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... Nadie sabe muy como fue pero, un día, los muertos se levantaron de sus tumbas y comenzaron a caminar. En un primer momento se creyó que sólo era una especie de epidemia y que los seres humanos podrían controlarla. Nadie podía pensar que todos los esfuerzos serían en vano y que aquellos cadáveres vueltos a la vida, los zombis o muertos vivientes habían llegado para quedarse.
Con el paso del tiempo, los humanos debieron aprender a convivir con aquellos que denominaban podridos, evitando cualquier contacto con ellos, so pena de volverse un engendro andante.
Ahora, los supervivientes del Día de los muertos, tratan de sobrevivir, en medio de una sociedad basada en los mismos vicios y defectos que la que existía en el pasado pero con la amenaza constante de unos podridos que parecen querer formar una sociedad a la medida de sus posibilidades.
Nadie duda, a estas alturas, que George A. Romero es el patriarca de los zombis cinematográficos por excelencia. Su primera incursión en el género, con la mítica La noche de los muertos vivientes, estrenada en unos lejanos años 60, revolucionó el concepto del zombi en el celuloide (tocado con maestrías sólo en películas como Yo anduve con un zombi) y los colocó al lado de los grandes mitos del terror contemporáneo.
Su planteamiento, casi artesanal (al estar rodada en blanco y negro) y lo acertado de su atmósfera opresiva, en especial cuando el grupo de supervivientes trata de sobrevivir en el sótano de la casa que hace las veces de escenario de la odisea, demostraron que al cine de terror le quedaban muchas páginas por escribir.
Sus dos secuelas posteriores, rodadas en color y con más medios, sólo demostraron la validez del la premisa, aunque sin la sorpresa que acompaña a cualquier ópera prima como La noche de los muertos vivientes.
Desde entonces han sido muchos los que han recurrido al arquetipo del zombi para infundir miedo a los espectadores, detalle que no siempre se ha logrado, en especial por la tendencia a cruzar la línea que lleva hasta el gore más truculento.
De todas maneras, Romero siempre ha permanecido atento a sus criaturas y ahora presenta lo que se podría calificar de su epitafio, después de sacar a los muertos de sus tumbas y llenar las pacíficas e idílicas ciudades de su país.
Land of the dead, arranca en un mundo donde los zombis y los humanos están condenados a vivir juntos, pero no revueltos. Además, los zombis tratan de encontrar, al igual que los humanos, puntos de anclaje que les ayuden a sobrellevar su nueva vida, rememorando los mismos trabajos que tenían cuando eran humanos.
A su lado, están los supervivientes, algunos de los cuales han construido sociedades basadas en un poder centralizado, similar al de la edad media y que sólo beneficia a los mismos de siempre. Todo está organizado para que los ricos vivan bien y el resto busque maneras de sobrevivir, en medio de los vicios orquestados por los poderosos para que olviden su situación.
Nada parece fallar en dicho esquema salvo los deseos de los podridos de encontrar su lugar en el mundo.
La película cuenta con un reparto coral encabezado por Simon Baker, Asia Argento, John Leguizamo y Dennis Hooper como el corrupto y despreciable mandamás de la ciudad de los ricos, a costa de los pobres, metáfora de las dos civilizaciones que habitan en el futuro descrito por H. G. Wells, los Morlocks y los Ilois, en La Máquina del tiempo.
El primero está cansado de la vida que lleva, siempre a la búsqueda de suministros para un esquema que peca de los mismos excesos que la antigua sociedad y quiere buscar nuevos rumbos. Todo se tuerce por la traición de un amigo y por las exigencias del pope Hooper, empeñado en salvar su trasero y su dinero a cualquier precio.
La llegada de la sensual Asia Argento y del resto de los compañeros de viaje, formará parte del camino hacia el futuro que el protagonista había previsto pero por una carretera secundaria.
Romero carga las tintas contra quienes, aprovechando la desgracia y pobreza de los demás, construyen sus torres de cristal sin importarles sacrificar a quien sea necesario, con tal de conseguirlo (símil de la actual sociedad norteamericana del gabinete Bush).
Como contrapunto, el director coloca a los zombis como un contrapunto, quizás más humano y con menos ganas de avasallar a sus semejantes que los propios humanos, dando un paso hacia delante en la historia personal de sus creaciones.
Por lo demás, la película contiene todos los guiños propios del género (como una aparición del reputado creador de zombis, Tom Savini, quien también dirigió un remake de la versión original de Romero en los años 80) y algunos que provocan la carcajada como el soldado con el torero nombre de Manolete, en recuerdo del mítico matador de toros.
Y no piensen que no hay sangre, vísceras, decapitaciones, y podridos comiendo humanos a diestro y siniestro (dejaría de ser una peli de zombis). Pero en este caso, las críticas hacia la supuesta sociedad de los humanos es mucho más dura y directa.
El último enfrentamiento entre el zombi de la gasolinera y el protagonista refleja muy bien la idea que mueve la historia y el mensaje que quiere lanzar el patriarca de los podridos.
La última pregunta que a uno le asalta es ¿quién está, de verdad, muerto y quién vivo? Ustedes dirán, después de verla.
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