Segunda parte de una siniestra trilogía. Esta parte de la historia tiene lugar 10 años después del secuestro de Martin Bristol, un niño que desapareció de su jardín a la edad de tres años, y que dio testimonio de los inexplicables crímenes de un loco despiadado. Durante años, el paradero de Martin ha seguido siendo un misterio... hasta ahora.
No nos encontramos ante un gran film, ni siquiera ante una buena pelicula, todo lo contrario es más bien mediocre. El guión no aporta nada nuevo, los actores de regular a fatal, una realización torpe en muchos momentos y unos dialogos de traca.
¿Pero que aporta entonces este film? Pues simplemente un viaje en el tiempo, con esto me refiero a ese terror artesanal de los 80. Un ambiente de pesadilla, se te va metiendo poco a poco, dentro de un proceso de auténtica locura.
Por momentos vuelves a ver Halloween (John Carpenter, 1978) o Viernes 13 (Sean S. Cunningham, 1980), el film es malo "por supuesto", pero tiene alma, tiene fuerza, tiene garra y mala leche.
Un elemento positivo es la acertadísima música del propio director Stevan, pegadiza, que te mete en las lúgubres situaciones.
Este film recuerda a estos slashers descuidados de los 80 pero ciertamente enfermizos y decadentes en cuanto a atmósferas o situaciones de angustia. Ojalá llegarán mas films imperfectos como este, que otros mejor realizados pero sin alma ni fuerza.
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