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Hace más de 15 años, Tim Burton imprimió su sello estético, lúgubre y gótico, a uno de los personajes de cómic más famosos de todos los tiempos, el hombre murciélago creado por Bob Kane (Batman, 1989), la historia de un vengador nocturno angustiado por la muerte de sus padres en un oscuro callejón a manos de un ratero de poca monta, sin que el pobre muchacho pudiera hacer nada por evitarlo. Además de lograr un taquillazo importante y una de sus mejores películas como director, Burton logró dar un giro radical –y necesario- a la imagen que los no aficionados al personaje de papel tenían desde la década de los 60, la del Batman onomatopéyico del colorido serial televisivo, tan entrañable como inocente.
Su secuela, Batman vuelve (Tim Burton, 1992) es, en opinión de algunos, superior a la original -en buena medida por el recuerdo que aquella Michelle Pfeiffer embutida en el traje de cuero de Catwoman- en cuanto a tenebrismo y espectáculo se refiere, y más aún viendo el giro artístico, estético y argumental que siguió a la saga: Batman forever (1995) y Batman & Robin (1997), ambas dirigidas por el todoterreno Joel Schumacher, dejaron atrás el dolor intrínseco del héroe angustiado para llenar la pantalla de luces, sonidos, colores y diálogos pueriles, en un cambio de rumbo no por erróneo menos exitoso. Ante esta situación, lo más viable parecía volver la vista hacia atrás, y tras años de dudas, anuncios e incertidumbres, se dio luz verde a la realización de la precuela que ahora llega a nuestras pantallas, este Batman begins que marca el nuevo camino a seguir, más serio y oscuro una vez más.
Todo se ha cuidado extremadamente en esta entrega. El guión es obra de David S. Goyer, que parece ser el que más convence a Hollywood a la hora de adaptar historias gráficas: El cuervo. Ciudad de ángeles (Tim Pope, 1996), la televisiva Nick Fury: agent of S.H.I.E.L.D. (Rod Hardy, 1998), la trilogía del cazavampiros Blade y las anunciadas El motorista fantasma (Mark Steven Johnson, 2006) y Flash, que dirigirá él mismo… Tras las cámaras se ha escogido al solvente Christopher Nolan, responsable de la sorprendente Memento (2000) y la correcta Insomnia (2002) y que ha tenido aquí una papeleta bastante importante que ha logrado salvar sobradamente. Incluso se ha dispuesto de dos compositores en vez de uno, Hans Zimmer y James Newton Howard.
Lo que nos cuenta Nolan es el origen de la ira de Bruce Wayne, el impulso que le lleva a convertirse en el vengador de Gotham. Y lo hace sin prisas, pausadamente, a lo largo de casi dos horas y media, la única forma de dar coherencia a la historia sin que caiga en el absurdo. En ese sentido, recuerda en su planteamiento al Hulk (2003) de Ang Lee, otra extensa superproducción que trataba de insertar al monstruo verde como un personaje más, con sus circunstancias concretas, no como una mera aparición repentina previa a un espectáculo de acción desenfrenada. Y si en aquel caso funcionó, en éste también: recorremos con el joven empresario el doloroso camino que va de la culpabilidad y la frustración a la aceptación de su situación y la auto expiación de sus pecados, apoyado en quien mejor le conoce, su mayordomo Alfred (un paternal Michael Caine).
Pero esta búsqueda interior está repleta de acción, espectáculo y diversión, y los acontecimientos se suceden sin cesar, en un carrusel visual, estético y argumental muy diferente de sus predecesoras: aquí, Gotham no es la urbe plagada de ciclópeas esculturas que conocíamos, sino una ciudad más acorde con nuestro tiempo, repleta de rascacielos de cristal y con sistemas de transporte modernos y avanzados. Wayne es el playboy desenfadado que encarnaron Keaton, Kilmer y Clooney, pero aquí se esfuerza en serlo, adopta ese papel para no levantar sospechas; su verdadera naturaleza es la del murciélago, su alter ego es el hombre sin máscara, y no al revés. Porque no debe olvidarse que, por su origen y naturaleza, Batman no es un superhéroe al uso, sino más bien todo lo contrario: le mueve la venganza, la sed de justicia, y se enfrenta a su fobia –los murciélagos- para utilizarla contra sus enemigos: “mi disfraz debe ser capaz de sembrar el terror en los delincuentes, gente supersticiosa y cobarde”, decía allá por la década de los 50, en sus primeras apariciones en Detective Comics. Y no tiene superpoderes, es un hombre de carne y hueso que no vuela, no se hace invisible ni atraviesa paredes, aunque posea numerosos ítems y una fuerza física y un entrenamiento importantes.
Cuando llega la transformación definitiva, el ritmo se vuelve aún más frenético y espectacular. Abunda en el guión la originalidad y las secuencias que destilan puro cómic, delirantes y apabullantes a partes iguales. Pero la sobriedad del reparto mantiene enganchado al espectador, que no se plantea la inverosimilitud de lo que acontece como una traba, por lo excesivo de lo fantasioso. Porque es el conjunto coral de actores de lo más hinchado que se recuerda, un poderoso toque de atención que subraya la importancia que se le ha dado al retorno del hombre murciélago; más allá de nuestro protagonista principal, el siempre implicado Christian Bale –nuevamente ultramusculado como en American Psycho (Mary Harron, 2000), superado el shock anoréxico de El maquinista (Brad Anderson, 2004)-, le arropa un puñado de intérpretes ciertamente excesivo en algunos casos: si bien los papeles de Michael Caine (Alfred) o Liam Neeson (Ducard) tienen un peso importante en la historia, otros como los de Gary Oldman (Jim Gordon) o, sobre todo, Morgan Freeman (Lucius Fox) pueden parecer demasiado ligeros para actores tan relevantes, más allá del primer momento de sorpresa.
El tour de force se completa con Cillian Murphy (Jonathan Crane), Katie Holmes (Rachel Dawes) -tan mediocre como siempre-, Ken Watanabe (Ra´s Al Ghul), y, especialmente, Rutger Hauer, que sale de la serie Z en la que pulula desde hace años para tomar aire fresco como Earle, y Tom Wilkinson, que disfruta como el capo Carmine Falcone.
Con todos estos elementos, Batman begins se convierte en un cocktail apabullante que invita a sentarse cómodamente en la butaca y disfrutar sin prejuicios del retorno del héroe oscuro. |
* Como es lógico, en una producción de esta magnitud se barajaron muchísimos nombres antes de confirmar el equipo definitivo; así, para el papel principal, además de Bale, que se llevó el gato al agua, se pensó en Guy Pearce, Ashton Kutcher, David Boreanaz, John Cusack, David Duchovny, Joshua Jackson, Billy Crudup, Jake Gyllenhaal, Cillian Murphy y el desconocido Hugh Dancy. Para interpretar al policía Jim Gordon, se pensó en Kurt Russell, Dennis Quaid y Chris Cooper; para Ra´s Al Ghul, en Viggo Mortensen y Daniel Day-Lewis; Alfred fue ofrecido a Anthony Hopkins, Lucius Fox a Laurence Fishburne, y Rachel Dawes a Natalie Portman y Sarah Michelle Gellar…
* En cuanto a la dirección, en un principio se pensó en David Fincher para dirigir la película como Batman: año cero, según el cómic de Frank Miller; también se tenía en mente un Batman vs. Superman con Wolfgang Petersen tras las cámaras, aunque éste declinó la oferta para dirigir Troya (2004). Incluso se habló con los hermanos Wachowski, que por aquel entonces estaban centrados en las secuelas de su Matrix. Antes de llegar al definitivo título de Batman begins se pensó en un simple Batman 5, y posteriormente en Batman: the frightening o Batman: intimidation game.
* En el apartado meramente anecdótico, el Batmóvil fue lo que más problemas acarreó al equipo. Construido desde cero, su movilidad se convirtió en algo realmente complicado: durante el rodaje de la persecución en la carretera de Lower Wacker Drive, en Chicago, se formaron tales atascos de tráfico que incluso salieron en las noticias por televisión. Ya en el interior de la ciudad, un conductor borracho colisionó con el vehículo, espantado al creer que se trataba de un ataque alienígena.
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