Todo
comienza en una tranquila villa victoriana,
de aquellas en las que el tiempo parecía
transcurrir más despacio que en el
resto del mundo.
La ciudad está alterada por la
próxima y, concertada boda, entre
el sereno y tranquilo Víctor
Van Dort, hijo de unos comerciantes
venidos a más y la hermosa y delicada
Victoria, primogénita hija
de los aristócratas, antaño
acaudalados y ahora arruinados, Everglot.
Estos últimos sobrellevan la tragedia
de ver casada a su hija, con el hijo de
un pescadero. No obstante, y como muy bien
expresa la encorsetada madre de la novia,
no se trata de amor sino de posición
y beneficios.
Lo que nadie podía prever es la
tremenda propensión de Víctor
a meter la pata, sin casi darse cuenta,
víctima de un carácter soñador
y turbador para los deseos de sus futuros
padres políticos, quienes ven como
sus planes de recuperar su deseada posición
social se tambalea ante los infructuosos
intentos por ensayar la boda del día
siguiente...
Al final, Víctor no podrá
soportar la presión y huirá
hasta el tenebroso bosque que bordea la
ciudad, buscando refugio de un destino que
parecen tenerlo acorralado.
Sin embargo, el proceloso destino no le
dejará escapar y, en pleno recordatorio
de la ceremonia nupcial, que ha dejado atrás,
Víctor se promete en matrimonio
con... la novia cadáver, muerta antes
de culminar sus deseos de paz y felicidad
con su prometido.
Al principio todo parecerá discurrir
demasiado deprisa, para un Víctor
trasladado a las profundidades de la tierra
de los muertos. No obstante, Víctor
comenzará a sentir una sincera atracción
por la desgraciada novia cadáver,
la cual terminará por interponerse
entre él y Victoria, su
prometida viva.
Aunque Victoria también
deberá hacer frente al acoso de Barkis,
un galán con un oscuro y cadavérico
secreto tras sus intenciones...
Si quisiera podría seguir contándoles
más cosas sobre cómo transcurre
la historia entre Víctor,
Victoria y la Novia cadáver.
Sin embargo, dudo que lograra transmitirles
todos los matices que la narración
esconde.
Víctor y Victoria
representan la juventud de una sociedad
demasiado preocupada por aparentar a cualquier
precio, no dudando en sacrificar la felicidad
de unos hijos por una buena cuenta bancaria.
La Novia cadáver es una
pionera en lo que al maltrato femenino se
refiere, condenada a vagar hasta que alguien
pueda vengar el crimen que sufrió,
luciendo su vestido nupcial. Y el mundo
de los muertos no se diferencia tanto del
de los vivos, con la salvedad de que los
muertos saben que los están, mientras
que los vivos, queda aun por demostrar.
De todas formas,
La Novia cadáver es esto y
mucho más, sobre todo por salir de
la mente de un genio como Tim Burton
y por estar rodada, íntegramente,
con muñecos, usando la técnica
de rodar fotograma a fotograma los movimientos
de cada uno de los personajes, hasta lograr
que parezcan reales.
Encima, el trabajo de creación
de personajes, ideas, bocetos y supervisión
e imagen gráfica del vestuario y
objetos para la veintena larga de personajes
y la maravillosa tipografía, ha sido
obra del estudio Grangel,
situado en Barcelona, especializado en el
desarrollo de estilos y preproducciones
para películas de animación
y liderado por los hermanos Carlos
y Jordi Grangel (responsables
de personajes para películas como
Simbad y
Madagascar
para Dreamworks Animation).
Su labor, parte de la cual estuvo expuesta
durante los días que duró
el Festival
de Sitges, así como una buena
muestra de las figuras creadas por empresas
como McFarlane Toys y Jun
Planning Co (cortesía de
SD Distribuciones) deja bien a las claras
el enorme nivel de las empresas españolas
dentro del campo de la animación,
aunque su reconocimiento suela venir del
exterior.
El estudio, partiendo de unos bocetos
del propio Burton (también
expuestos en Sitges) fue creando todos y
cada uno de los personajes, tanto vivos
como difuntos, dotándolos de unas
señas de identidad propias y definitorias.
El resultado es un elenco que rivalizaría
con el mejor casting de actores de carne
y hueso como ya pasara con la recordada
y ahora considerada Pesadilla
antes de Navidad.
El último engranaje para que la
historia funcionara eran las voces, encomendadas,
en su versión original, a los actores
Johnny Depp (habitual en
las producciones de Burton,
estando presente en su nueva versión
de Charlie
y la fábrica de chocolate) como
el melancólico Víctor,
Helena Bonham Carter como
la desconsolada Novia cadáver
y Emily Watson en el papel
de Victoria. Su acierto y perfecto
acople con unos muñecos que han hecho
dudar a propios y extraños por su
tremenda calidad y definición, son
una buena muestra de lo que nos puede ofrecer
una disciplina como esta.
Me gustaría pensar que todos estos
ingredientes son los necesarios para que
la película funciones en las taquillas
y obligue, en el buen sentido de la palabra,
a que los espectadores, cada vez más
atrapados por los sillones de sus casas,
acuden a los cines a descubrir cuál
es el destino de la Novia cadáver
y los prometidos Víctor
y Victoria.
Los que madrugamos para ver su presentación
en el Festival de Sitges, no nos sentimos,
para nada, defraudados y, muchos nos quedamos
con ganas de verla otra vez (e incluso que
durara más, dados sus concisos 80
minutos de metraje, en una época
en la que se alarga la duración de
muchas películas).
Poco importó que fueran figuras
en vez de personas. La historia, por sí
misma mantenía el interés
y las ganas de acompañar a los personajes
hasta el desenlace de toda la narración.
Ahora les toca a ustedes conocer a la
Novia cadáver, sin intermediarios.
Sólo espero que lo hagan. La ocasión
lo merece.
|