Una noche de tormenta. La policía recibe un aviso inquietante. La linterna de un agente alumbra un macabro escenario: el cadáver desangrado de una mujer, y a su lado, una niña en estado de shock.
Beatriz Vargas, psiquiatra interpretada por Cristina Brondo (La Biblia negra, 2001), comienza a trabajar en un prestigioso sanatorio especializado en hipnosis y alejado de la ciudad. Allí conoce el caso de la niña. En su primer día, provoca en la pequeña una respuesta inédita hasta entonces. Sin embargo, su esperanza de poder ayudarla se desvanece repentinamente: la niña aparece muerta. Un enigmático paciente sumido en la más profunda amnesia introduce a Beatriz en un laberinto del que resulta imposible escapar: "Beatriz, ten cuidado... no ha sido un suicidio".
Realidad y ficción comienzan a confundirse en la mente cada vez más inestable de la doctora. Pacientes que presagian muertes, pistas que apuntan a distintos sospechosos, visiones proféticas, pasillos circulares que esconden macabros sucesos, nuevas muertes...
Según su director, David Carreras, uno de los puntos de partida de su debut en el cine son los cuadros Reproducción prohibida, de Magritte, y El grito, de Edvar Munch. Para él, ambos aluden "a la imposibilidad de conocerse o al pánico de descubrir algo terrible al intentarlo". |