Las
colinas tienen ojos de Alexandre
Aja es el remake del clásico
homónimo (1977) de Wes Craven.
Su director ya obtuvo gran éxito
en Sitges
en su debut con Alta
tensión (2003). Ahora plantea
una revisión de los caníbales
habitantes del desierto con sendas críticas
al "american-happy-way-of-life"
y a los experimentos atómicos de
los EE.UU. durante la Guerra fría.
Al igual que su antecesora, pero en el
mismo caso que El
amanecer de los muertos (2004) de Zack
Snyder con su homónima,
las versiones en ciertos aspectos mejoran
el original, sobre todo porque aciertan
en no desligarse de lo que representó
el cine de terror de los 70 de crítica
social y política.
El film en su parte técnica es impecable,
una fotografía en scope magnífica,
ella sola crea tensión de los parajes
inhóspitos y desolados del desierto
y de la luz cegadora del sol, en contraste
con la oscuridad de las escenas nocturnas
y la morada de los caníbales.
Es un film sin concesiones, hay dureza
en las imágenes y no sólo
por los asesinatos y los desmembramientos
sino por la crueldad de una gente para la
que la vida no representa nada. Su absoluto
desprecio por otros seres humanos aterroriza
más que un hachazo o un disparo.
Pero también hay un ajustado sentido
del humor negro, dosis pequeñas,
y concesiones al patio de butacas, oportunamente
respondidas por el público de la
III
Muestra de Cine Fantástico y Ciencia
ficción con merecidos aplausos.
Por poner algún pero, uno de los
personajes esté metido con calzador
en la recta final y desentona algo con el
conjunto. En cualquier caso no altera el
resultado y es que Las
colinas tienen ojos provoca mucha
tensión, mal rollo y miedo en bastantes
escenas, lo que es mucho más de lo
que ofrece la mayoría del cine de
género. Muy buena.
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