Desde
el mismo momento en que el hombre decidió
que ocuparía un lugar en el cielo,
en compañía de los pájaros,
surgió la fobia a volar como enfermedad
humana. Y si dicha enfermedad era de todos
conocida, en especial para aquellos que
utilizan dicho medio de transporte, imaginen
en la actualidad después de los atroces
atentados del once de septiembre del 2001.
Además, el micro mundo de los aviones,
cercano a los hormigueros, añade
un factor claustrofóbico que no hace
sino acrecentar los temores de quienes considera
que sólo los pájaros deberían
volar. Por ello, no es de extrañar
que el director Wes Craven,
responsable de hitos del cine de terror
como Las colinas
tienen ojos (1977), La
serpiente y el arco iris (1988),
Pesadilla en Elm
Street (1984) o Scream
decidiera centrar su última realización
Vuelo nocturno
en los pormenores que sufre una persona,
en medio de un viaje, en una movida noche
de tormenta.
Todo comienza cuando la protagonista,
una emprendedora directora de hotel de la
ciudad de Miami (papel interpretado por
la actriz Rachel McAdams) regresa a casa
después del funeral de su abuela.
Al llegar al aeropuerto comprueba que su
vuelo de regreso está retrasado por
motivo de las fuertes lluvias que azotan
el lugar. En la cola conoce a un hombre
(Cillian Murphy) inmerso en la misma situación
que ella. Tras pasar un rato en el bar del
aeropuerto, ambos se encaminan al avión
sin pensar que el destino les tiene reservado
una pesadilla.
Una vez allí, la protagonista descubre
que el encuentro, y el compartir asiento,
no es fruto de la casualidad, sino el resultado
de un elaborado plan para que ella participe
en un complot, organizado para asesinar
a un eminente político.
Es, entonces, cuando los temores de la
protagonista, en especial su miedo a volar,
se suman a la opresiva atmósfera
que destila el avión, metido de lleno
en una turbulenta tormenta. Incapaz de pedir
ayuda, sólo le queda someterse a
las demandas y confiar en que su compañero
de viaje cumpla su promesas de la misma
forma que formula las amenazas.
Craven demuestra como
sigue siendo un buen especialista en meter
la cámara por los rincones del opresivo
avión, jugando con primeros planos
de ambos protagonistas y planos generales
del aparato, los cuales sirven para demostrarle
a la protagonista y al espectador, que está
atrapada a diez mil metros de altura y nadie
puede ayudarla, salvo ella misma.
Hay que admitir que la psicótica
mirada del actor Cillian Murphy
(conocido por su papel de Espantapájaros
en Batman
Begins) es el acicate perfecto para
que la pesadilla de la protagonista cobre,
cada vez, más cuerpo.
Lo peor es desconocer hasta donde será
capaz de llegar el asesino para lograr sus
objetivos, dando la sensación de
ser una especie de bomba con espoleta retardada
que terminará por estallar sin que
nadie pueda evitarlo.
El tramo final de la película,
consigue huir del estereotipo de la joven
transformada en heroína por arte
de magia. Craven conduce
a la protagonista de manera que ésta,
hace lo que hace, sin un rumbo del todo
fijo, dando la sensación de dar bandazos
y evitando la mencionada transformación
que resta credibilidad a muchas historias.
La última virtud, es el metraje,
comprimiendo en 90 minutos una historia
que, de durar más, perdería
el tono agobiante que logra con dicha concisión
temporal.
Está claro que no es uno de los
mejores trabajos del genial realizador pero
demuestra que Craven sabe
rodar y desarrollar este tipo de situaciones
y ponernos con los nervios de punta un buen
rato, sin necesidad de excesos que no contribuyen
a nada bueno. De todas maneras, absténganse
aquellos que tenga verdadero miedo a volar,
no vaya a ser que les pase lo mismo que
a la prota y después nos vengan con
quejas de última hora.
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