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Estreno en Estados Unidos 07-07-2006

Estreno en España  11-08-2006
PIRATAS DEL CARIBE: EL COFRE DEL HOMBRE MUERTO /
PIRATES OF THE CARIBBEAN: DEAD MAN'S CHEST
Género: Aventuras
País: Estados Unidos
Año: 2006
Duración: 150 mins.
Ficha técnica

Dirección - Gore Verbinski
Guión - Ted Elliott y Terry Rossio
Producción - Jerry Bruckheimer
Fotografía - Dariusz Wolski
Música - Hans Zimmer

Ficha artística

Johnny Depp - Jack Sparrow
Orlando Bloom - Will Turner
Keira Knightley - Elizabeth Swann
Jack Davenport - Norrington
Bill Nighy - Davy Jones
Jonathan Pryce - Gobernador Weatherby Swann
Lee Arenberg - Pintel

Comentarios

Cuando en 2003, la Disney abordó un tema tan maldito para el cine moderno como era el género de piratas no sólo dio en el clavo sino que posiblemente el éxito logrado por Piratas del Caribe: la maldición de la Perla Negra supuso un verdadero alivio para la productora cuyo distanciamiento con Pixar y los fracasos de sus últimos trabajos la habían puesto con el agua al cuello.

La película partía, además, de una original premisa: mientras la falta de buenas ideas hacía que los guionistas se inspirasen en películas europeas, cómics o videojuegos, la productora de Mickey Mouse decidió narrar una historia basada en una atracción de feria (de Disneyland, por supuesto). Una vez escrita la historia, la sazonaron con buenos actores y una espectacular puesta en escena con lo que no sólo obtuvieron un gran éxito de taquilla (que no nos engañemos, era lo importante), sino también de crítica, estando presente incluso en los Oscars del correspondiente año. Johnny Depp demostró una vez más que es uno de los mejores actores de su generación bordando un papel que parecía hecho a su medida, Orlando Bloom se sacaba de encima la alargada sombra de El Señor de los Anillos y Keira Knightley (Domino, 2006) se revelaba como una futura estrella que en apenas unos años ha conseguido confirmar. Por tener, incluso tenía a un gran y oscarizado intérprete en el papel de villano, Geoffrey Rush, como no podía ser de otra manera.

Los efectos especiales eran de primera, pero no se limitaban a una serie de muñecos hechos por ordenador con apariencias asombrosamente reales, sino que cada escena estaba perfectamente estudiada, deliciosamente ideada para asombrar, como el combate en el interior de la gruta, con deliberados rayos de luna iluminándola, convirtiendo a los protagonistas (o a parte de ellos) en humanos o esqueletos según corresponda, o el ataque del ejército fantasma caminando bajo el mar, simples ejemplos de maestría.

Pero lo que realmente convirtió a esta película en una gran obra fue, sin duda, la historia, una historia capaz de emocionar, hacer reír, asustar pero, sobre todo, a devolvernos a un mundo de fantasía, a recordarnos las grandes historias protagonizadas por Errol Flynn, a sentirnos invadidos por un espíritu aventurero haciéndonos creer, incluso, que el agua nos golpea la cara por encima de la quilla y que el aire que nos rodea huele a salado.

Y he aquí cuando, 3 años después, con el agua no mucho más alejada del cuello que en aquella ocasión, Disney nos ofrece una nueva aventura del capitán Jack Sparrow y sus compinches. Y lo hace manteniendo al director -que por en medio ha firmado, por ejemplo, la anodina El hombre del tiempo (2005)-, a los actores y, supuestamente, al espíritu aventurero que tan bien funcionaron en la primera película, ya aumentando considerablemente, como debe ser, el presupuesto. ¿Qué falla entonces? ¿Qué es lo que provoca que la película decepcione y quede a años luz de la primera?

De entrada, las intenciones. Mientras La maldición de la Perla Negra es una película hecha con el corazón, donde se refleja la ilusión de sus artífices por transportarnos a un mundo mágico (tal definición es apropiada para el propio parque de Disneyland), esta secuela parece hecha pensando más bien en el bolsillo. Disney quiere dinero, y lo quiere ya. Y realizar secuelas de éxito seguro es la forma más fácil de conseguirlo. ¿Cómo se explican, si no, el final abierto y el hecho de realizar la segunda y la tercera entrega prácticamente a la vez. Tal temeridad no puede definirse más que como disparate, aún más cuando no hay ninguna razón de peso para ello. Se me ocurren algunos ejemplos de osadías similares, pero todos ellos justificados. Así, por ejemplo, y siempre según las palabras de sus directores, Regreso al futuro 2 y 3 o los volúmenes 1 y 2 de Kill Bill forman en sí una sola película, demasiado extensa en duración para estrenarse seguidas y demasiado complejas para recortar metraje, mientras que las sagas de Star Wars o de El Señor de los Anillos corresponden a una planificación hecha de antemano, a una macro historia que necesita de tiempo y años para poder ser narrada.

No es el caso de nuestros Piratas, cuya precipitación en filmar la tercera (no mencionaré aquí su título pues con él se puede adivinar el final de El cofre del hombre muerto) sólo puede entenderse como la necesidad de llenar cuanto antes las arcas Disney y, de paso, asegurarse la participación del trío protagonista, cosa poco probable si hubiesen pasado años de por medio.

A priori, la película parece cargada de buenas intenciones. En ella hay aventura, humor, acción y grandes efectos especiales, pero todo ellos son ingredientes que un buen barman puede utilizar para realizar un exquisito cóctel o un simple e insípido jarabe. Y el segundo caso es el que nos ocupa, pues los elementos no han sido combinados en su dosis justa ni con destreza.

El humor, por ejemplo, en lugar de limitarse a situaciones irónicas, que nos inviten a sonreír en mitad de la aventura, como sucedía en la primera entrega, cobra aquí un protagonismo surrealista, con gags (sí, han leído bien, la película está repleta de gags) más propias de un film de Leslie Nielsen que de aventuras.

Respecto a los actores, el bueno de Johnny no parece tomárselo demasiado en serio. Tras la magistral interpretación que nos regaló en la anterior película, aquí se limita a repetir y exagerar las muecas que caracterizan al personaje, sin esforzarse en añadir nada nuevo. Por su parte, Orlando Bloom, cuyo personaje ensombrece en protagonismo por momentos al propio Sparrow, demuestra una vez más que, aunque excelente secundario, no es capaz de llevar el peso de una película, como se vio en El reino de los Cielos (Ridley Scott, 2005).

Por otro lado, el apartado técnico es, eso sí, impecable. El diseño de los “monstruos” es digno de mención pero ello, más que una cualidad, termina pesando como una losa. Y es que los guionistas, ante la aparente falta de una buena historia, se han limitado a meter con calzador bichos más propios de Star Wars que de una de piratas que restan a la película toda credibilidad que pudiera tener. Parece como si lo único en lo que se han esforzado es en el apartado técnico, como si unas cuantas máscaras de látex (por excelentes que sean) fuesen reclamo suficiente.

Y es que si la historia puede parecer de entrada interesante (la acción se inicia tal y como terminaba La Perla Negra, con Jack como capitán y Will y Elizabeth a punto de casarse), basta un análisis en profundidad para comprobar que la cosa no tiene pies ni cabeza, que el desarrollo avanza hacia derroteros bastantes simples y que el denominador común es la simple estupidez, además de una serie de circunstancias salvadas con excusas tan ridículas que uno ya se puede esperar cualquier cosa.

Lo peor de todo es que con la cantidad de cabos sueltos que quedan (intencionadamente, por supuesto), uno ya se puede imaginar (yo diría temer) por donde va a ir la tercera, que ya vaticino que no va a hacer sino estropear del todo el mito que habría supuesto la excelente primera parte de haber sido también la única.

Y no es que esta secuela sea totalmente mala, que tampoco es eso, pero la excepción es tan grande conforme a las expectativas creadas que uno no puede evitar sentirse, por lo menos, ofendido ante el agravio sufrido.

 

David Medina

 Web oficial  Tráiler en quedetrailers.com
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Al final de los créditos de Piratas del Caribe 2 nos aguarda una sorpresa.

 

 

 

 

 

 

 

 



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Johnny Depp ha comentado que para interpretar a Jack Sparrow se ha basado en el músico Keith Richards.


 

 

 

 

 


 


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El reparto protagonista se mantiene en las dos secuelas que se han rodado simultáneamente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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