Tras
las recientes diferencias con la compañía
Pixar y los escasos éxitos
comerciales de las últimas películas
de imagen real (caso de La
mansión encantada o El
Álamo), Disney
empezó a verle las orejas al lobo,
como demuestra el intento de exprimir al
máximo uno de sus últimos
y escasos bombazos de taquilla al filmar
dos secuelas a la vez de Piratas
del Caribe. Además, más
de un directivo debe estar todavía
pegándose cabezazos contra la pared
por no habérseles ocurrido a ellos
llevar al cine las novelas de Harry
Potter, verdadero icono juvenil del
siglo XXI.
Probablemente por ello, las más
recientes producciones Disney
en imagen real parecen seguir la pauta de
“si no puedes con el enemigo, únete
a él”. Primero fueron Las
crónicas de Narnia (Andrew Adamson,
2005), donde la magia y la mitología
de Harry Potter están presentes
fusionándose sin demasiada convicción
con la fantasía épica de El
señor de los anillos. Confirmando
esta teoría, llega ahora a nuestras
pantallas Sky High.
En el caso que nos ocupa, las similitudes
con la saga de Harry Potter son
más a nivel argumental que no visual.
La película de Mike Mitchell
narra la historia de Will (en el
rol de Harry), un chico aparentemente corriente
pero con dos héroes legendarios como
padres. Will, como Harry,
deberá ir a un colegio especial,
escondido a los ojos de los humanos corrientes,
para enfrentarse a su hereditario destino.
Como no podía ser de otra manera,
allí contará con la alianza
de su mejor amiga, Layla (¿o
quizá deberíamos decir Hermione?)
y la rivalidad de Warren (es decir,
Draco Malfoy), hasta que llegue
el momento del gran enfrentamiento final,
curiosamente contra un enemigo procedente
del pasado de sus padres.
Naturalmente, a medida que avanza la película,
las diferencias entre ambos títulos
comienzan a hacerse notables, apostando
Sky High
por la comedia con moralina que cabe esperar
de Disney, pero con diversas
escenas que parecen calcadas del modelo
a imitar, como el autocar que los lleva
a la escuela, la presentación de
la directora de la misma o el proceso de
selección de los alumnos (no, no
lo realiza un sombrero parlante, sólo
faltaría).
Pero como no sólo de Harry
Potter vive Disney,
Sky High bebe
también de otras fuentes, como es
el convertir a un grupo de superhéroes
en unidad familiar de Los
Increíbles (y, evidentemente,
Los
Cuatro Fantásticos) o la estética
visual de la saga Spy
Kids.
Una vez superada la abrumación
por el collage de influencias, la película
resulta ser amena y entretenida. Curiosamente,
pese a contar con menos medios y pretensiones
que Las crónicas
de Narnia, los resultados son mucho
más satisfactorios.
Cierto es que los efectos especiales son
mejorables y el derroche imaginativo para
la confección de la mayoría
de los poderes han sido tomados prestados
de Marvel (de hecho, la
propia academia es un cruce entre Hogwarts
y la escuela para jóvenes talentos
del profesor Xavier, de X-men),
pero todo queda compensado por la simpatía
y buenas intenciones de la historia. No
olvidemos de que se trata de un producto
para consumo infantil y juvenil, y sin duda
logrará colmar con creces sus expectativas.
Sky High
no pretende lanzar un mensaje social, ni
hacer asomar los sentimientos a flor de
piel (por más de que la historia
cuente con moraleja y el más feliz
de los finales), sino únicamente
entretener. Y lo cierto es que lo consigue.
Película destinada a la tarde del
sábado, Sky
High es un buen producto infantil
capaz de entretener a cualquier adulto.
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