Antes
de entrar a comentar mis impresiones de
la última película de Renny
Harlin, me gustaría dejar
una pregunta para la meditación en
el aire. Todos sabemos que por regla general
las traducciones de los títulos de
las películas en nuestro país
tienden a carecer de lógica, pero
¿por qué La
alianza del mal cuando los que integran
esa alianza son precisamente los buenos
de la película?
En su origen la película busca
alejarse de la imagen que el mundo de la
magia tiene en el cine últimamente
gracias al éxito de las adaptaciones
de novelas como la serie de Harry
Potter o La trilogía de El
señor de los anillos. Para ello,
el director Renny Harlin
ha tomado como modelos títulos como
Jóvenes ocultos
(Joel Schumacher, 1987), Jóvenes
y brujas (Andrew Fleming, 1996) o
la serie televisiva Embrujadas,
a éstas les ha añadido momentos
salidos de las típicas películas
de adolescentes universitarios tipo Desmadre
a la americana (John Landis, 1978)
o Porky’s
(Bob Clark, 1982), y una estética
heredada, cómo no, de Matrix
(Andy y Larry Wachowski, 1999-2003). El
resultado es un film estúpido, predecible
e innecesario, que perfectamente se podría
haber quedado de manera permanente en la
carpeta de futuros proyectos del director
y todos habríamos salido ganando.
La serie está protagonizada por
una serie de pseudo actores con vocación
de modelos, que se preocupan más
de lucir morritos y abdominales que de interpretar
un personaje. No había presenciado
un reparto tan carente de carisma y talento
interpretativo desde los tiempos de Dawson
crece. Las situaciones que se encadenan
son de lo más absurdas, como la persecución
por el bosque del principio de la película,
o el momento en el que el coche de uno de
los protagonistas se estrella contra un
camión en medio de la carretera.
Los efectos especiales muestran la carencia
de medios de la película, y en determinados
momentos de la película no sabemos
si estamos en el cine o ante la pantalla
de una consola.
Es cierto que tras bodrios como El
exorcista: El comienzo (2004) o Cazadores
de mentes (2004), esta película
sube ligeramente el nivel de calidad de
la carrera cinematográfica de Renny
Harlin, pero tras ver este tipo
de engendros uno se pregunta cómo
todavía hay productores que se atreven
a contratan a Renny Harlin.
Al menos si hubiesen contratado a un principiante
podríamos haber justificado el resultado
con la excusa de la inexperiencia.
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