Tras
la retirada del mundo del cine de Arnold
Schwarzenegger y el naufragio de
las carreras de Stallone,
Seagal y compañía,
The Rock y Vin
Diesel se han convertido en los
máximos iconos del cine de acción
actual. Tal y como en su momento hicieran
sus antecesores, ambos han buscado dotar
a sus carreras de un mínimo de variedad
que les permita seguir adelante sin encasillarse
demasiado, tanteando cine épico,
ciencia ficción, comedia o terror,
aunque en el fondo, siempre se reduzca a
lo mismo: enseñar músculo
y pegar tiros.
The Rock es el protagonista
de la película que nos ocupa, un
híbrido entre el Aliens
de Cameron y el Resident
Evil de Anderson, o
lo que es lo mismo, un puñado de
soldados recorriendo un laberinto de pasillos
oscuros matando bichos. Pero como el Sr.
Bartkowiak (que es como
llama el director del invento) no es ni
de lejos James Cameron
y la película está basada,
además, en un videojuego, los resultados
están mucho más cercanos a
la segunda que a la primera, es decir, sustos
y efectos especiales a ritmo de rock duro
y poco más.
Y es que ni los actores (tan poco creíbles
como sus personajes) ni la historia da para
más. El recurso tópico pero
efectivo de la amenaza que acecha en la
oscuridad se estropea cuando se intenta
explicar demasiado el cómo y el porqué,
cayendo en lo ridículo y absurdo
y dotando al guión de una serie de
incoherencias y sin sentidos que podrían
haberse ahorrado fácilmente.
Sin embargo, no todo es desechable en
Doom. Una
secuencia simpática filmada al más
puro estilo primera persona de los videojuegos
como homenaje a los fans de los mismos (por
otra parte los únicos que seguramente
pagarán por ver este tipo de películas)
y un giro argumental totalmente imprevisible
es demasiado poco para salvar a la película
de la quema, pero al menos se agradece la
voluntad, una voluntad que no ha existido
a la hora de confeccionar los personajes,
sus diálogos o sus motivaciones.
El mayor pecado de Doom
es lo exageradamente aburrida que es, aunque
no debería descartarse que esa fuese
la finalidad de sus creadores pues, efectivamente,
ver la película produce exactamente
la misma sensación que ver a alguien
jugar una partida en su consola. Éste
sí es un buen tributo al videojuego,
aunque para ello haya sido necesario casi
un insulto al cine.
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