Se
esperaba mucho más de Kurt
Wimmer, director de Equilibrium
(2002) y de Ultraviolet,
con la que se inauguraba la III
Muestra de Cine Fantástico y Ciencia
ficción. El público, llegado
a un punto, no sabía si reírse
con las sobradas de Milla Jovovich
o de ellas.
Futuro alternativo, la guerra biológica
ha hecho estragos. El régimen totalitario
impone un estricto control sobre los enfermos,
a los que se persigue, en especial a una
nueva raza de semi-vampiros que se alimentan
de sangre para paliar su mal. Para ellos
trabaja Jovovich, capaz
de batir el penúltimo récord
de proezas por segundo, supuesta asesina
implacable pero con un corazón que
no le cabe en su ajustado corpiño
de látex.
El argumento es lo de menos, si ya Equilibrium
intentaba mostrar un mundo distorsionado,
pero desvariaba en su segunda mitad, aquí
ya desde el primer minuto la coherencia
argumental queda relegada a favor del espectáculo
y de los efectos visuales de los que la
peli es deudora. Es posible incluso que
los actores sean lo único real de
este film. Ideal para pasar el rato y reír
a mandíbula batiente con las peleas
y las poses de la Jovovich.
¿Alguien ha contado el número
de primeros planos de su culo?
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