Decir
que el éxito de El
Señor de los anillos (2001-2003)
ha motivado la producción de multitud
de cintas que buscan aprovecharse de la
fama de la trilogía de Peter
Jackson resultaría a estas
alturas innecesario. Ya el año pasado
nos llegó la primera parte de Las
Crónicas de Narnia (Andrew Adamson,
2005), y este fin de semana se estrenó
otra cinta de fantasía basada en
una trilogía literaria, Eragon.
Ésta parte del gran éxito
de las dos primeras novelas y de la presencia
de actores de prestigio, como Jeremy
Irons o John Malkovich
como tirón para atraer al
público. La pena es que los productores
parece que han dado por supuesto que con
esto era suficiente, porque toda la película
está hecha con una desgana y una
falta de talento que resulta alarmante.
Es cierto que la cinta no contaba con un
presupuesto tan elevado como se supone a
este tipo de productos, pero el mayor problema
no es la falta de medios, sino principalmente
la capacidad de su director y de los guionistas
de realizar algo mínimamente original.
Y es que no es lo mismo tener a un director,
con sus fallos que los tiene, como Peter
Jackson, que contratar a un experto
en efectos especiales, con experiencia nula
a la hora de dirigir. Así salen las
cosas como salen.
Toda la película es un pastiche
principalmente de elementos de El
Señor de los anillos y La
Guerra de las Galaxias, a los que
se suma el largo etcétera de toda
la tradición de cine y literatura
épica. La historia es insultantemente
simple y plana. No hay nada, absolutamente
NADA, que no se haya contado ya infinitamente
mejor en otras obras. Simplemente se limita
a recoger todos los estereotipos y clichés
y repetirlos con la falsa idea de que cómo
ha funcionado en el pasado, ahora debería
volver a hacerlo.
La historia parte del típico héroe
granjero joven e inexperto que de repente
se convierte en el futuro y la esperanza
de un mundo asolado por un maligno tirano.
Por el camino encontrará siempre
a un mentor que le educará, y cuyo
destino es tan insultantemente predecible
que uno sabe lo que le va a pasar y cuándo.
También encontrará a la típica
damisela de la que se enamorará y
compañeros de fatigas, y al final
habrá una confrontación que
marcará el bautizo de fuego del héroe,
dejando el camino abierto a futuras secuelas.
Uno podría argumentar que al fin
y al cabo la película está
basada en un libro escrito por un chico
de 15 años. Yo en ese terreno no
quiero entrar porque no he leído
el libro. Sin embargo, el problema de la
película no es sólo que la
historia sea un refrito de los patrones
del género y que coja cosas de los
referentes más clásicos del
cine y la literatura fantástica.
Para mí el problema está
en que visualmente la película parece
hecha con planos descartados de El
Señor de los anillos. Todo
en la cinta recuerda plano a plano a la
trilogía de Peter Jackson,
pero sin la más mínima gracia
ni esplendor. Los diseños parecen
fotocopias de los bocetos iniciales de ESDLA.
Además las referencias descaradas,
yo casi los llamaría plagios si no
fuera una palabra tan fea, a La
Guerra de las Galaxias son insultantes.
Lo mejor de la cinta es la música
del compositor Patrick Doyle,
junto con el tráiler de Los
Simpsons que proyectaron antes de
que empezara la película, y aún
así ésta resulta gastada y
reiterativa, no por fallo del compositor,
sino porque todo los que se asocie a esas
imágenes tiene por fuerza que dar
esa impresión.
Si alguien no ha visto ni leído
nada de la mitad del cine y la literatura
fantástica de los últimos
30 años tal vez puede encontrar algo
medianamente original en la cinta, pero
para el resto es una absoluta pérdida
de tiempo.
|