A
las alturas en las que estamos, el nombre
de un creador como Hayao Miyazaki
debería ser todo un referente
cuando se hablara del cine llegado desde
el lejano Japón. Sin embargo, y como
muy bien dice el refrán, las cosas
de palacio van muy despacio y eso mismo
ha ocurrido con la penúltima realización
del veterano animador, El
Castillo ambulante (Howl´s
moving castle) después de
su estreno en España en el festival
de Sitges del 2004.
El Castillo ambulante,
la destartalada construcción errante
que da nombre a la película, es la
excusa argumental perfecta para que el animador
nos vuelva a contar algunas de sus querencias,
mezcladas con la fantasía desbordante
que se ha convertido en un sello de identidad
del estudio Ghibli. La premisa de la narración
es, de nuevo, la ancestral lucha entre el
bien y el mal, teñido por los deseos
de destrucción del ser humano. La
protagonista, Sophie, verá
cómo su vida sufre un vuelco al verse
inmersa entre una guerra entre el reino
en el que vive y su vecino.
La amenaza llegará, como no podía
ser de otra manera, desde el aire, demostrando
la increíble capacidad de Mizayaki
y su equipo por diseñar artilugios
voladores.
En un primer momento, Sophie conocerá
a Howl, un mago propietario de
un monstruoso y descacharrado castillo móvil.
Su encuentro será el causante de
la venganza de una malvada bruja que, celosa
de los poderes del mago, terminará
por convertir a la niña en una anciana.
Ante tal situación, Sophie,
ayudada por un espantapájaros que
siempre acompaña al errante castillo,
tratará de volver a su estado normal,
buscando la ayuda del mago, mientras encuentra
las razones de todo aquel conflicto.
Miyazaki desarrolla la
narración con varias lecturas, tanto
para los más pequeños como
para los adultos, algo que ya hiciera en
películas como La
Princesa Mononoke (1997) o la oscarizada
El
Viaje de Chihiro (2001). El realizador
formula toda una parábola de la situación
del mundo real, y plasma en los dos grandes
reinos enfrentados muchas de las lacras
de la sociedad actual.
Los efectos de los combates están
reflejados con la misma crudeza que las
batallas que jalonan La
Princesa Mononoke, lo que la sitúa
dentro de una animación tan adulta
como la mejor de las películas de
imagen real.
Puede que la historia no esté tan
desarrollada como se pudiera esperar, pero
no hay que olvidar que la riqueza y perfección
del trabajo del estudio Ghibli son argumentos
más que suficientes para acudir a
la proyección de una película
como ésta. Para la ocasión,
el estudio ha desarrollado una nueva técnica
de animación denominada "harmony",
la cual permite intercalar objetos o personajes
en movimientos con los fondos de una manera
mucho más real. El resultado es un
derroche visual que sorprendió durante
su presentación en el festival de
Sitges, nada más empezar el evento.
De nuevo, el compositor Joe Hisaishi
es el responsable de la banda sonora, mostrando
algunos elementos que utilizara en su anterior
trabajo, El Viaje
de Chihiro.
Como muy bien comenta Eduard Terrades
en la revista CineAsia El
Castillo ambulante refluye un aire
de libertad pasajera, un sueño enmarcado
en cualquier cuento infantil, pero con un
sabor áspero, que nos advierte de
las intenciones finales de su artesano:
crear una historia pretendidamente infantil,
pero comprometida con los tiempos que corren.
Personalmente, creo que el trabajo de Miyazaki
ennoblece, no sólo el cine de animación
sino el mismo concepto de la fantasía
y la ensoñación, gracias a
la cual el hombre puede descansar de una
realidad que no siempre es todo lo comprensiva
que debiera.
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