En
1933, Merian C. Cooper mostraba
a la humanidad la octava maravilla del mundo,
un gigantesco gorila hallado en Skull Island
(la Isla calavera) capturado y exhibido
para disfrute de los ciudadanos de Nueva
York. Una secuela firmada ese mismo año,
varias versiones asiáticas y otras
variaciones sobre simios gigantes después,
llegaba el primer remake producido por Dino
De Laurentiis que tuvo secuela
directa en 1986.
La nueva versión del director de
la trilogía de El
Señor de los anillos, Peter
Jackson, recupera, revisa y amplía
el film original dando al término
“aventura” un nuevo significado.
El mapa para llegar a la legendaria Isla
Calavera es la única salida que encuentra
el embaucador director de cine Carl
Denham para escapar de sus acreedores
y así finalizar su última
película. Ann Darrow, una
actriz en paro, y el dramaturgo Jack
Driscoll se unen a la expedición.
El punto de partida de King
Kong resulta deliberadamente cómico
e idílico además de una cuidada
recreación del Nueva York de la época,
un inicio muy conveniente cuando se compara
con el mundo fantástico que espera
al espectador tras el desembarco en las
rocosas costas de Skull Island. Una tribu
perdida, dinosaurios, insectos gigantes
y un enorme simio que reina en la isla son
los ingredientes que conforman más
de la mitad de las 3 horas metraje que finalizan
con la clásica escalada del simio
al Empire State Building.
Sin embargo, el guión firmado por
Jackson, su esposa Fran
Walsh y Philippa Boyens
(el trío que adaptó la obra
de Tolkien para el cine)
no queda vacío de contenido moral:
una historia de amor imposible entre la
bella y la bestia pertenecientes a mundos
diferentes donde se plantea la pregunta
¿cuál de ellos es más
bestial y salvaje?
A la mañana siguiente a la recepción
de los 11 premios Oscar por El
Retorno del Rey (2003), Jackson
ya cerraba tratos para continuar con el
proyecto que la Universal
le había paralizado tras invertir
medio año de preproducción.
No era de extrañar tras el fracaso
comercial de su film
Agárrame esos fantasmas (1996)
y del remake de
El gran Gorila (1949) protagonizado
por Charlize Theron (en
el que vimos por primera vez un simio digital).
En cuando a los efectos digitales, las
empresas de efectos visuales de las que
Jackson es copropietario,
Weta Workshop y Weta digital,
se han encargado de retocar o generar infográficamente
1.600 de los 2.300 planos que componen el
film, gorila incluido. Así, para
reconstruir el Nueva York de 1933 y la frondosa
selva de la isla perdida, Weta,
con sede en Nueva Zelanda, han contado con
un ejército de ingenieros, diseñadores
y animadores para hacer realidad el sueño
de infancia de Peter Jackson.
Como no podría ser de otro modo,
tras el logro interpretativo del Gollum,
Andy Serkis volvió
a enfundarse en mallas de sensores para
crear al nuevo personaje digital del momento
además de reservarse un papel de
carne y hueso entre la tripulación
del S.S. Venture. Sin embargo, la colaboración
con otro habitual de la filmografía
de Jackson, el compositor
Howard Shore, acabó
en una discordia artística y sus
correspondiente sustitución por James
Newton Howard (Batman
Begins, 2005).
La Universal ha invertido en el film 207
millones de dólares sin contar con
el presupuesto de promoción, montante
que comenzó a recuperarse incluso
antes del estreno de la película
con la edición en DVD de los Diarios
de rodaje de Peter Jackson que
previamente habían poblado la red
en el dominio
además de la concesión de
un sinfín de licencias para la fabricación
de juguetes y videojuegos, entre otros.
Para nosotros, la experiencia fílmica
más intensa de los últimos
10 años. |