Existen
muchas maneras de definir una película.
Algunas lo hacen de forma más acertada
y otras, desgraciadamente, recurriendo a
los mismos tópicos de siempre. Está
claro que es muy complicado encontrar uno
o varios adjetivos que sirvan para presentar
una realización, entre las muchas
que llenan las parillas de programación
de un festival como el de Sitges.
Otra cosa muy distinta es recurrir a lugares
comunes, tales como otras grandes películas
del género del terror –protagonizadas
por seres de pesadilla- y tratar, con ello,
de emparentar una determinada producción
con títulos como Alien
o Tiburón.
Esto mismo ocurrió durante la pasada
edición del festival de cine fantástico
de Sitges.
Quienes vieron el cartel de The
Host, pensaron, por las claras alusiones
a los títulos antes comentados, que
verían una película de monstruos.
¡Pues no! The
Host en una película CON monstruo,
pero no UNA película de monstruos.
Parece que la diferencia no es muy grande
pero, de verdad que lo es.
The Host,
aparte de ser una de las propuestas más
inteligentes y rompedoras –hablando
del género fantástico en particular-
de cuantas han llegado a las pantallas de
los cines, representa una acertada fusión
entre la comedia, la aventura, el drama
familiar y los monstruos cinematográficos.
Su director, Bong Joon-ho,
conocido por Memories
of murder (2003) incluso tiene tiempo
para soltar una velada crítica a
la tolerada ocupación militar estadounidense
del territorio de Corea del Sur, ante la
separación generada tras la guerra
de Corea de los años 50.
La aparición del monstruo, un mutante
acuático generado por el vertido
de elementos tóxicos a las aguas
del río Han –casualmente por
ciudadanos de los Estados Unidos- con su
carga de muerte y destrucción, es
la excusa argumental para contarnos la historia
de la familia Park y el drama que
se genera cuando la criatura atrapa y, supuestamente
mata, a la pequeña Hyun-Seo,
hija de Gang-Du, el hijo mayor
de la familia.
A partir de entonces se desata todo un
conflicto entre los miembros de la familia,
el cual se deja a un lado cuando se enteran
que Jun-Seo puede estar viva todavía.
En ese momento, cada miembro de la familia,
desde el patriarca Hee-Bong hasta
la campeona de tiro con arco, la otra fémina
de la familia, Nam-Joo, comienzan,
juntos una cacería de la bestia,
la cual les llevará a profundizar
en sus lazos familiares y afectivos y a
replantearse sus propias vidas.
Parte de estos acontecimientos están
contados con un tono de comedia, un tanto
exagerada y gestual, muy propia del cine
llegado desde Corea, pero que no evita que
cada personaje se mueva tal y como la historia
requiere.
Mientras esto ocurre, Hyun-Seo
debe tratar de sobrevivir en la madriguera
del monstruo a la vez que ejerce de hermana
mayor de otra de las víctimas, allí
atrapada.
Como toda buena película con monstruo,
hay tiempo para ver las actuaciones de las
autoridades, los expertos, un grupo de torpes
médicos –en su mayoría
de nacionalidad americana- y los vanos intentos
por atrapar a un ser de difícil definición
–mezcla rasgos de pez, con los de
un anfibio y algún otro toque de
reptil- pero capaz de burlar los sofisticados
aparatos designados para encontrarle.
Como era de esperar, quienes han sido directamente
responsables de la creación del monstruo,
los norteamericanos, tal y como ocurre en
la versión moderna de Godzilla
(Roland Emmerich, 1998) –en aquel
caso son los agentes del servicio secreto
francés que llegan a Estados Unidos
para limpiar la basura radioactiva dejada
por su gobierno tras las pruebas de nucleares
de Moruroa- utilizarán un potente
agente químico, llamado de manera
eufemística “agente amarillo”
(en clara referencia al “agente naranja”,
utilizado en la guerra de Vietnam como defoliante
químico) para tratar de solucionar
el problema.
Y mientras las autoridades tratan de taparse
las vergüenzas, la familia Park
continúa su incesante búsqueda
de Hyun-Seo, poniendo sus vidas
en juego para lograrlo.
Como verán, en The
Host hay monstruo pero la historia
da para muchos más y no cae en los
tópicos de otras producciones de
este estilo.
Hay que resaltar que gran parte de la
responsabilidad en la validez de una película
como The Host recae
en su director. Bong Joon-ho,
también co-autor del guión
original, dosifica cada uno de los elementos,
evitando caer en los excesos y compensando
cada secuencia con otra de distinto cariz
pero igualmente válida.
Momentos de tranquilidad como los que
sirven de presentación, con Gang-Du
viendo en la televisión a su hermana
compitiendo, mientras le acompaña
su hija, son demolidos con la llegada del
monstruo a la explanada donde se encuentra
el negocio familiar, en esos momentos llenos
de personas que descansan plácidamente
mientras reponen fuerzas.
La imagen de Hyun-Seo, atrapada
por la versátil cola del monstruo,
impacta, a la vez que sorprende por la economía
de recursos con la que está presentada.
No queda tiempo para reaccionar, sólo
hay tiempo para ver como la niña
es arrastrada hasta las profundidades, mientras
vemos la cara desencajada de su padre, impotente
ante el suceso.
El otro gran acierto es el casting, compuesto
por los protagonistas de la anterior cinta
de Joon-ho, Memories
of murder, más la debutante
A-Sung Ko, que da la réplica
a Hyun-Seo Park.
De entre todos destaca, por méritos
propios, Kang-ho Song,
actor capaz de interpretar cualquier registro
tal y como ha demostrado en cintas como
Join Security Area
(Chan-wook Park. 2000), Sympathy
for Mr. Vengeance (Chan-wook Park.
2002), The president´s
barber (Chan-sang Lim, 2004) o la
ya mencionada Memories
of murder.
En The Host,
Kang-ho Song interpreta
al hijo mayor de la familia Park,
un buen chico aunque algo corto de razonamiento
y padre de una niña por la que daría
su propia vida. Cuando ésta desaparece,
su existencia deja de tener sentido, justo
hasta el momento en el que se entera de
que Hyun-Seo puede estar viva y
oculta en otro lugar.
Junto al actor, considerado como el más
famoso de Corea, se encuentran Hee.Bong
Byun, en el papel del patriarca
familiar Hee-Bong; el actor Hae-il
Park, que también repite
con el director; y la actriz y modelo Doo-na
Bae, intérprete de
películas como Take
care of my cat (Jae-eun Jeong, 2001),
Tube (Baek Woon-Hak, 2003) o Sympathy
for Mr. Vengeance, junto a Kang-ho
Song.
The Host
supone el debut en la gran pantalla de A-Sung
Ko, joven actriz que le toca lidiar
con el monstruo, mientras debe tutelar a
una pequeña víctima de la
criatura, atrapada, como ella en la guarida
de la criatura mutante.
El director se basó para escribir
la historia en un caso real -el accidente
de un transporte de un gas tóxico
muy peligroso- el cual sucedió en
el año 2000 y cuyas causas fueron
mucho peores de lo que se dijo en un principio.
Bong-Joon-ho declaró
durante su presentación en Sitges,
que con The Host
no pretendió criticar a los
Estados Unidos sino la tutela que dicho
país ejerce sobre Corea desde los
años 50. Tal situación permite
que las tropas americanas se comporten con
total impunidad sobre el territorio de Corea
del Sur, ocasionando desgracias como la
que sirvió de base a la película.
Lo mejor de todo es que la película
está cosechando éxito tras
éxito –en Sitges
se llevó el galardón a los
mejores efectos especiales y mejor director
del jurado Orient Express-Casa Asia- y buenas
críticas llegadas de publicaciones
tan poco amantes del género fantástico
como la francesa Cahiers du cinema
–que la sitúan entre las tres
mejores películas del pasado año-.
Por fortuna para los espectadores españoles,
The Host
ha contado con distribución cinematográfico
para el territorio nacional, gracias a Notro
Films, permitiendo que una pequeña
obra maestra del género como ésta
se pueda disfrutar en pantalla grande y
no en formato DVD exclusivamente.
Lo que sí les recomendaría,
como suelo hacer en otras ocasiones, es
que tengan la mente abierta y estén
dispuestos a ser cómplices de la
historia que verán en los cines.
Puede que al principio les sorprenda pero
no se sentirán defraudados.
Personalmente, la aventura para ver The
Host, comenzó 15 minutos antes
de su pase durante el festival. Todo porque
el ferrocarril que debía llevarnos
plácidamente hasta Sitges
la mañana de su proyección,
se tomó un descanso a medio camino,
lo cual casi acaba con las ilusiones de
todos los acudíamos al encuentro
de llegar a tiempo.
Por ello, si los que llegamos con la lengua
fuera –literalmente- tras recorrer
el trayecto entre la estación de
trenes de Sitges y el auditorio
del hotel Meliá, en un tiempo récord,
pudimos disfrutar de The
Host, ustedes que acuden sin prisas
y ocupando su butaca sin pasar por encima
de nadie, cómo no la van a disfrutar?
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