Noche
en el museo es claramente un producto
de temporada que a España ha llegado
extrañamente con retraso. Se trata
de una película creada para aprovechar
el público familiar de la temporada
navideña. A partir de una excusa
argumental muy sencilla y ya un tanto gastada,
en la que todo lo que está dentro
del museo cobra vida por la noche, para
desesperación del novato guarda de
seguridad, se busca atraer al público
con el gancho del protagonismo de Ben
Stiller, un cómico que ha
sabido conquistar al público; unos
efectos especiales que buscan recrear de
manera realista la variada fauna, tanto
animal, humana y artística del museo:
y un amplio espectro de cameos, que incluyen
nombres clásicos, como Mickey
Rooney o Dick Van Dyke,
y más actuales, como Owen
Wilson o Robin Williams.
Para llevar esto a cabo se contrató
a un director totalmente impersonal y carente
de talento, como es Shawn Levy,
autor de títulos tan faltos de interés
como Recién
casados (2003), Doce
dentro de casa (2003), o la última
versión de La
Pantera Rosa (2006).
El resultado se ha convertido en una de
las películas más taquilleras
de estas navidades en Estados Unidos. Con
un presupuesto estimado de 110 millones
de dólares, la película rozaba
los 200 millones de recaudación al
mes de su estreno, todo un récord.
¿La razón de este éxito?
Pues que a pesar de lo insulso de su argumento,
y de tener un director de probada ineficacia
para la comedia hasta ahora, la película
es muy divertida y ofrece al espectador
dos horas de entretenimiento sencillo y
directo.
Ben Stiller vuelve a
repetir con frescura el papel de tipo ordinario
que tanto éxito le ha proporcionado
en títulos como Algo
pasa con Mary (1998) o Los
padres de ella (2000).
Los efectos especiales no son revolucionarios,
más bien cantan un poco y en ocasiones
resultan un tanto chapuceros, pero cumplen
su función con fluidez.
La música de Alan Silvestri
aporta un buen sentido de cine de aventuras
para toda la familia. Los cameos son deliciosos,
especialmente para los nostálgicos,
la presencia de Mickey Rooney,
y sobre todo el gran Dick Van Dyke,
que es, junto con Robin Williams,
el verdadero rey de la función.
El argumento nunca se complica demasiado,
dejando todo el protagonismo a los diferentes
sketches cómicos que se suceden sin
que por ello dé la impresión
de que la cinta es una recopilación
de chistes aislados, sin nexo de unión.
Shawn Levy no realiza
una dirección especialmente destacada,
pero al menos no resulta tan ramplona como
en anteriores títulos suyos.
Noche en el museo
no es una película que vaya a hacer
historia, es, tal y como comentábamos
al principio un producto de temporada, con
poca vida más allá de su explotación
comercial en cines y una primera hornada
de DVDs. Pero al menos es un buen producto
de temporada, que cumple sus objetivos y
que permite al espectador salir de la sala
con la sensación de haber invertido
bien dos horas de ocio y evasión.
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