Tras
darse a conocer con Secretary
(2002), una curiosa película sobre
la relación de una masoquista con
su jefe sádico, el director Steven
Shainberg ha querido acercarse
a un proyecto personal con una irreal biografía
sobre la fotógrafa Diane
Arbus.
Arbus se dio a conocer
en Estados Unidos a partir de 1967. Recorría
los más peligrosos barrios de Nueva
York para seleccionar a los personajes que
retrataría. Eligió a personas
marginales para sus fotografías:
gemelos, enfermos mentales, gigantes, familias
disfuncionales, fenómenos de circo,
etc. Sus modelos miraban directamente a
la cámara, con la intención
de producir en el espectador "temor
y vergüenza", al mismo tiempo
que representaba lo normal como monstruoso.
Para la película Shainberg
ha tomado como referentes algunos títulos
célebres de la historia del cine.
Una obra fundamental tanto para el director
como para la propia Arbus
en su momento sería La
parada de los Monstruos dirigida
por Tod Browning en 1932.
Con este título Browning
creó una obra poética y aterradora,
donde lo normal es presentado como corrupto
y degenerado, y los protagonistas son los
que representan valores como la amistad,
el honor, la lealtad y el sacrificio.
En La bella y
la bestia de 1946 el director Jean
Cocteau tomó como punto
de partida la novela de Jeanne-Marie
Leprince de Beaumont para narrar
una arrebatadora historia de amor que se
adentra más allá de la belleza
física .
Otro nombre importante en lo referente
a la visualización de lo bizarro
es el director David
Lynch quien en 1980 ofrecería
con El hombre elefante
su obra más emotiva y humana.
Finalmente en 1994 Tim Burton
nos ofrecería con Ed
Wood no sólo un acercamiento
a la figura de este denostado director,
sino al grupo de seres marginados que le
acompañan.
En todas estas cintas se nos plantean
los conceptos de normalidad y anormalidad,
invirtiendo los patrones y llevándonos
a identificarnos con aquellos a quienes
en la vida real miraríamos con extrañeza,
recelo o asco.
La visión de estos cuatro directores
queda patente en Retrato
de una obsesión, sin embargo,
donde los anteriores ofrecían poesía,
belleza y comprensión, Shainberg
se limita a mostrarnos ambos mundos, dejando
claro que dentro de lo que consideramos
normal se esconde también la deformidad,
sólo que no es evidente a la vista.
Sin embargo, en mi opinión, fracasa
a la hora de transmitirnos la humanidad
de los modelos de Arbus.
Podemos ver su fascinación hacia
ellos, llegando a niveles mórbidos,
la liberación que supone para la
artista el alejarse de su encorsetada sociedad
y adentrarse en ese mundo oculto, incluso
las equivalencias que establece entre ambos
mundos.
En ningún momento alcanza la poética
de Cocteau o de Browning,
pero tampoco nadie se lo había pedido.
A nivel interpretativo todo correcto, quizás
criticar la excesiva frialdad de Nicole
Kidman que algunos ya atribuyen
al botox. Robert Downey Jr. presenta
un trabajo lucido, y al mismo tiempo contenido,
heredero no sólo en cuestión
de maquillaje, sino también de actitud,
del Jean Marais de La
bella y la bestia, y Ty Burell
consigue suplir que su nombre no
es tan conocido como el de sus compañeros
con una medida interpretación, con
variedad de matices.
El problema principal para mí surge
cuando llegando ya a la parte final Diane
habla de su amor hacia Lionel.
Yo en todo momento vi en su relación
un componente de atracción, sí,
y de amistad, también, pero en mi
opinión, el amor es algo más
que la suma de estos dos conceptos, y eso
Shainberg no me lo supo
transmitir. Por lo que finalmente para mí
la cinta se quedó a medio camino
y yo salí de la sala con la impresión
de que me habían contado mal una
historia que podría haber sido interesante,
pero que acaba siendo larga y aburrida. |