Film
británico del 2004 y basado en una
novela del escritor Ian McEwan.
Su título original, mucho más
esclarecedor como de costumbre, es Enduring
love, es decir "Amor perdurable",
y define a la perfección los temas
de los que trata esta obra, el amor en sus
variantes más pasionales y esquizoides,
el amor en estos tiempos complejos. Pero
también habla de soledad, de una
soledad interior, de la incomprensión
y del destino, capaz de cambiar el rumbo
de nuestras vidas y de hacernos dar cuenta
que nada es perdurable por mucho que pensemos
que todo está ya asentado.
Es un film complejo en su observación
y aproximación. El argumento parte
de una sencilla y aparentemente absurda
propuesta. Joe y Claire pasan un
día en el campo cuando un globo aerostático
fuera de control y con un niño a
bordo pasa por su lado. Joe, un
campesino de la zona, un conductor que pasa
por allí y un cuarto intentan hacerlo
descender agarrándose a las cuerdas.
Pero cuando el globo comienza a elevarse,
todos se sueltan, menos uno. Éste
es el punto de partida de las relaciones
que se establecen entre Joe y ellos
y cómo esto cambiará sus vidas.
A veces estar en el lugar y en el momento
equivocados puede resultar fatal, como aprenderá
Joe. Su vida dará un vuelco
y todas las cosas que pensaba y sentía
desaparecerán para dar paso a otra
percepción de la realidad y a tener
que enfrentarse con sus miedos más
profundos, los que nunca había dejado
aflorar, y a una tercera persona que se
entrometerá en su relación
con Claire. El amor, tal y como
Joe lo concebía, desaparecerá.
¿O será que el destino en
forma de globo enseñará a
Joe que se había estado
engañando todo el tiempo y que lo
que él pensaba ser amor era... otra
cosa?
Éste es uno de esos filmes que quedan
en la memoria largo tiempo, su significado
nos fuerza a sacar conclusiones a veces
incómodas. Es de esa clase de cine
que perdura y enriquece a la vez que impacta.
Hay que destacar, nuevamente en el cine
británico, la labor interpretativa
de sus protagonistas, Samantha Morton,
Rhys Ifans, pero especialmente
de Daniel Craig, futuro
James Bond, en un papel complejo
que resuelve increíblemente bien,
dotando a Joe de la justa proporción
de incredulidad e ira, de amor y de violencia,
de candidez y de resolución que el
personaje precisa, jugando con la voz y
con la mirada, marcando la fuerza y la indefensión
de las situaciones a las que Joe
se enfrenta sin excederse ni quedarse corto.
Un diez para el próximo agente doble
cero. Confiamos que su carrera futura no
se limite a este papel porque hay mucho
actor ahí dentro.
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