Si de algo pueden presumir las producciones de cine oriental que se están estrenando en nuestras pantallas, durante la última década (e incluso a finales de los 80, aunque durante esos años sólo se podían ver en formato vídeo) es la de narrar sus historias de una manera muy distinta a la que habitualmente utiliza la industria americana y europea.
Esto es debido, en parte, por contar con unos referentes culturales y sociales que en nada se parecen a los nuestros, además de darle un predominio visual a las historias, algo que en Europa y América se considera un recurso para esconder la falta de una buena base narrativa.
No diré que muchas de ellas no esconden excesos visuales que dificultan el entendimiento de lo que se quiere contar, pero a poco que uno se fije las virtudes resaltan sobre los defectos.
Después viene la capacidad de cada uno por adaptarse a una forma de contar que suele romper con la linealidad tan forzada en muchas de las producciones pensadas para el consumo rápido (y de paso para evitar que el espectador canse las pocas neuronas que aún le funcionan en descubrir qué le están tratando de contar) y, encima, le piden una implicación para la que tampoco están acostumbrados.
Doble visión (Shuang tong en su versión original), película producida por la división de Columbia Pictures en Asia (coproducción entre Taiwán y Hong Kong), pretende unificar los criterios del cine oriental con ciertas concesiones a los estándares del cine de acción utilizados por la industria americana.
El recurso de unir a dos agentes de la ley, uno de la policía de Taiwan (el detective Huang Hou-tu, interpretado por Tony Leung Ka Fai) con un experimentado analista del FBI (Kevin Richter, con el rostro del veterano secundario David Morse) no sólo no es nuevo, sino que ha dado muy buenos ejemplos como en Black Rain (Ridley Scott, 1989) en dondeMichael Douglas formaba pareja con Ken Takakura, reputado actor japonés (que ya había formado pareja con otro actor occidental, Robert Mitchum, en Yakuza de Sydney Lumet) en otra trama policíaca desarrollada en Osaka (Japón).
El que Huang Hou no viva su mejor momento en el cuerpo (por acontecimientos pasados que iremos descubriendo poco a poco) al igual que la pérdida de fe del analista del FBI, quien cada vez tiene más claro que su trabajo se asemeja demasiado al mito de Sísifo (condenado a repetir lo mismo, una y otra vez, como castigo por haber desafiado a los dioses) tampoco se presentan como una trama novedosa.
Lo verdaderamente nuevo de la historia es cómo las muertes (que se van sucediendo a la largo de sus casi dos horas de metraje) nos introducen en la mitología de la religión taoísta (plagada de demonios, infiernos y niveles de conocimiento), muy alejada de las creencias católicas que predominan en gran parte de la población occidental.
Además, como en la mayoría de producciones del género venidas desde oriente, el director, Chen Kuo-Fu, presenta los sucesos de una forma directa y sin los velos con los que se esconden por estas latitudes, sometiendo al espectador a un continúo vaivén de sensaciones, mientras los protagonistas tratan de encontrar respuestas a un misterio que corre por unos derroteros cercanos a lo sobrenatural.
Puede que el enfrentamiento final no esté todo lo desarrollado que debiera vistas las posibilidades de los dos antagonistas, pero en nada desmerece el resultado final de una cinta que logra entretener a la vez que sorprender por lo distinto de sus postulados. Es una muestra más de las inmensas posibilidades que los nuevos realizadores orientales ofrecen a los espectadores de occidente, y que merece una mejor atención por los responsables de estas producciones para que éstas vean la luz en las grandes pantallas, y no sólo en formato DVD (cuyas empresas sí han aceptado el reto de abrir nuevos campos para todos aquellos que quieran arriesgarse y ver cosas nuevas) o en festivales como Sitges.
Sólo espero que la película puede llegar a más poblaciones y no se quede sólo en las capitales (Madrid y Barcelona) con mayúsculas. Si no, siempre nos quedarán los DVD Club (que los vídeos ya son un recuerdo del pasado).
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