto está a la altura, con un J.K. Simmons perfecto, la personificación del cascarrabias y socarrón Jonah Jameson, y Rosemary Harris, emotiva y sensible como tía May. Vale la pena destacar el trabajo de Donna Murphy como la esposa de Octavius, una breve aparición pero con la profundidad suficiente como para quedar impresa en la memoria del filme.
No hay duda de que Spiderman 2 coloca el listón muy alto en cuanto a adaptaciones cinematográficas de un cómic se refiere. Por hacerlo, lo ha hecho incluso consigo misma, desde luego que Raimi y todo su equipo tienen por delante un reto extraordinario: Spiderman 3. |