Bueno, para comenzar permitidme ser muy directo: The ring 2 NO es una película de miedo. No estoy diciendo con esto que sea mala, sino simplemente eso, que no da nada de miedo. Si pretendemos pasar un mal rato y pegar algún que otro bote con los sustos de rigor, saldremos de la sala totalmente decepcionados. Ahora bien, si nos la planteamos como una historia de intriga, sin demasiadas pretensiones, llega a cumplir con su objetivo, aunque sin alcanzar (ni rozar siquiera) la maestría.
Para empezar, cabe recordar que se trata de una secuela de The ring (Gore Verbinski, 2002), que a su vez era un remake de la película japonesa The ring (Hideo Nakata, 1998), pero que ello no significa que se trate de un remake de la secuela de la película japonesa The ring (es decir, The ring 2, versión japonesa). ¿Se ha entendido algo?
Dicho de otra manera: aunque continúa con la historia de Samara y la protagonista vuelve a ser Naomi Watts, la película se desvincula de su original oriental, lo que le permite más frescura y originalidad que en la exitosa primera parte, que no pasa de ser una simple copia (con mucha menos calidad) de la original. En esta ocasión, libre de las ataduras que obligan a ser fieles al producto que se está imitando, el guionista puede desarrollar la historia a su aire, añadiendo nuevos datos a la biografía de Samara. Así, sin la obligación de sorprender y desorientar constantemente al espectador, la película se permite ser mucho más lineal y coherente, convirtiéndola casi en un thriller. Ello no quita para que algunas secuencias sean tontas y rocen el ridículo (parece que Hollywood se empeñe en que los protagonistas de películas de terror actúen siempre de la manera menos lógica), pero se agradece que se mantenga la línea argumental en lugar de repetir la misma historia con diferentes protagonistas (como el prólogo inicial parece indicar).
En esta ocasión, el título es una mera referencia a la primera película, pues ni hay llamadas de advertencia ni el vídeo continúa circulando por doquier. Ahora, el quid de la cuestión reside en los deseos de Samara de tener una madre que la quiera y el intento de poseer a Aidan para conseguir el afecto de Rachel.
Cabe destacar también la breve pero inquietante presencia de Sissy Spacek, inolvidable protagonista de Carrie (1976) que aquí interpreta a la madre de Samara, aunque bien podría tratarse de la propia Carrie veinte años después de los hechos narrados en la película de Brian de Palma.
Interpretativamente, la cosa no es para mucho bombo, pese a que Naomi Watts ya había sido nominada al Oscar cuando rodó esta secuela, pero siempre es mejor que los clásicos adolescentes descerebrados y calenturientos que pueblan este tipo de cintas.
En fin, como ya he apuntado al principio, pocos sustos a cambio de intriga. No es mucho, pero sí más de lo que cabía esperar de una película como ésta.
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