A
Scanner darkly,
o la antesala a la paranoia
"¿Qué
es lo que ve un escáner? ¿Ve
el escáner dentro de mí? ¿Dentro
de mi destino? ¿Con claridad o con
oscuridad?"
Philip K. Dick
Estamos sumergidos en una época
donde la tecnología y la información
dominan buena parte de nuestra vida. Se
calcula que más del 70% de nuestra
existencia está controlada, de algún
modo, por dicha tecnología.
Cuando pagamos en una tienda, abrimos una
cuanta bancaria o reservamos un billete
de avión estamos siendo observados
por los electrónicos ojos de algún
cerebro electrónico cualquiera.
No obstante, y tras los atentados del
11 de septiembre del 2001, a dicha sensación
de ser continuamente observado hay que unir
–por desgracia para los habitantes
de buena parte del mundo- una enfermiza
paranoia que parece dominar los designios
de las mayores potencias mundiales.
Con la caída de las Torres Gemelas
parece haberse impuesto una segunda “Caza
de brujas” donde todos somos sospechosos
de algo, por ajeno que podamos estar de
dicho suceso o acontecimiento. El resultado
es que, lejos de encontrar una solución
al problema de base, nuestra realidad se
ve continuamente vulnerada por los atropellos
de quienes se han convertido en los defensores
de una libertad que sólo figura en
las lápidas de los cementerios.
¿Y saben lo peor de todo? Pues
que hace tres décadas un escritor
ya nos advirtió de una situación
muy similar, por no decir la misma. Su nombre,
Philip K. Dick.
Considerado como uno de los mejores escritores
de ciencia ficción de la historia,
Dick es conocido por sus
cáusticos y demoledores relatos sobre
el futuro de la humanidad. En ellos sus
personajes y las situaciones que viven,
lejos de evolucionar, involucionan para
demostrar al lector que el hombre está
condenado a repetir, una y otra vez, los
errores del pasado.
Buena muestra de ello es El
hombre del Castillo, título
que nos presenta una realidad alternativa
donde el eje Alemania-Italia-Japón
se alzó con la victoria en la Degunda
Guerra Mundial, dando como resultado a una
sociedad muy distinta, pero no tanto a la
que hoy conocemos.
Sin embargo, Dick es
conocido entre el gran público por
ser uno de los autores de ciencia ficción
más adaptados a la gran pantalla.
Títulos como Minority
report (Steven Spielberg, 2002), Paycheck
(John Woo, 2003), Desafío total (Paul
Verhoeven, 1990) –basada en el relato
We can remember
it for you wholesale-, y la ya mítica
Blade Runner
(Ridley Scott, 1982) –adaptación
de Sueñan
los androides con ovejas eléctricas-
han surgido de la pluma del escritor.
En todos ellos, siempre queda el poso
de desesperanza que llena las narraciones
de Dick, fallecido en 1982,
justo antes del estreno de Blade
Runner.
Ahora, de la mano del director Richard
Linklater, conocido por su trabajos
en películas como Escuela
de Rock (2003), Antes
del amanecer (1995) y Antes
del atardecer (2004) y la inquietante
Walking life
(2001), le ha tocado el turno al relato
A scanner carkly, historia publicada
en 1977.
En ella el mundo, tal y como lo conocemos,
está condicionado por una guerra
sin cuartel contra el terrorismo y los cárteles
de la droga. ¿No les suena la situación?
Todo vale para lograr una victoria final
que, como suele ocurrir, no termina de llegar.
El protagonista de la historia, Bob
Arctor, es un policía que recibe
el encargo de espiar e informar de su círculo
de amigos, drogatas de poca monta, pero
que, en la situación en la que se
vive, son sospechosos en potencia. El problema
es que el propio Arctor es, como
aquellos a los que debe investigar, adicto
a la Sustancia D, siglas de Slow Death (muerte
lenta) utilizadas por Dick
en su novela.
A partir de entonces, Arctor
se ve sumergido en una realidad que muta
de la misma forma que el extraño
traje que lleva para no ser reconocido en
sus labores de agente de la ley. Nada es
lo que parece, ni siquiera él mismo.
Y las cosas, lejos de mejorar, empeoran
a causa de la mencionada Sustancia D.
Paranoia, delirio, locura, ensoñación
son algunas de las claves de un relato,
tan hipnótico como confuso.
Y es que A scanner
darkly terminó siendo una
de las obras más difíciles
de escribir para el escritor, ya que está
basada en sus propias experiencias con las
drogas. Su primer borrador tuvo que ser
reescrito durante tres años más,
poniendo contra las cuerdas la cordura de
Dick. Tal intensidad actuó
como catarsis, aunque no sirvieron para
que el escritor abandonara las drogas, las
cuales terminaron siendo responsables de
su muerte.
De ahí que Linklater
pusiera todo su empeño en reflejar,
de la mejor manera posible, el espíritu
de Philip K. Dick en su
película. Para ello, Linklater
habló con sus herederos, los cuales
estuvieron de acuerdo en ayudarle en todo
lo que necesitara para lograrlo.
"A scanner
darkly es una de las historias
más personales de nuestro padre,
ya que muchas partes están basadas
en sus propias experiencias. Debido a
ello, era especialmente importante para
nosotros el que se llevara a cabo la narración
con buenas intenciones. Su lucha contra
el abuso de las drogas está más
que documentada y tanto él como
nosotros hemos sido testigos de muchas
derrotas. La novela está llena
del propio humor de nuestro padre y de
sus propias tragedias. Y creemos que el
guión de Richard consigue
capturar estos elementos claves. Incluso
ha decidido hacer uso del conmovedor epílogo
de nuestro padre en su adaptación.
"
Laura, Chris e Isa. Philip
K. Dick Trust.
Otro punto muy importante para el director
fue no pasar por alto el sentido del humor
tan cáustico que siempre está
presente en la obra de Dick.
Con ello se lograba que A
scanner darkly se convirtiera en
un fiel reflejo de la obra original.
La última parte fue convertir su
película en un atractivo experimento
visual, partiendo de la técnica de
“rotoscopiado”. Dicha técnica
consiste en lo que vulgarmente se conoce
como calcar cada fotograma de la película
a partir de fotografías reales de
los actores u otros elementos. La técnica
de rotoscopiado se usó, sobre todo,
en las espadas de luz de Star
Wars, en la versión de Ralph
Bakshi de El
señor de los anillos (1978),
y en algunos segmentos de la película
Heavy Metal
(Gerald Potterton y Jimmy T. Murakami, 1981),
especialmente en la historia final de Taarna.
La novedad introducida en la película
de Linklater es que en
su caso el rotoscopiado está ayudado
por un programa, llamado Rotoshop, que interpola
automáticamente los fotogramas a
partir de un formato vectorial hecho a mano.
No es un sistema totalmente automático,
sino que requiere de un operador con experiencia
en animación.
Además, Linklater
involucró a varios dibujantes de
cómic en el proceso de filmación,
logrando que el estilo gráfico de
la película se asemeje mucho a una
serie regular del sello Vertigo,
propiedad de DC Comic.
En el apartado dramático, la responsabilidad
de la narración recae en el actor
Keanu Reeves, experimentado
en papeles que mezclan la ciencia ficción
con planteamientos metafísicos, tales
como Matrix.
A su lado, Robert Downey Jr.,
Woody Harrelson, Rory
Cochrane y Winona Ryder
conforman el peculiar círculo de
amigos y sospechosos que debe investigar
Bob Arctor en su papel de guardián
de la seguridad mundial.
El trabajo del protagonista nos conduce
a los meandros de la psique humana, siempre
y cuando logremos no perder el hilo de una
narración confusa y que está
plagada de referencias esquivas.
De todas formas, lo peor es comprobar
cómo la novela de Dick
se ha convertido en una triste realidad,
en vez de seguir siendo uno de los muchos
futuros imaginados por los grandes autores
del género de la ciencia ficción
del pasado siglo.
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