Teniendo en cuenta todas las ideas que me han venido a la mente antes de empezar a escribir esta columna, deberé confesarles una cosa: desde siempre me han encantado las historias que narran aventuras medievales con seres mitológicos, caballeros, castillos, y mil y una aventuras por vivir.
De ahí mi disposición por disfrutar con todo lo que la gran pantalla estaba a punto de contarme, justo en el instante en el que el gran libro de cuentos con el que empieza la historia, se abre, y comienza nuestro viaje.
A decir de los mayores, cada historia empieza y acaba en el cruce de dos caminos. Así, para algunos, esta historia comienza en las costas de Francia. Dos hombres, antes enemigos y cuyos caminos se cruzaron en la batalla, se enfrentan a dos destinos diferentes en su viaje como amigos. Tenemos al caballero George, venido de las cruzadas, acompañado por un compañero de armas musulmán Tarik (demostrando que tras el magno proyecto se escondían otros propósitos muy distintos a los originalmente planteados). Juntos ayudarán a un siervo de Dios a escapar de la cólera de los humanos, emprendiendo, luego caminos separados.
Después descubriremos al padre de éste, un noble convaleciente tras una dura gesta guerrera, acompañando al actual rey.
Nos enteraremos de que el soberano anda afligido por la desaparición de su hija, la princesa Lunna, como también lo está su prometido Garth de Guerney (aunque por motivos bien distintos). El caso es que los dos nobles emprenderán la búsqueda de la princesa, topándose batallas, intrigas y la guarida del último de los dragones y su descendencia, ahora bajo el amparo de la futura reina.
Pero después de encontrarla, George se dará cuenta de que sus verdaderos problemas no han hecho más que empezar, debiendo sortear el acoso de Garth de Guerney, el arrojo de Lunna en defensa del dragón, y a un grupo de mercenarios que los persiguen liderados por el misterioso El Cabillo.
Todo acabará en cuando los jugadores tomen posesión de sus fichas y empiecen la última partida, la cual decidirá el futuro de cada uno de ellos.
Como ven, la historia reúne todos aquellos elementos comunes al género de fantasía heroica, dragón incluido, aunque cada uno esta colocado en sus dosis justas, siendo éste el mayor acierto de la cinta (además del ritmo de la narración). Se ha tratado de evitar los arquetipos, y nadie es totalmente bueno ni malo. Cada uno se mueve por sus intereses y sus pasiones, siendo éstas las que definirán su destino final. Además el sentido del humor y la aventura prima sobre cualquier otra cosa, logrando que pasemos un rato muy agradable y divertido.
Pero como todo, tiene un problema. En una época donde las personas parecen ir como gallinas sin cabeza por sus respectivas vidas (o peor, tratando de ver sólo aquello que sea socialmente comprometido, aunque no lo entiendan) pedirles que vayan a un cine a disfrutar con una historia de caballeros, princesas y dragones se me antoja una gesta cuasi titánica (como la que tiene que solventar el propio George) sumado al poco interés de unos profesionales que dan la sensación que se han olvidado de lo bien que se puede pasar dentro de un cine, viendo aventuras como éstas.
De todas maneras, quien tenga el valor de nadar contra corriente, a buen seguro que lo pasará muy bien, viendo al leal George (interpretado por el actor James Purefoy) junto con su buen amigo Tarik, (el gigantón afroamericano Michael Clarke Duncan) la princesa Lunna (Piper Perabo, conocida por su trabajo en el Bar Coyote) y un maduro Patrick Swayze (Donnie Darko, 2001) en el papel del noble Garth de Guerney, además de alguna aparición sorpresa en lo que respecta al reparto, que está bajo la batuta del director y guionista Tom Reeve.
El resto y las ganas de pasarlo bien, corren de su cuenta.
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