Resulta
cuanto menos curioso que, en un país
tan poco amante del género fantástico
como lo es el nuestro, podamos encontrar
muy buenos directores cinematográficos
del mencionado género. Y, si encima,
nos remitimos a la comunidad canaria -lugar
más propenso a otros géneros
como “la novela negra” o “el
realismo mágico” sudamericano-
el detalle se convierte en asombro. Sin
embargo, la historia la escriben los vencedores
y éste muy bien pudiera ser el caso
de realizadores como Juan Carlos
Fresnadillo y Elio Quiroga.
El primero saltó a la palestra con
el corto Esposados
(1996), nominado al Oscar en su categoría.
Después dirigió su primer
largo, Intacto
(2001), una historia con claros tintes fantásticos
donde la suerte, como una entidad que define
el futuro de las personas, ejercía
de hilo conductor de la trama. Su debut
en la gran pantalla le hizo merecedor de
un premio Goya en la categoría de
mejor director novel. Un año después,
Fresnadillo filmaría
Psicotaxi,
corto con el que formó pareja con
el multidisciplinar Alejandro Jodorowsky.
En la actualidad el joven director se encuentra
rodando 28 Weeks
later, secuela de 28
Days later (2002) –película
que fue dirigida por el británico
Danny Boyle-. La historia,
también del género fantástico,
nos sitúa en un mundo devastado tras
los efectos de un mortífero virus
y con unos supervivientes que han olvidado
su pátina de civilización
para tratar de sobrevivir ante tal situación.
Fresnadillo, en su doble
papel de director y guionista de la cinta,
tiene ante sí el reto de continuar
donde lo dejó Doyle
y desarrollar la que ha sido considerada
como una de las mejores historias fantásticas
producidas en Europa en los últimos
años. Lo que a buen seguro no le
importará es el reto que ello supone,
vistos sus anteriores trabajos.
El caso de Elio Quiroga también
responde a las premisas antes formuladas,
aunque, en el caso del realizador y guionista
grancanario su trabajo abarque otras facetas
de la creación. Por ello, no es de
extrañar que junto con realizaciones
filmadas con personajes reales, Quiroga
se atreviera con la animación en
su premiado corto Home
delivery (2005), basado en cuento
de Stephen
King. A su vez, también ha sido
responsable de dos cortos documentales,
El último
minutero (2004) y Uwe
Grumann, Pintor (2006), siendo el
primero nominado al Goya al mejor corto.
Mi intención es detenerme en la
faceta como realizador de películas
de género, sobre todo tras ver su
última propuesta, La
hora fría, en la pasada edición
del Festival
de Sitges. La mencionada localidad catalana
fue el escenario escogido para la presentación
de su primer largo, Fotos,
en 1997. La cinta, con un marcado carácter
onírico, recibió un premio
especial del jurado del festival, además
del entusiasmado aplauso del realizador
Quentin Tarantino. A su
vez la película fue nominada a los
Méliès de Plata, los cuales
reconocen las nuevas producciones del género
fantástico realizadas en el viejo
continente.
No es extraño que Quiroga
escogiera la edición del presente
año 2006 para presentar su nueva
película,
La hora fría.
Empezaré diciendo que la narración,
también escrita por Quiroga,
parte de una premisa muy habitual dentro
del género, tal y como él
mismo cuenta. La
hora fría es heredera de los
cuentos góticos de terror con “una
casa encantada” y planteada desde
la sugerencia. Partiendo de dicha base conoceremos
a los personajes, todos encerrados en un
asfixiante escenario, un viejo caserón
que los limita cual animales enjaulados
a causa de un conflicto militar que acabó
con la vida en el planeta tal y como lo
conocemos.
La verdad es que dicho razonamiento lo
debe sacar el espectador dado que salvo
Judas, el veterano del grupo –magníficamente
interpretado por el actor Pepo Oliva-
nadie habla de lo que en realidad sucedió.
En total conviven siete adultos, aunque
Judas vive aislado del grupo, y
dos niños, queriendo desarrollar
una vida lo más normal posible.
El problema es que ni el ambiente ni lo
que los rodea ayuda a lograrlo. Por un lado
están los Extraños, seres
que recuerdan a los zombis clásicos,
los cuales acosan la casa, tratando de entrar.
Y por otro se encuentran los Invisibles,
seres que traen consigo lo que se conoce
como la "hora fría", momento
en el que la temperatura baja muy por debajo
de cero. Tampoco nadie sabe de dónde
vienen y la razón de su existencia.
Sólo el viejo Judas cree que hay
una relación entre los seres que
amenazan a la comunidad y la última
contienda.
Con un decorado tan grotesco es normal
que los personajes terminen por dejarse
llevar por su propio egoísmo y se
olviden de defender el precario equilibrio
en el que viven sumidos. Al final, sus decisiones
les llevarán a enfrentarse con la
búsqueda de una verdad que les dejará
tan sorprendidos como a todos los espectadores
que asistimos a la proyección de
la película en el festival de Sitges.
"La
hora fría es una obra de
cámara; un pequeño ejercicio
de estilo que mantiene a un grupo de personajes
en un espacio cerrado del que no puedes
salir a causa de una incierta amenaza
exterior. Como director me planteé
la película como un profundo trabajo
de atmósferas y de diseño,
pero también como una historia
de fantasmas y de terrores inexplicables
define el realizador su trabajo, sin olvidar
el marcado carácter psicológico
que empapa toda la narración."
Quiroga demuestra su capacidad
para la dirección de actores sobre
todo en el caso particular de los niños
–auténticos motores de toda
la narración-. Los jóvenes
actores Omar Muñoz,
quien ejerce de particular cronista de la
narración, siempre con su cámara
de video a cuesta; Nadia de Santiago,
y Marco González
junto con el mencionado Pepo Oliva
se sitúan por delante de nombres
muy conocidos, tales como Silke
o Carola Manzanares.
No quiero decir que el resto del reparto
no esté correcto; lo está
y eso siempre es de agradecer. Lo que ocurre
es que se echa de menos una mayor implicación
en el trasfondo fantástico de la
historia, algo que los niños y el
bueno de Judas sí logran
mientras están en pantalla.
Mención aparte merecen los efectos
especiales que jalonan la narración,
sencillos, aunque sólo en apariencia,
pero muy resolutivos. El trabajo de sus
responsables demuestra que, poco a poco,
nos hemos ido poniendo a la misma altura
con las necesidades de las producciones
del género fantástico en nuestras
fronteras, sin necesidad de tener que salir
de ellas.
No obstante, el acierto de Quiroga
es guardarnos la mayor sorpresa para el
final, la cual termina por sorprenderte
tanto o más que a los supervivientes
finales de la aventura.
Ahora sólo queda que la película
llegue a las pantallas, como ya ocurriera
con Fotos
y que, tal y como el mismo Quiroga
me comentó durante su estancia en
Sitges, el próximo festival Internacional
de Cine de Las Palmas, la reciba tal y como
se merece.
Les aseguro que propuestas como éstas
se han ganado un momento de su tiempo para
asistir al cine y, si así lo consideran,
su reconocimiento una vez vistas. El mío
-tras disfrutarla en la gran pantalla del
auditorio del Hotel Meliá de Sitges,
sede central de festival- ya lo tiene.
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