Zulo es un film premiado en algunos
festivales especializados y obra de Carlos
Martín Ferrera.
Se trata de un experimento visual, de otra
forma cuesta concebirla, acerca de la represión
y el miedo que nos imponemos en determinadas
situaciones y sobre la libertad en general,
la incomunicación y el destino. Al
menos eso creo, porque es un film cerrado
sobre sí mismo, abierto a libres
interpretaciones o a ninguna, del que es
innegable admitir una buena, muy buena,
interpretación de su protagonista
Jaume García Arija,
y su claustrofóbica ambientación,
pero que es fácil que pueda acabar
con la paciencia del espectador menos acostumbrado
a cierto cine instrospectivo.
Va de un hombre que se despierta en un
zulo del que no puede salir y cuya única
compañía son los encapuchados
que esporádicamente le llevan comida
y agua, pero que no le hablan ni le dan
explicaciones de por qué está
prisionero. El final sigue abierto a conjeturas.
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