| Resulta
difícil hablar del final de una saga,
más cuando se tienen sentimientos
encontrados al hacerlo. Uno sabe que está
asistiendo a un final, pero hay muchas cosas
en su interior que le hacen desear que el
desenlace sólo dé paso a una
nueva continuación de la historia.
Éste es muy bien el caso de
X-Men: The last stand, tercera y
última película dedicada al
grupo de mutantes más famosos de
la historia del cómic, película
que presentó problemas desde su misma
génesis.
El director de las dos primeras entregas,
Bryan Singer, abandonó
el proyecto al recibir la oferta de Warner
Bros para dirigir la tanto tiempo
anunciada nueva versión cinematográfica
de Superman.
Antes de esto, Singer
ya había hablado con buena parte
del equipo técnico y algunos de los
actores para que repitieran sus anteriores
papeles en la saga, haciendo presagiar que
la tercera y última entrega de la
saga no dejaría indiferente a nadie.
Tras su marcha muchos temieron que esta
tercera parte se quedara en el cajón
de los proyectos que pudieron ser pero no
fueron, dadas las expectativas puestas en
el realizador. No obstante, Twentieth
Century Fox decidió recurrir
al director Brett Ratner como
sustituto para llevar al proyecto hasta
su realización final.
Ratner había sido
considerado como candidato para hacerse
cargo de las labores de dirección
en la primera de las películas, pero
fue descartado cuando Singer
aceptó la oferta de la productora.
De ahí que su elección no
sea tan casual como muchos pudieran pensar.
Además, Ratner siempre
se ha considerado un fan de los cómic
-y de los mutantes en particular-, algo
que queda palpable, dadas las continuas
referencias al mundo gráfico de los
mutantes en esta tercera parte.
De todas maneras, sus anteriores trabajos
como director no lo terminaban de acreditar
como el responsable idóneo para
X-Men 3. Sus dos entregas de Rush
hour (Hora
punta, en España) aún
siendo tremendamente entretenidas –merced
al trabajo de Jackie Chan
y al siempre desmedido Chris Rock-
no eran la mejor carta de presentación
para lidiar ni con mutantes buenos ni malos.
Red
Dragon (2002), dirigida también
por Ratner, primera de
las aventuras del doctor Hannibal Lecter
tras la adaptación realizada
en los 80 por Michael Mann
(ManHunter),
demostraba que el joven director sabía
mantener el tempo narrativo y lidiar con
actores de la talla de Anthony Hopkins
sin que le pesara demasiado.
Ratner se puso manos a
la obra y se comprometió a enfrentarse
al reto de la mejor manera posible, aún
con la presión que supone superar
un listón anterior como el colocado
por Singer.
Entrando dentro el terreno de la película,
X-Men: The last
stand tiene un arranque que determinará
el desarrollo del resto de la narración.
En ella vemos a un Eric Lensherr,
Magneto y Charles Xavier,
cuando ambos conocieron a una joven Jean
Grey, hace 20 años. Aquel encuentro
da paso a la realidad cotidiana en la escuela
de Xavier para jóvenes talentos.
En ella, cada uno tiene asignada su obligación
diaria menos un abatido Scott Summer
–Cíclope-.
Éste trata de sobrellevar el recuerdo
de su mujer, Jean Grey, desaparecida
al final de la segunda entrega. Su vida
ya no es la misma y su falta de liderazgo
se empieza a notar en la buena marcha del
grupo adulto de la escuela.
La situación generada por el abandono
de las responsabilidades de Cíclope
queda palpable mientras Lobezno,
Tormenta, Pícara,
Gata Sombra y Coloso se
entrenan en la sala de peligro. El escenario
del entrenamiento está basado en
los Uncanny X-Men
# 141 y 142, más conocidos como Días
de un futuro pasado (Claremont
y Byrne, 1981) en un momento
en el que la guerra contra los mutantes
es total. Los encargados de encabezar dicha
contienda son los robots Centinelas, uno
de los cuales acaba siendo presa del expeditivo
Lobezno.
El problema es que Lobezno ha
actuado sin hacerle caso a nadie, algo muy
normal en él, poniendo en peligro
la cohesión del grupo, cara a un
enfrentamiento contra quienes se muestran
en desacuerdo con su manera de actuar.
Mientras tanto, el presidente de los Estados
Unidos, asesorado por el doctor Hank
McCoy –alias, la Bestia-
encargado del departamento de asuntos mutantes,
trata de encontrar a Magneto, el
cual lleva desaparecido desde su último
encuentro con los pupilos de Charles
Xavier.
Para lo que seguro que no estaba preparado
Hank McCoy y ninguno de los mutantes
del planeta era para el descubrimiento logrado
por los laboratorios Worthington. Del trabajo
de sus científicos y de un extraño
niño, Leech, ha surgido
una vacuna capaz de anular el gen mutante.
La inesperada noticia está tomada
del primero de los arcos argumentales del
guionista, escritor y director Joss
Whedon para la serie
Astonishing X-Men.
Tal revelación, realizada por Warren
Worthinton II, padre del mutante conocido
como Ángel, supondrá
el detonante para que magneto salga de su
retiro y organice su hermandad de mutantes
diabólicos. En medio de todo esto,
un poder inimaginable está a punto
de desencadenar un verdadero cataclismo
en todos los personajes implicados en la
historia. Nada ni nadie quedarán
indiferentes cuando el poder de Phoenix
ande sobre la superficie del planeta. Y
como en toda guerra, habrá víctimas
en ambos bandos.
Lo que queda palpable, llegados a este
punto de la narración es la cantidad
de situaciones y personajes con los que
debe tratar del director.
En lo que sí se recuerda a Singer
es en su labor de co-escritor del guión,
dado que el trabajo de los responsables
de dicho apartado, en ésta tercera
parte, no es tan compacto como ocurriera
en la anterior entrega.
Esta afirmación se debe, en buena
medida, al referirme al trabajo de un escritor
y guionista como Zak Penn,
capaz de muy buenos trabajos como ocurriera
en X-Men
2 (2003) junto a Singer,
o de despropósitos notables como
los sufridos en la adaptación en
solitario del personaje de Elektra
(Rob Bowman , 2005).
No quiero decir que el resultado final
no esté a la altura de los requerimientos,
porque la implicación de Ratner
y sus conocimientos del universo mutante
ayudan al resultado final. Sin embargo,
la cohesión lograda por Singer
no se termina de alcanzar en toda la narración,
aunque Ratner ha logrado
pasar la prueba y con buena nota –no
se crean que con sólo un aprobado
raspado-.
Bien es cierto que, en esta película,
algunos de los personajes quedan bastante
desdibujados o su actuación está
condicionada por el trabajo de grupo, caso
de Coloso, o de Mística,
esta última utilizada por el gobierno
para encontrar a Magneto y cuya
actuación estará condicionada
por la recién descubierta vacuna
contra el gen mutante.
En X-Men: The Last
Stand podemos disfrutar con la mayor
representación del mundo mutante
en tres dimensiones de cuantas han desfilados
por la gran pantalla.
A los ya comentados se incorporan personajes
como Calisto, Juggernaut,
o Madrox –el hombre múltiple-
por el bando de los malos, al igual que
vemos a la doctora Moira Mactaggart,
especializada en el mundo mutante y personaje
habitual en la colección gráfica
de los Nuevos Mutantes,
por el bando de los buenos.
Ciñéndonos a los actores
que dan vida al universo mutante vuelven
a destacar las interpretaciones de Patrick
Stewart y sir Ian McKellen
en el papel de los antagonistas
y sin embargo amigos, Charles Xavier
y Eric Lensherr.
Por el bando de los mutantes buenos, Hugh
Jackman, Halle Berry,
Ana Paquin, Shawn
Ashmore, Daniel Cudmore
y James Marsden
repiten en los mismos papeles que en las
anteriores entregas. Como novedad tenemos
al profesor y miembro fundacional de los
X-Men, Hank McCoy, muy
bien resuelto por el actor Kelsey
Grammer (el doctor Fraiser)
y la inquietante y resolutiva Ellen
Page, en el papel de Kitty
Pryde. Presentado de manera más
tangencial, pero con una presencia que justifica
de sobra su inclusión está
Ben Foster –Warren
Worthington III- o el mutante conocido
como Ángel.
Por el bando de los mutantes diabólicos
conoceremos al demoledor Juggernaut,
con el rostro de Vinnie Jones;
a Jaime Madrox, interpretado por
el televisivo Eric Dane;
o a la letal Calisto, interpretada
por la también habitual en la pequeña
pantalla Dania Ramírez.
Las dos mujeres antagonistas en las primeras
entregas –Mística
y Jean Grey- volverán a
la pantalla interpretadas por Rebecca
Romijn y Famke Janssen,
aunque esta última en un papel muy
diferente al que nos tenía acostumbrado.
Todos y cada uno nos conducirán
al desenlace de esta tercera y última
entrega de los mutantes, creación
de Stan Lee, pero popularizados
por el patriarca mutante por excelencia,
Chris Claremont, quienes
hacen un breve cameo en el preámbulo
de la película.
Las distintas excusas argumentales, algunas
ya comentadas, y otras como la relación
entre Bobby Drake –Hombre
de hielo- y Pícara,
y la llegada a escena de Kitty Pryde
–Gata Sombra- terminarán
por componer el complicado rompecabezas
que termina por ser la narración
en buena parte de la duración del
largometraje.
El acierto de Ratner es
tratar de cerrar la mayoría de los
cabos sueltos antes de que la acción
se desarrolle en el escenario en donde Magneto
y su ejército de mutantes, los miembros
de los X-Men, y la todopoderosa
Phoenix se encuentran para determinar
el presente y futuro de los mutantes del
planeta Tierra.
Ratner sabe dirigir la
escenas de acción y dicha batalla,
cuyo comienzo bebe del arco argumental escrito
por el guionista Grant Morrison
para la serie New
X-Men (Planet-X,
NXM #146-150), no deja indiferente
a nadie que la vea. Me he guardado algunos
acontecimientos que también son definitorios
para el desenlace final, pero estos hay
que verlos y sufrirlos para después
hablar de ellos.
Ignoro la razón del ajustado metraje
de la película, en una época
en la que cualquier realización supera
las dos horas sin estar plenamente justificado.
Puede que esto obligue a correr en algunas
partes de la narración, con lo que
se da por supuesto que el espectador conoce
algunos detalles propios de la series gráficas.
Dejando a un lado las controvertidas y
socorridas versiones íntegras o versiones
del director comercializadas en DVD, a pocos
meses del estreno cinematográfico,
queda claro que X-Men:
The last stand es la más friki
de las tres entregas. Quizás por
dicha razón se prefiere ir al meollo
de la cuestión en vez de perder el
tiempo en explicaciones conocidas por la
mayoría de los seguidores de la saga.
El resultado final es una película
trepidante en buena parte de la narración,
aunque no muestre la cohesión argumental
lograda por Singer en las dos primeras entregas.
Sólo queda sujetarse bien a la
butaca y prepararse para X-Men:
The last stand.
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