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Estrenos
Estreno en Estados Unidos 18-11-2005 Estreno en España  25-11-2005
HARRY POTTER Y EL CÁLIZ DE FUEGO /
HARRY POTTER AND THE GOBLET OF FIRE
Género: Fantasía / Aventura
País: Estados Unidos
Año: 2005
Duración: 157 mins.
Ficha técnica

Dirección - Mike Newell
Guión - Steven Kloves
Producción - David Heyman
Fotografía - Roger Pratt
Música - Patrick Doyle

Ficha artística

Daniel Radcliffe - Harry Potter
Emma Watson - Hermione Granger
Rupert Grint - Ron Weasley
Eric Sykes - Frank Bryce
Timothy Spall - Wormtail
David Tennant - Barty Crouch Junior
Mark Williams - Arthur Weasley

Comentarios

Antes de comenzar, quiero recalcar el hecho de que la película me gustó mucho. Es entretenida, espectacular y emocionante, y cuenta con un plantel de actores que, a medida que avanzan en edad, están aprendiendo a desarrollar sus dotes interpretativas. Sirva esta introducción para no caer en equívocos, pues conocedor como es uno de sus propios defectos, apuesto a que a lo largo de las siguientes líneas me veré tentado por el lado tenebroso (aquella parte de nuestro cerebro controlada por el que no debe ser nombrado) a destacar más los aspectos negativos que positivos de la película.

Entre los últimos, cabe destacar la continuación de la línea marcada por Alfonso Cuarón en la tercera entrega de la saga, es decir, la de ofrecer una línea más oscura y adulta de la historia, lejos de la memez que abrió la saga y su primera secuela (¿quién decidió que un incompetente como Chris Columbus era capaz de llevar las riendas de una superproducción?).

Harry ha crecido. Ha aprendido nuevos secretos de su mundo y nuevas amenazas lo rodean. Y por ello, sus historias han crecido en paralelo, se han vuelto más adultas, más dramáticas. Ahora, el quid de la cuestión no está en saber transformar a un compañero de clase en un sapo, sino en vencer en un combate contra fuerzas superiores en el que no todos sobrevivirán. Y es que, efectivamente, hay drama y muerte en esta saga cada vez menos infantil que, lejos de acercarse a su fin, no es más que el prólogo de lo que será en realidad esta historia, un combate entre el bien y el mal, entre Harry y Lord Voldemort, entre la luz y la oscuridad.

Si la película es adulta, emocionante y bien interpretada (acompañada, cómo no, de unos efectos especiales de primera), ¿qué es lo que rechina? ¿qué le impide llegar a la denominación de peliculón? ¿por qué insisto en ponerle “peros” si empiezo diciendo que me gustó mucho?

La clave del asunto está en su duración: 157 minutos ( a los que hay que añadir el intermedio que se realiza en algunas salas de cine), demasiado para una película infantil pero escasos para que el director Mike Newell sea capaz de trasladar las 635 páginas del libro en su edición española.

No es que exija a los realizadores del film que trasladen hasta el último pasaje del relato de J.K. Rowling, ni mucho menos, pero sí es imperativo saber de que escenas se puede prescindir y de cuales no. No olvidemos que no todos los espectadores deben ser fieles seguidores del personaje, y por lo tanto, no todos han leído obligatoriamente el libro. Así, muchas subtramas están mal dibujadas en la película, como si contaran con que todo el mundo sabe de que va y no fuesen necesarias más explicaciones.

Entiendo que todas las adaptaciones de obras literarias se encuentran con problemas similares, y en El Señor de los anillos encontramos un ejemplo reciente, pero el gran acierto de Peter Jackson fue el emitir subtramas completas que sin duda los mayores fans de la obra de Tolkien echarían en falta pero no así el resto de espectadores.

En el caso de Harry Potter y el Cáliz de fuego ya el principio es precipitado, con Harry alojado no se sabe por qué en casa de los Weasley y con la celebración de un gran mundial de quidditch que no llegamos a ver y cuyas consecuencias de lo que allí suceden parecen olvidarse a poco que avanza el metraje. Otro ejemplo está en el concurso de los tres magos (cuatro en esta ocasión), que si bien no es más que una excusa (un macguffin, que diría Hitchcock) para llegar al escenario de la confrontación final, está narrado con tanta precipitación, con tan poco ritmo, que apenas nos enteramos de lo que ocurre en él (en la primera prueba sólo vemos la actuación de Harry, mientras que en la segunda la concursante Fleur Delacour es derrotada sin que sepamos ni veamos el motivo.

Otro tanto habría que decir de los personajes secundarios. La presencia de la periodista Rita Skeeter es simplemente testimonial, el profesor Snape apenas tiene presencia (lo cual es más de lo que se podría decir del resto de profesores, parece como si este curso no se estudiara nada aparte de un leve vistazo a la clase de Ojoloco Moody), y el odioso Draco Malfoy y su padre Lucius aparecen tan poco que el secreto que se descubre sobre Lucius apenas impacta sobre el espectador.

Parece como si Newell los hubiera hecho aparecer casi a la fuerza, como mero recordatorio de su existencia, dejando plantadas las semillitas de lo que ocurrirá en la quinta entrega. Pero, con tantas cosas por explicar, ya veremos con qué calzador las meten en las casi 900 páginas de Harry Potter y la Orden del Félix (a esta Rowling le va la marcha) los nuevos realizadores.

Finalmente, está el tema personal. La escritora tenía muy claro desde el momento en que creo a Harry que quería que éste, pese a ser hijo de los mayores magos del mundo y que una leyenda fantástica lo rodeara a lo largo de su vida, fuese un chico normal. Menos que normal, incluso. Más bien tímido, acomplejado, inseguro (él y Peter Parker podría competir por ver quién es el mayor héroe gafotas del mundo)... Por eso, era imprescindible que a medida que pasaran los cursos no solo creciera como mago, sino también como persona.

Por eso, en esta entrega, Harry y sus amigos comienzan a sentir los cosquilleos del amor. Cho, una compañera de Hogwarts, es la niña de los ojos del joven mago, aunque ella prefiere tontear con Cedric Digorry, el representante oficial del colegio en el concurso de los tres magos. Evidente triangulo amoroso que, como en un melodrama de Douglas Sirk, sólo puede terminar en tragedia. Sin embargo, estos sentimientos, a los que la película dedica sus buenos minutos (para ello se supone que sirve la extensa escena del baile), están mal definidos, apenas esbozados, como si una vez planteados Newell decidiesen que no importan a nadie y los dejase olvidados.

Se echa en falta una buena explicación de la relación entre Hermione y Ron, o una escena desgarradora de Cho llorando por el destino de Cedric, etc. Parece mentira que el currículo de Newell se nutra, precisamente, de comedias románticas donde son los sentimientos (y no las sirenas o dragones) los protagonistas.

Y para colmo, Patrick Doyle ha sustituido en la música a John Williams, lo cual se nota, y mucho.

En resumidas cuentas, una película con grandes altibajos, emocionante pero elíptica, con grandes interpretaciones (sorprendente revelación descubrir al actor que se oculta bajo el rostro de Voldemort) y espantosas sobreactuaciones (desagradable escena la de Myrtle la llorona, mientras que se añora el Dumbledore de Richard Harris), nuevas revelaciones y pocas aclaraciones...

osiblemente, más de lo que se podría esperar pero menos de lo que se podría haber conseguido. Espero, no obstante, impaciente la nueva entrega.

David Medina

 Web oficial  Tráiler en quedetrailers.com
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