Lo
han conseguido. En un momento en que el
cine de animación parecía
estar saturado, cuando la separación
entre Disney y Pixar
parecía reclamar toda la atención
del género y después de que
Shrek
2 (Andrew Adamson, Kelly Asbury y Conrad
Vernon, 2004) pareciera ser la excepción
que confirmaba la manida regla sobre las
segundas partes, los responsables de Fox-Blue
Sky lo han conseguido. La secuela
de La Edad de hielo
(2002) no sólo está a la altura
de su predecesora sino que la supera con
creces. Tanto la calidad técnica
como su derroche imaginativo rozan la perfección,
convirtiéndola sin ningún
género de duda en la mejor película
en animación 3D realizada hasta la
fecha.
Cuando finalizaba la primera entrega,
la “familia” compuesta por un
mamut, un dientes de sable y un perezoso
caminaba junta hacia un helado futuro. Ahora,
el deshielo ha comenzado, y tras la diversión
inicial (Sid, el perezoso dirige
catastróficamente mal un parque acuático)
los animales son conscientes de la amenaza
que les acecha y comienzan un éxodo
hacia una supuesta tierra prometida, donde
les aguarda una versión del arca
de Noé que puede ser su última
esperanza. Por el camino, el grupo aumentará
en miembros, cimentando las bases de una
más que segura tercera entrega.
Para aderezar la historia, como viene
siendo habitual en la animación de
la última década, el director
Carlos Saldanha se ha servido
de elementos muy poco infantiles, y es que
la amenaza de la muerte y la extinción
están demasiado latentes como dejarla
pasar desapercibidas. Tanto es así,
que la película responde a un esquema
clásico del cine de catástrofes
(breve presentación de algunos secundarios
como Tony el rápido, escenas
del grandes bloques de hielo cayendo como
recordatorio de lo que se avecina...) aunque
también coquetea con el terror en
estado puro con la inquietante presencia
de ese amalgama entre tiburón y cocodrilo
(brillante la escena cenital en la que se
ven las dos siluetas nadando bajo la fina
capa de hielo en la que se encuentran los
protagonistas).
Sin embargo, nunca hay que olvidar el
verdadero destinatario del film. Por eso,
como no podía ser de otra manera,
Ice Age 2: El deshielo
trata, ante todo, del valor de la amistad
y la familia, de los sacrificios y de la
fuerza que puede llegar a hacer la unión.
Todos ellos mensajes positivos sobre como
lograr que el mundo sea un poco mejor, aunque
se trata de un mundo a punto de desaparecer.
Para ello, Saldanha se
ha apoyado en una realización gráfica
impresionante, quizá menos realista
que alguna obra de Pixar
debido a las influencias del cartón
clásico pero con momentos de gran
brillantez, como el efecto mojado en el
pelaje de los mamuts o la propia consistencia
del agua.
Todo ello sin dejar de lado el humor más
desquiciante, con una ardilla Scrat
mucho más divertida que en la anterior
película (y eso que el listón
estaba alto) y con unos Manny,
Diego y Sid poniéndoselo
difícil, con momentos totalmente
desternillantes y una aportación
nueva muy prometedora, la simpar Ellie,
una mamut que se cree una zarigüeya.
Ver para creer.
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