Zathura
es, según su slogan promocional,
otra aventura en el universo de Jumanji.
Bueno, esto es verdad sólo a medias
ya que, a mi modesto entender, Zathura
es, en realidad, la misma aventura de Jumanji.
Bueno, en realidad esta afirmación
tampoco es del todo correcta, sin duda Zathura
es claramente inferior a Jumanji,
aquella interesante y original película
de Joe Johnston allá
por 1995.
El argumento de Zathura
es tan previsible como original lo fue en
Jumanji.
Dos hermanos encuentran un juego de mesa
y comienzan a jugar una partida sin saber
que aquello que sucede en el juego se hará
real. Así, como ahora se trata de
“una aventura espacial”, se
enfrentarán a meteoritos, invasiones
extraterrestres y robots homicidas.
El problema es que como se trata de una
repetición casi calcada de lo que
ya viésemos en el 95, nada de lo
que nos espera puede sorprendernos.
Los niños, como en Jumanji,
viven sólo con uno de los padres,
la relación entre ellos no es precisamente
muy afectiva hasta que el desafío
del juego los une para siempre y en mitad
de la partida se les une un jugador que
en el pasado quedó atrapado dentro
del juego y les guiará hasta llegar
al final.
Las diferencias, que también las
hay, no son menos significativas. Aquí
los protagonistas tienen una hermana (personaje
florero como el que más) interpretada
por Kristen Stewart, que
merecería un premio Razzie por su
interpretación y brillantes diálogos
si no fuese porque dudo que ningún
crítico de provecho pierda el tiempo
visionando este film.
El misterioso aliado, encarnado ahora en
un astronauta que lleva años flotando
por el espacio (?), no lo interpreta Robin
Williams. Lo hace un tal Dax
Shepard, aunque para el caso igual
lo podría haber hecho el primero
que pasase por la calle, pues incluso cualquiera
de los dos niños le dan una lección
interpretativa de primera.
Y, finalmente, la sensación de aventura
se diluye en mitad del mensaje moralista
y fraternal sobre lo bien que deben llevarse
los hermanos y lo bonita que es la familia
que endulza hasta el ridículo una
película ya de por sí poco
apetecible.
Y es que todo en Zathura
son un cúmulo de despropósitos.
La acción es estúpida, los
efectos especiales ridículos (los
invasores Zorgons parecen dinosaurios
de cartón piedra de una película
de los años 70) y el ritmo torpe
e irregular. Tan sólo se puede salvar
la aparición de ese excelente actor
que es Tim Robbins, cuya
presencia demuestra que el cine de calidad
no da para vivir tan bien como a algunos
les gustaría, que por fortuna para
su dignidad no supera los diez minutos en
pantalla.
Con películas como ésta,
no es de extrañar que los adolescentes
de hoy en día prefieran engancharse
a sus Playstations y vivir allí sus
propias aventuras.
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