Dicen
que segundas partes nunca fueron buenas.
Y para confirmar el dicho se recurre a las
excepciones de siempre. Esta frase no debería
ser aplicada, sin embargo, a La
leyenda del Zorro, ya que como en
otras películas pertenecientes a
una “saga” como Arma
letal, Spiderman...
no se trata en sí de una segunda
parte, sino en un capítulo más
de las andanzas de un personaje, en este
caso de Alejandro de la Vega, o
lo que es lo mismo, del Zorro.
Sea como fuere, el caso es que la película
que nos ocupa, como segundo (y si de Antonio
Banderas dependiese, último)
capítulo de una saga, cuenta con
una importante ventaja sobre su predecesora:
ya conocemos de antemano a los personajes,
con lo cual nos ahorramos la necesidad de
dedicar una buena parte de la película
a su presentación -recordemos La
máscara del Zorro (Martin
Campbell, 1998): más de media película
se dedica al aprendizaje de Antonio
Banderas para ser digno sucesor
de Anthony Hopkins-.
En esta ocasión, la acción,
trepidante, llega desde el primer minuto,
con un prólogo espectacular al más
puro estilo Bond. Y es que si queremos
entrar en comparaciones, nos acercaríamos
más buscando referentes de historias
contemporáneas que no de capa y espada,
pues en realidad, esta nueva versión
del Zorro no es más que
una descarga de adrenalina con situaciones
y efectos especiales de hoy en día
pero adaptada con humor a otra época
(el humor es la única manera de explicar
escenas como la del carruaje de caballos
derribando una columna de ladrillos o la
explosión que asola un campo entero).
Argumentalmente, la película da
una vuelta de tuerca más al clásico
problema de los enmascarados: compatibilizar
sus hazañas con la vida cotidiana.
Tema recurrente en el cine en cintas como
Spy Kids (con
Banderas repitiendo rol),
Mentiras arriesgadas
(1994), Spiderman
(2002) o Sr. y Sra.
Smith (2005), por nombrar sólo
algún ejemplo, en este caso va como
anillo al dedo para permitir que entre tanta
explosión, persecución y demás
los dos actores protagonistas puedan lucir
palmito con esa subtrama (ella se divorcia
de él por no soportar la tensión
de su doble vida, aunque luego resulta que
no todo es lo que parece) que si bien no
es tremendamente apasionante si que por
lo menos entretiene.
Y para finalizar con el tema de las comparaciones,
no puedo evitar nombrar otro personaje parejo,
otro alter ego de este héroe enmascarado
que bien podría ser descendiente
suyo aunque ya totalmente americanizado.
Me estoy refiriendo a Batman, ese
héroe de uniforme negro y capa al
viento, que en su identidad civil es también
un acomodado millonario. Ignoro si cuando
se crearon los personajes alguien se pararía
a pensar en los paralelismos de ambos, pero
si comparamos las películas (y me
refiero sólo a la última del
murciélago, Batman
Begins) las diferencias son más
que notables. No solo porque el carisma
de Banderas esté
a años luz del de Bale,
la belleza de Zeta-Jones
infinitamente superior a la de Holmes
y la simpatía de Tornado
ridiculice a la fuerza bruta del Batmóvil,
sino porque mientras el héroe contemporáneo
rezuma pesimismo y drama por doquier (nunca
un héroe ha sido más atormentado,
carne de estudio para Freud),
el enmascarado mexicano protagoniza una
película luminosa, alegre, repleta
de toques de humor y con una tendencia a
la exageración nada casual.
Porque si lo que queremos es realismo,
decididamente nos hemos equivocado de película,
pero si de lo que se trata es de pasar un
buen rato, disfrutando con las gracias y
las piruetas de nuestro malagueño
favorito y saboreando de cómo los
buenos ganan a los malos (que en el fondo,
de eso se trata), hemos acertado de lleno.
Una película, en resumen, para
disfrutar tras un tonel de palomitas, alargando
un domingo por la tarde y salir del cine
con la sensación de haber invertido
bien el dinero en cerca de dos horas de
acrobacias y espectáculo. Aconsejable,
además, para toda la familia y todo
el mundo. Bueno, todo, quizá no.
No se que tal habrá sentado en México
la americanización (lucha por el
derecho de California a formar parte de
los Estados Unidos contra una versión
poco disimulada de Bin Laden)
de su héroe nacional. Pero claro,
nunca llueve a gusto de todos, ¿no?
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