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Un modesto dibujante llamado Bob Kane comenzó a idear a mediados de los 30 a un nuevo superhéroe, amalgamando varios de sus personajes favoritos como El Zorro, La Sombra o Doc Savage y tomando de filmes de terror de la época como The Bat Whispers (1930) o la propia Drácula (1931) la atmósfera necesaria. Gracias a la ayuda de su amigo Bill Finger, The Bat-Man apareció por primera vez en un cómic en 1939, casi tal como lo conocemos hoy día. Sin profundizar más en su origen, Batman es desde hace décadas uno de los iconos del siglo XX más reconocibles por el gran público, gracias también a las numerosas adaptaciones al cine y a la televisión.
Tras 65 largos años de vida, ¿era todavía posible decir algo nuevo sobre el personaje? ¿Resucitar una franquicia cinematográfica que había vapuleado el alma de Batman y reducido a una caricatura? Los productores debieron de pensar que, dado el gran éxito de los superhéroes de su competidora, la Marvel, en el cine tal vez fuera hora de rescatar los viejos proyectos comenzando por el símbolo, junto a Superman, de la editorial de cómics DC.
Algunos, poco familiarizados con el género, deben de pensar que narrar el origen de Batman, cómo un niño huérfano termina convirtiéndose en un vengador enmascarado que lucha por la justicia, es algo novedoso y nunca antes relatado. Así puede ser en el cine reciente, pero hace años que el cómic insiste sobre el asunto periódicamente, bien de forma fugaz bien planteado como un punto cero en la historia de un personaje que tiene a sus espaldas miles de números publicados y Año Uno (1987), el genial cómic de Frank Miller y David Mazzuchelli, es el ejemplo en el que se dice se inspiraron los creadores de este filme.
Batman Begins tiene dos partes claramente diferenciadas, tanto en sus objetivos como en sus resultados. La primera nos cuenta, en sucesivos flashbacks, la infancia y juventud de Bruce Wayne desde la muerte de sus padres hasta su retorno a Gotham City, ciudad de la que había huido en un viaje iniciático que tiene tanto de físico como de espiritual. Esta primera mitad del filme es sin duda la mejor, contada por Christopher Nolan con un estilo tan sencillo de seguir, pese a los cambios de tiempo, como fascinante, ayudado por un guión mucho más inteligente de lo que a simple vista cabía suponer en este tipo de películas, que pone énfasis en los personajes en lugar de la acción, con diálogos magníficos y certeros, facilitando la comprensión de la psique de los protagonistas con una capacidad de síntesis que ya quisiéramos ver en otros muchos directores.
Esta primera parte, podría haber sido un filme independiente en sí mismo y razonablemente completo, pero es obvio que debía haber una segunda mitad en la que Batman hiciera aparición y se resolvieran los conflictos que la primera plantea. Batman, la justicia de forma individualista frente a una sociedad podrida y derrotada por culpa de la corrupción y el crimen organizado o cómo vencer el miedo que anida en las almas humanas y que nos hace débiles y susceptibles de caer en la tentación del mal o, por el contrario, en una acomodaticia vida de sometimiento sin lucha.
No voy a desgranar aquí en pocas líneas lo que Batman representa, lo que a otros les ha costado cientos de páginas de ensayos o cientos de miles de viñetas y bocadillos. Batman es, como todo símbolo, para unos una cosa y otra diferente para otros, pero su figura produce algo atávico que estremece y hace cómplices a los que se sienten fascinados por su determinación, por su bravura y su compromiso con los desfavorecidos. Christopher Nolan, por algo es británico, lanza para quien sepa cogerlos apuntes no sólo sobre la condición humana sino también sobre las miserias de la sociedad, y en Batman Begins hay una claro alegato contra la deshumanización de las ciudades, sobre la pobreza y las diferencias abismales entre ricos e indigentes que producen, curiosamente, malvados en ambos bandos, los unos por necesidad, los otros por codicia.
La segunda mitad, en la que Batman es la estrella, es más espectacular y más liviana con respecto a la primera. Una vez establecidos los parámetros por los que los personajes se guían, Nolan los desarrolla y enriquece con la incorporación de nuevos protagonistas que complementan a Bruce Wayne / Batman, como si él fuera un poco todos y a la vez ninguno. Pese a que se pierde algo de la fascinación de esa primera parte de iniciación del héroe, no deja de ser emocionante, con sus reflexiones sobre la superación personal, la amistad y el valor, además de que las apariciones del Hombre Murciélago son impresionantes.
Otro factor que Nolan ha jugado muy bien a favor del filme es el aire de credibilidad que nunca pierde la cinta, en todo momento nos creemos que pueda existir un personaje así y que Batman sea tan auténtico como un capo de la mafia o un policía corrupto.
Pero no es solamente gracias a la dirección de Christopher Nolan y a su inteligente guión (por mucho que Goyer aparezca en los créditos), que Batman Begins es la mejor recreación del personaje en el cine de la historia y una de las más fieles adaptaciones de un cómic al celuloide, sino también a la labor de los actores. Christian Bale está sublime, tanto bajo la máscara como interpretando los diferentes momentos de la vida de Bruce Wayne, con sobriedad y sin perder nunca un sentido del humor muy fino, muy bajo cuerda. Siguiendo la tradición británica, Michael Caine, como su mayordomo Alfred, un actor al que siempre da gusto ver interpretar aunque sea cómo se quita un zapato, ya que a su enorme talento se ha unido esa venerable sabiduría de los actores ya entrados en años.
Y podemos seguir con todos y cada uno de ellos, el reparto al completo, excelentes, plagado de nombres británicos como Gary Oldman, Liam Neeson, Tom Wilkinson o Cillian Murphy, a los que se unen el japonés Ken Watanabe, el holandés Rutger Hauer y los norteamericanos Morgan Freeman y Katie Holmes (lo más flojito de la función, aunque no debe de ser fácil estar a la altura ante tanto monstruo de la interpretación).
Tanto para quienes se acerquen al cine a pasar un rato como para los cinéfilos, Batman Begins no defrauda. Para los que somos seguidores del personaje, este filme es un éxtasis. Al fin alguien ha comprendido algo, lo que ya es considerable, de lo mucho que Batman significa. Sesenta y cinco años no son nada si el espíritu y aquello que lo guía perviven.
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