El
Perfume ha llegado a las pantallas
de cine no sólo aprovechando el enorme
éxito de la novela, que desde que
se editara en 1985 se ha mantenido como
un bestseller perpetuo, aclamado por los
lectores, sino que también se nos
presenta como la mayor producción
del cine europeo, con un presupuesto estimado
de 50 millones de euros, 10 de los cuales
fueron a los bolsillos de Patrick
Süskind.
El escritor se había negado hasta
la fecha a ceder los derechos de su novela
más rentable, a pesar de que se habían
interesado por ella directores de la talla
de Ridley Scott,
Martin Scorsese o Stanley
Kubrick. Al final el ganador del
premio fue el productor alemán Bernd
Eichinger, quien llevaba intentando
convencer al escritor desde 1986. Eichinger
contrató para dirigir la película
a Tom Tykwer, autor de
éxitos como Corre,
Lola, corre (1998) o La
princesa y el guerrero (2000). Entre
ambos se esforzaron por presentar un guión
bien trabajado, que se mantiene fiel a la
base del libro, pero que al mismo tiempo
deja espacio a la imagen para aportar su
propia interpretación de la historia,
aunque ello suponga apartarse en algún
momento de la letra, pero no del fondo de
la obra de Süskind.
Todo en la película está
cuidado hasta el más mínimo
detalle, y con una puesta en escena fastuosa.
Tykwer ha rodado la película
de manera lujosa, con una espléndida
ambientación que alterna el realismo
histórico con algunas escenas de
belleza poética. La forma en la que
se nos van presentando las víctimas
del protagonista elude la morbosidad y propone
un acercamiento estético a la muerte.
A pesar de lo tétrico del argumento,
Tykwer evita dejarse llevar
por los momentos más truculentos
de la novela, aunque esto no quiere decir
que haya escenas de fuerte impacto visual,
y hasta desagradables. Al fin y al cabo,
éste es uno de los temas principales
de la historia, que vincula la belleza con
la sensualidad y la muerte. Un magnífico
ejemplo de esto lo podemos encontrar en
la escena en el patíbulo, escenografiada
por La Fura del Baus.
Por regla general los actores realizan
un excelente trabajo. Destaca la ambigüedad
de la interpretación de su protagonista
Ben Whisham, quien evita
en todo momento dar un halo cautivador a
su personaje. Este se mantiene durante la
mayor parte de la película como un
ser de apariencia vulgar, incluso desagradable,
llevado únicamente por su obsesión
por capturar esa belleza de la que él
carece. Mención aparte merecen Dustin
Hoffman y Alan Rickman,
dos excelentes actores de muy diferente
trayectoria, que marcan los dos puntos álgidos
a nivel interpretativo de la película.
El Perfume
es finalmente una película que busca
seducir al espectador con su apariencia
de película histórica de alto
presupuesto, según mandan los cánones
de Hollywood, pero que al mismo tiempo se
guarda algunos momentos y recursos que la
alejan de otros productos más aparatosos
y triviales.
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