Underworld
Evolution no es, en realidad, una
secuela, sino una continuación en
el más estricto sentido de la palabra.
La película continúa (prólogo
aparte) exactamente después del final
de la película anterior. Y esa es
su principal virtud. En lugar de limitarse
a repetir otro cúmulo de batallas
entre licántropos y vampiros (que
lo hace), la trama central (aquella que
comenzó siglos atrás, cargada
de secretos, falsas leyendas y verdades
a medias) continúa, aclarando cabos
sueltos y apuntando preguntas nuevas que,
no lo dudes, se desarrollarán en
el inevitable siguiente eslabón de
la saga.
En Underworld
Evolution los enfrentamientos no
son raciales, como en su antecesora, sino
que se desarrollan durante una especie de
caza del tesoro, una carrera por descubrir
el paradero del primero de los hombres lobo
(que resulta ser hermano gemelo del primero
de los vampiros), clave determinante para
el futuro de ambas razas (¿o será
parte de una de esas falsas leyendas que
adornan la historia?).
Para narrar este nuevo capítulo
de las guerras vampirolicántropas,
Len Wiseman ha mantenido
las características básicas
del primer film, tales como la tenue iluminación
azul en las escenas nocturnas (prácticamente
la totalidad de la película), el
tono negruzco de la sangre para evitar caer
en el gore (técnica utilizada habitualmente
en el cómic, pudiendo así
abusar de la hemoglobina sin herir sensibilidades)
y sobre todo unas claras influencias de
lo que ya se puede denominar el estilo Matrix,
tales como el vestuario de cuero negro,
los movimientos de cámara, la utilización
de la cámara lenta... aunque no es
la película de los Wachowsky
la única fuente de la que bebe Underworld,
pues la escena del prólogo nos trae
nostálgicos recuerdos de El
Señor de los Anillos de Peter
Jackson mientras que la necesidad
de indagar en la estirpe de los vampiros,
así como algunas características
de los mismos (tales como morderse la muñeca
para pasarse la sangre de unos a otros)
es herencia directa de las Crónicas
Vampíricas de Anne
Rice.
Con todo, la principal diferencia entre
Underworld
y su secuela debe buscarse en su presupuesto.
Sin las lógicas limitaciones económicas
que se supone al capítulo inicial
de una saga, Wiseman ha
podido dar rienda suelta a su imaginación
con escenas espectaculares, acción
desbordante y transformaciones impactantes
sin que la historia se resienta de ello.
Y es que, sin duda alguna, aquellos que
disfrutaron con Underworld
verán sus expectativas colmadas en
esta brillante secuela, nada repetitiva
por otro lado (el cambio de escenario, mucho
más abierto que aquel callejero claustrofóbico
de la primera película) y que supone
un paso adelante en espera de un tercer
capítulo que siga desgranando el
culebrón entre estas dos razas condenadas
a entenderse y en el que sin duda se verán
las consecuencias de la “evolución”
a la que hace referencia el título
de ésta.
Y a quien no le gustó la primera
Underworld...
bueno, ¿de veras se van a tomar la
molestia de ver la secuela? ¿o siquiera
de leer estas líneas?
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