Hace
años que Kevin Smith
intenta vivir de las rentas de lo que fue,
y según por donde se mire, de lo
que nunca fue. A este señor, una
parte de la crítica cinematográfica
y sobretodo de la H.F.D. le encumbró
por coger una 16mm y filmar en blanco y
negro las pajas mentales que se le pasaron
por la cabeza, con cuatro dólares
y unos amiguetes de la infancia. La cosa
hizo gracia y la verdad es que la tiene,
pero con el mismo mérito que muchas
otras ready-to-serve-comedies,
se ve, se disfruta y a la piltra que mañana
es lunes. Pero por entonces se habló
de frescura, de innovación, de espontaneidad
y muchos otros adjetivos de esos que los
críticos encuentran en el diccionario
de sinónimos. Lo que siempre ocurre,
la ven unos pocos y el resto, por no hacer
el ridículo, se apunta al carro.
“¿Has visto Clerks?”
“Ah, eh… ¡Sí, cojonuda!”.
Smith envalentonado, encumbrado
y con dinero en los bolsillos descubre el
color y se pone a rodar más de lo
mismo. Así, llegan Mallrats
(1995) y Persiguiendo
a Amy (1997). Hasta que se le acaban
las ideas (originales) y/ o cada vez más
críticos de cine van a ver sus pelis
por sí mismos sin dejar que otros
se las cuenten y “Oye, este tío
ya cansa un poco ¿no?” “Ah,
eh… ¡Sí claro!”.
Así que Smith se
pone a escribir. Escribe guiones para otras
pelis que nunca le producen, escribe (con
una lentitud exasperante) algunos cómics,
escribe la carta de Papá Noël…
así hasta que su peso específico
va siendo cada vez menor, sus ideas no son
tan brillantes, su talento es cuestionado
y Hollywood le mira como el chico raro al
que hay que pedir consejo “cuando
vayamos a tratar algo muy friki o relacionado
con un superhéroe”.
A Smith le encanta hablar
y le encanta escucharse a sí mismo
(basta entrar en YouTube) y es un tipo simpático,
sí, pero hacer cine es otra cosa.
Un buen día, harto de que le den
varapalos, Kevin sorbe
un trago de cerveza, le pega un mordisco
a su hamburguesa y se pone a redactar el
guión definitivo: Clerks
II. “Ohhhhh”,
la crítica se remueve en sus asientos,
la H.F.D. suda sus camisetas y corre al
W.C. con el número uno del Daredevil
de Smith (envuelto en plástico,
por si acaso). Pero la locura se desata
cuando se filtra que Rosario Dawson
será la protagonista. Ah, ¡cuántos
muelles habrán zumbado esa noche,
cuántas literas se habrán
salido de sus pernos!
Y tras mucho esperar, finalmente, Clerks
II se estrena. ¿Y saben lo
mejor? ¡Que aún funciona! Los
mismos personajes, algunos de los mismos
actores, parecido escenario, mismos diálogos,
argumento cero, canciones molonas. ¡Eh!
¡Y Nueva Jersey! Y aún nos
reímos. Yo me reí. Y me lo
pasé en grande y moví los
pies cuando sonó ABC de
los Jackson 5 y se me cayó
la baba con Rosario Dawson bailándola.
Pero nada más.
Como terapeuta Kevin es
el mejor, te sube la moral (y ahora con
el nuevo fichaje femenino termina por subírtelo
todo), pero como cineasta tiene un problema.
Porque, por mucho que lo haya pasado bien
y me haya descojonado y todo eso, ¿aguantaré
que dentro de dos años estrene Clerks
3? ¿O peor, que después
de Mallrats 2 y
Persiguiendo a Amy
2 y otra segunda decadencia, tenga
que esperar otros 20 años para ver
Clerks 3?
Kevin, tienes un problema
tío.
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