Antes
que nada, cabe señalar que pese a
lo que se indique en los títulos
de crédito y a la presencia de Avi
Arad y Stan Lee
en la producción, Man
Thing poco o nada tiene que ver con
el extraño (y no demasiado popular)
personaje de Marvel. Se trata de un monstruo
que habita en un pantano de Florida. Fin
de las semejanzas.
Lo que sucede es que con el boom de adaptaciones
cinematográficas de comics, parece
que todo vale con tal de conseguir una idea
para un guión y Marvel
(la gran beneficiada de esta nueva moda
tras muchos años incomprendida por
el celuloide) se está dedicando a
ceder los derechos de sus personajes como
si de repartir caramelos se tratase. Parece
que todo vende si lleva el logo Marvel
en la carátula, pese a lo infumable
que pueda llegar a ser el resultado final,
cosa que nos recuerda mucho a lo que sucedió
e la década de los 80 con el nombre
de Stephen
King, que tras un par o tres de buenas
películas se convirtió en
el rey de la serie B con productos detestables
y casi esperpénticos. Mucho cuidado
deberá tener Marvel
si no quiere hipotecar el futuro de tan
buenas franquicias como Spiderman
o X-men
con semejantes bazofias que no pueden más
que ensuciar su imagen.
Dicho esto, y centrándonos exclusivamente
en la película, Man
Thing es un extraño y decepcionante
cruce entre cine de terror e intriga que
decae estrepitosamente a medida que avanza
la acción.
Y eso que la primera escena ya debería
ponernos sobre aviso, con ese aire de película
de terror adolescente fiel a los tópicos
más simples (pareja joven que se
separa del gupo en plena noche para practicar
sexo –mera excusa para enseñar
un par de tetas, que no están nada
mal, dicho sea de paso- en el lugar más
incómodo posible hasta que el misterioso
asesino mata al chico ante los gritos de
pánico de ella) que aquí pretende
rizar el rizo cuando el lugar elegido para
la copulación es una estrecha canoa
sobre las oscuras aguas de un pantano en
una zona en la que ha desaparecido o asesinado
a medio pueblo). Ya ven, algo que cualquiera
de ustedes o yo mismo haríamos un
día cualquiera). Claro que, pensándolo
de manera más positiva, aquellos
que esperan de una película de terror
poco más que sangre y sexo también
pueden aprovechar este momento para salir
del cine y habrán disfrutado de un
cortometraje que colme sus expectativas.
Sin embargo, tras los títulos de
crédito se cambia radicalmente de
registro y al presentarse a los protagonistas
y la base de la historia se comprueba esperanzados
que la cosa no va de un psychokiller del
montón persiguiendo a universitarios
hormonalmente descontrolados. Además,
la iluminación y una efectiva banda
sonora parecen prometernos algo de suspense
y algún que otro sobresalto que,
junto a unos movimientos de cámara
inquietantes (aunque algo repetitivos) nos
permiten mantener alguna esperanza sobre
la película.
Y efectivamente, la historia consigue
atrapar, pese a las nulas cualidades interpretativas
de sus protagonistas, permitiéndose
incluso juguetear (aunque sin demasiada
convicción) con la denuncia social
en forma de naturalismo y antirracismo.
Pero claro, para que un buen comienzo
sea válido, necesita un buen final,
y una vez puesta toda la carne en el asador
el desconcierto y la ridiculez domina a
los responsables que comienzan a perder
a grandes pasos un rumbo que ya nunca volverán
a recuperar.
El pantano, verdadero protagonista de
la función, se convierte en mudo
testigo de un ir y venir de protagonistas,
que se cruzan con pasmosa facilidad como
si no midiese más que unos pocos
metros, luchas sin sentido ni emoción
e intentos estériles de resolver
la trama con malos que no son tan malos
y otros a los que de les veía venir
de lejos, desembocando en un clímax
prácticamente inexistente que nos
deja tan indiferentes como la forzada relación
amorosa entre el prota y la prota que se
inventan casi terminado el film y que no
entra ni con calzador. Y para rematar la
faena, el monstruo, hasta ahora sólo
insinuado, se nos muestra en todo su esplendor,
con un derroche de maquillaje e implantes
plásticos tan ridículos como
no recordaba en mucho tiempo, destruyendo
la poca sensación de inquietud que
a estas alturas pudiésemos mantener.
En fin, una muestra más de lo que
pudo haber sido y nunca llegó a ser.
Aburrida y grotesca para los amantes del
terror, insultante para los seguidores de
Spidey y compañía.
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