Puede
que les sorprenda que empiece, este artículo,
con una pregunta pero... ¿Sería
alguien de ustedes capaz de demostrarme
la veracidad de lo que está pasando
en este mismo momento?... ¿Cómo
sabemos que lo que estamos haciendo ahora
mismo, está pasando en realidad o
es fruto de nuestra imaginación?
Y no piensen que estas preguntas son desvaríos
que esconden una ausencia de conceptos para
contarles las claves de la película
que da nombre a esta columna.
Estas preguntas, y muchas otras, forman
el eje central de la historia sobre la que
se sostiene Trauma,
última realización del director
galés, Marc Evans.
Evans, tras My
little eye: La cámara secreta
(2002) y Resurrection
Man (2002), nos propone un viaje
hasta lo más profundo de la psique,
terreno abonado para las pesadillas y los
desvaríos que conducen a la locura.
El protagonista, Ben (interpretado
por el actor Colin Firth, sufrido novio
de la alocada Bridget Jones, en
ambas entregas) se despierta en la cama
de un hospital tras un accidente de coche.
Lo único que recuerda es que le acompañaba
su esposa, la cual falleció en dicho
accidente. A partir de ahí, Ben
tratará de comenzar una nueva etapa,
recurriendo a sus pasiones, el arte y la
entomología como únicos soportes.
Entre medias, se cruzará con Charlotte
(Mena Suvari, actriz recordada
por su papel en American
Beauty) su vecina y casera, con quien
Ben buscará una paz que choca frontalmente
con el desequilibrio que vive en el interior
de su cerebro.
Tal desajuste terminará por romper
el frágil equilibrio de su existencia,
haciéndole dudar, a él y al
espectador, sobre qué cosas son reales
y cuáles inventadas por su desbocada
mente.
Para lograr tales sensaciones, el director
recurrirá a una fotografía
minuciosa y un montaje alterno, rápido
y a ratos confuso, para reflejar las visiones
y los conflictos que el protagonista está
viviendo en cada momento, buscando detalles
que provoquen cierto conflicto en el espectador
(como puede ser la inclusión de las
hormigas en algunas partes del relato).
Todo pensado para que el espectador viva,
lo más de cerca las mismas sensaciones
que está viendo en la pantalla.
Puede que, lo peor del caso, sea la resolución
final, quedándote con una sensación
similar al bajón que sucede después
de terminar el viaje en una atracción
de feria. Sin embargo, tampoco queda claro
si lo que estamos viendo es la realidad
o forma parte de la perturbada mente del
protagonista.
Colin Firth demuestra
que es un actor versátil, capaz de
pasar de registros como el mencionado El
Diario de Bridget Jones, la oscarizada
Shakespeare in Love,
Un sueño
para ella o la hermosa y plástica
recreación del lienzo de
La joven de la perla, interpretando
a un persona cuya mente va mucho más
rápido que su conciencia, haciéndole
pasar por experiencias que terminan por
minar su concepto de la realidad.
Mena Suvari interpreta
a una joven que se siente atraía
por el esquivo y vulnerable Ben,
al que quiere ayudar pero sin saber muy
bien cómo, introduciéndose
poco a poco en los delirios del protagonista.
Trauma,
en resumen, nos devuelve a las historias
donde nada es lo que parece, merced a un
juego de luces y sombras protagonizado por
la compleja mente humana.
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