Resulta
paradójico que justo después
de ver un pestiño como Eragon
(Stefen Fangmeier, 2006) pasara a ver Arthur
y los minimoys, que sin ser una obra
maestra, utiliza los mismos esquemas que
Eragon, pero
de una forma mucho más fresca y divertida.
El director Luc Besson
ha sabido dar un ligero giro a los clichés
y además se ha preocupado por aportar
su propia imaginería visual, lo que
hace que la cinta aporte elementos nuevos
y atractivos al espectador.
En este caso podemos decir que aparte
del referente obvio de las leyendas artúricas,
los antecedentes cinematográficos
de esta cinta los podemos encontrar en dos
largometrajes del gran Jim Henson,
Cristal Oscuro
(1982) y Dentro
del Laberinto (1986). Con argumento
enfocado a un público mayoritariamente
infantil, Besson nos conduce
por un mundo fantástico donde se
entrecruzan imaginarias criaturas, con varios
insectos vistos de manera gigantesca desde
la perspectiva de los protagonistas.
La mayor parte de la cinta está
realizada siguiendo la técnica de
animación digital, aunque en varios
momentos se alterna con imagen real. Todo
el apartado animado está muy bien
realizado, con propuestas visuales muy llamativas.
Menos interesante es la parte de imagen
real, no sólo porque evidentemente
toda la atención de la cinta se centra
en lo que sucede en el mundo digital, sino
que con el fin de que no desentone con la
parte de animación, los actores reales
actúan de manera un tanto caricaturesca
y exagerada, especialmente Mia Farrow,
quien con sus dos últimas apariciones
en pantalla nos demuestra que su buenos
tiempos interpretativos han quedado en el
pasado.
Arthur y los minimoys
resulta un pequeño acierto por parte
de Besson que con su simplicidad
y su capacidad imaginativa consigue quitarnos
el mal recuerdo de su última película
estrenada en nuestro país, Juana
de Arco (1999).
Sólo una duda queda en el aire.
Si efectivamente ésta es su última
película como director, ¿quién
se encargará de dirigir las próximas
aventuras de los Minimoys?
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