Un satélite de la compañía privada del magnate Charles Bishop Weyland detecta unas inusuales emanaciones de calor procedentes del subsuelo de una estación ballenera abandonada situada en una isla del Antártico. Se reúne una expedición con diferentes expertos en arqueología y ciencias químicas comandados por Alexa Woods, medioambientalista, y el propio Weyland, para descubrir el origen del misterio.
La editorial de cómics americana Dark Horse, propietaria de los derechos de publicación de ambos personajes, hace tiempo que reunió a Aliens y Depredadores en una aventura en la que ambos fieros contendientes median sus fuerzas (editada en España por Norma Cómics). No es extraño pues que el cine, acostumbrado en estos tiempos de crisis creativa a beber de fuentes ajenas, como el cómic y los videojuegos (campo en el que ya se enfrentaron ambos bichos hace unos años), se sintiera atraído por la posibilidad de conjugar ambas franquicias, aunque la realidad es que el primer proyecto data de principios de los 90. Por otro lado y periódicamente, se hablaba sobre la posibilidad de recuperar la saga de Alien, retomando donde lo dejó Jeunet, director de Alien Resurrección (1997), cuarta en la saga, pero tanto a fans como a productores nunca les pareció acertado sin el protagonismo de Sigourney Weaver, poco o nada por la labor.
Una vez recuperado el concepto, el encargado de condimentar la ensalada fue Paul Anderson, director entre otras de Horizonte final (1997) y Resident evil (2002), dos filmes de ciencia ficción bien dispares, pues si el segundo se basa en un videojuego, el primero es un intento malogrado de mezclar terror y ficción al estilo en su día de Alien (1979) o La Cosa (1982) (no nos remontaremos más allá). Hay que reconocer, en sus filmes, la capacidad de Anderson como creador de ambientes y de contados momentos de terror, así como de algunas ideas brillantes, que por desgracia son sólo aisladas dentro de conjuntos correctos pero fríos. En Horizonte final, a la interesante premisa de una nave maldita vagando por el espacio le sucedía un cóctel de sangrientos asesinatos hasta llegar a un final poco original, así como a Resident evil, con un comienzo inquietante que terminaba en un estallido de fuegos de artificio. Y lo mismo le sucede a Alien vs. Predator, que comienza a disfrutarse justo cuando se acaba.
El problema (y tal vez no sea más que otro caso de automutilación de la propia obra por parte del realizador en beneficio de la taquilla o para evitar una clasificación para adultos) es que falta metraje y resulta curioso decir esto cuando lo habitual es que los directores abusen del rollo de celuloide. A Paul Anderson, autor también del guión, le ha faltado ambición para contar una historia más coherente y con una mayor complejidad que la que se ve en la pantalla. Es como si estuviera compuesta de un preámbulo muy largo y de un final muy cortito. Como espectador, pero más como fan de ambas sagas, se echa en falta un mejor aprovechamiento del escenario (en especial de esa pirámide laberíntica en constante cambio que hubiera podido aportar unas buenas escenas de intriga y acción), de los personajes humanos, poco y mal desarrollados, y por supuesto de esa lucha entre colosos y de toda la rivalidad que hay detrás, amén del flash back explicatorio que embarulla argumentalmente más que soluciona (dejaremos al avezado espectador que sea él mismo quien encuentre esas incongruencias a las que me refiero).
La película en sí no está tan mal, más si la comparamos con otros recientes duelos de franquicias como la infame Freddy vs Jason (Ronny Yu, 2003) o la horrorosa Van Helsing (Stephen Sommers , 2004). Se agradecen algunos detalles como la inclusión en el reparto de Lance Henriksen, un guiño a su personaje de Bishop en Aliens (1986) y Alien 3 (1992), el que la protagonista lleve faldas, otro guiño a Ripley, y que salvando el enfrentamiento final, la reina Alien sea un animatronic y no una imagen generada por ordenador, así como muchos de los Alien, humanos disfrazados, conservando el aire nostálgico de las primeras producciones. A cambio y como puntos negativos, debemos tragar con un personaje tan insoportable como el de Miller o ese doble final tan superfluo como improcedente.
El filme poco aporta de nuevo a la saga Alien, tal vez algo más a la de Depredador, en cualquier caso es lo suficientemente entretenido como para pasar un buen rato sin poner en él grandes expectativas. Basta tomar partido por un bando y esperar que sea el ganador.
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