Ya
desde su primera película, Pi
(1998), quedó clara la preferencia
del director Darren Aronofsky
por las historias extremas, con personajes
torturados y al límite, y por presentar
imágenes duras e impactantes al espectador.
La cinta fue financiada con aportaciones
económicas de su familia y amigos,
y presentada de manera triunfal en el festival
de Sundance de 1998, donde obtuvo el premio
al mejor director.
Rodada en blanco y negro la cinta ofrecía
un excelente trabajo de fotografía
de Matthew Libatique, con
la imagen cargada de un grano que potenciaba
su valor claustrofóbico y perturbador.
Otro elemento al que el director le dio
un valor especialmente relevante fue a la
música de Clint Mansell
y el Kronos Quartet. Mansell
desarrolló una composición
experimental, mezclando sonidos acústicos
y sintéticos que se fusionaban de
manera ejemplar con las imágenes.
Con su segunda película, Réquiem
por un sueño (2000), Aronofsky
contó con un presupuesto mucho mayor
para rodar una historia igual de arriesgada
pero visualmente más ambiciosa. El
director aportó un acercamiento visualmente
novedoso al mundo de la drogadicción,
volviendo a contar con Libatique
y Mansell para desarrollar
un cuidado equilibrio entre la música
y la imagen. A éstos se suma también
el editor Jay Rabinowitz,
quien desarrolla los elementos de montaje
ya apuntados en el trabajo de Oren
Sarch, potenciando aspectos como
las reiteraciones, o las imágenes
aceleradas.
A nivel interpretativo destaca la presencia
de Ellen Burstyn, una actriz
muy exigente con los proyectos en los que
se involucra, y que ha vuelto a repetir
con el director en La
fuente de la vida.
Este tercer proyecto de Aronofscky
ha tenido una gestación más
lenta. Inicialmente, La
fuente de la vida se iba a rodar
en 2002 con Brad Pitt y
Cate Blanchet de protagonistas
y con un presupuesto de 75 millones de dólares.
Sin embargo, tras la caída de los
actores protagonistas (Blanchett
estaba embarazada y Pitt
prefirió rodar Troya),
el estudio canceló la producción.
Aronofsky tuvo que reescribir
el guión para hacerlo más
económico y contó finalmente
con Hugh Jackman, conocido
por su papel de Lobezno en los
Xmen
(Bryan Singer, 2000) y su mujer Rachel
Weisz, ganadora de un Oscar por
El jardinero fiel
(Fernando Meirelles, 2005), como protagonistas.
La propuesta del director era ofrecer
una cinta de ciencia ficción novedosa,
que se alejara de los clichés argumentales
y visuales del género. La trama va
alternando tres historias ambientadas desde
la España del siglo XVI hasta el
profundo espacio del siglo XXVI, donde el
héroe intentará encontrar
el árbol de la vida, una entidad
legendaria que otorga la vida eterna a aquéllos
que beben su savia, para intentar salvar
la vida de su esposa enferma de cáncer.
La historia requirió grandes esfuerzos
por parte de los colaboradores de Aronofsky
para crear vínculos entre las tres
épocas de la película. El
equipo formado por el director de fotografía
Matthew Libatique, el diseñador
de producción James Chinlund,
el montador Jay Rabinowitz,
los supervisores de efectos visuales Jeremy
Dawson y Dan Schrecker,
el supervisor de efectos especiales de caracterización
Adrien Morot, la diseñadora
de vestuario Renée April
y el compositor Clint Mansell,
Aronofsky trató
con sumo cuidado los elementos creativos
y técnicos que ayudaran a que el
paso de una a otra historia se realizara
de forma continuada y sin sobresaltos.
Para este tercer título el director
se aleja del estilo visual agresivo de sus
trabajos anteriores, y se centra en ofrecer
una sucesión de imágenes de
gran belleza, especialmente en lo referente
al viaje del futuro. A la hora de crear
los imaginativos efectos visuales de la
película, se buscó crear un
look original y atemporal para el espacio
exterior que no descansara en su mayor parte
en imágenes creadas por ordenador.
Para lograr ese objetivo, se contrató
al fotógrafo inglés Peter
Parks, quien tomó micro-fotografías
de minúsculas reacciones químicas
que se producían en una placa Petri.
El resultado es una experiencia audiovisual
muy particular, que no ha sido muy bien
recibida por gran parte del público
y la crítica. Acusada de vacua y
pedante la película recibió
un duro abucheo en la Sección Oficial
de la última Mostra de Venecia. La
cinta se presenta como un viaje espiritual
que trabaja más a un nivel metafórico
que narrativo, dejando muchos elementos
de la historia abiertos a la interpretación
del espectador. A mí personalmente
me pareció una excelente película,
original, imaginativa y visualmente hermosa,
destacando especialmente el clímax
final, donde la imagen y la música
se fusionan de manera espectacular.
Sin duda el cine de Aronofsky
se mantiene como una obra de extremos que
fascinan a sus seguidores, y que enojan
a sus detractores. Con sólo tres
títulos en su filmografía,
ya se ha convertido en un director controvertido,
con un estilo visual y narrativo muy marcado
y personal. |