Poco podía sospechar el sargento de los marines Jack Starks cuando le destinaron al Golfo Pérsico en 1991 que volvería de la muerte. Una bala disparada por uno de los mudos testigos de cualquier contienda estuvo a punto de matarle. Sin embargo, su hora no había llegado y, a pesar de los daños, regresó del mundo de los muertos para comenzar una pesadilla en el de los vivos.
Tras salir del hospital, una serie de acontecimientos fortuitos le llevarán a ser acusado de un asesinato que no había cometido e internado en un centro de tratamiento psiquiátrico. Allí caerá bajo la tutela de un médico frustrado por sus fracasos, quien no dudará en experimentar en su nuevo paciente con drogas alucinógenas mientras lo introduce en uno de los cubículos de la morgue del hospital, atado con una camisa/ chaqueta de fuerza.
Al principio, la claustrofobia domina las noches que Jack pasa encerrado dentro de su opresivo tratamiento. No obstante, las drogas que le administra el doctor Becker no sólo consiguen que recuerde segmentos de su vida, sino que le permiten además desplazarse hacia el futuro, como si lograra abandonar su realidad y vivir en otra, quince años después.
No entiende la razón de este viaje hacia delante y por qué se encuentra con la misma chica. Sus dudas se disiparán cuando descubra que la chica con la que se encuentra es la misma niña, Jackie, la que conociera antes de terminar acusado de una muerte de la que no fue responsable.
Es, entonces, cuando Jack encuentra un sentido para todo aquello, queriendo resolver algunas cosas pendientes antes de marcharse de allí.
Mezcla de drama con la guerra como telón de fondo y viajes en el espacio y en el tiempo, The Jacket, dirigida por John Maybury y con la producción de Section Eight, la compañía fundada por el actor George Clooney y el director Steven Soderbergh, nos ofrece una visión cotidiana y directa del género fantástico.
Sus personajes no se mueven en vehículos deportivos, sillas victorianas ni pertenecen a un cuerpo especial de la policía encargados de velar por la seguridad espacio-temporal.
The Jacket cuenta la existencia de un ex soldado que ve cómo su vida, tras su etapa en el ejército, se ve condicionada por la herida que se trajo de la contienda. Luego, éste sufrirá los excesos de un sistema psiquiátrico estadounidense, el cual dudo que se haya recuperado del varapalo infringido por una película como Alguien voló sobre el nido del cuco (al retratarlo con todas sus miserias) y que en The Jacket no queda mucho mejor parado que en la película de Milos Forman.
Allí, en manos de un demente doctor, Becker cercano a las prácticas de algunos recordados personajes de la Alemania nazi; Jack Starks, muy bien defendido por un Adrien Brody -ahora en boca de todos por King Kong- logrará sacar algún beneficio del tratamiento al que es sometido por Becker, su médico amante de la tortura de sus pacientes.
Sin conocer la razón de antemano, Starks viaja quince años en el futuro para conocer a la niña que conoció en un camino de Vermont y quien se convirtió en la última cosa buena que le pasó antes de verse inmerso en la pesadilla posterior.
Jackie, ahora una joven con una vida igual de destartalada que su alcohólica madre, supondrá un tabla de salvación para la mente y el espíritu de un hombre que debió morir en un lejano país y que ahora lucha por sobrevivir en su patria.
La joven, dotada del rostro de la actriz Keira Knightley, muy lejos de sus películas de época como Orgullo y prejuicio o Piratas del mar Caribe, da una convincente réplica en el papel de una mujer que se ha visto condenada a seguir los pasos de su madre, como única manera de sobrevivir en la vida.
Juntos encontrarán lo que buscaban, aunque no sepan muy bien cuáles son los engranajes que mueven todo aquello.
El reparto se completa con la actriz Jennifer Jason Leigh, un tanto apartada de las pantallas, a pesar de su calidad interpretativa, tantas veces demostrada.
Coincido en que The Jacket es una película de difícil definición, pues toca varios géneros sin terminar por decantarse por ninguno en profundidad.
No obstante, esa riqueza de matices es lo que la hace más atractiva, no sólo para un tipo de público sino para varios, desde los que les gustan los dramas, hasta aquellos seguidores del fantástico con toques de thriller sobrenatural.
Eso sí, absténganse los claustrofóbicos, por los sofocos.
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