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Estreno en Estados Unidos  11-05-2007 Estreno en España  29-06-2007
28 SEMANAS DESPUÉS / 28 WEEKS LATER por José Arce
Visita también la crítica de Friki D.M.
Género: Terror / Ciencia ficción
País: Reino Unido
Año: 2007
Duración: 99 mins.
Ficha técnica

Dirección - Juan Carlos Fresnadillo
Guión - Rowan Joffe, Juan Carlos Fresnadillo, Jesús Olmo
y Enrique López Lavigne
Producción - Enrique López Lavigne, Andrew Macdonald y Allon Reich
Fotografía - Enrique Chediak
Música - John Murphy

Ficha artística

Robert Carlyle - Don
Rose Byrne - Scarlet
Jeremy Renner - Doyle
Amanda Walker - Sally
Shahid Ahmed - Jacob
Harold Perrineau - Flynn
Catherine McCormack - Alice

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Cuando el ecléctico Danny Boyle dirigió 28 días después (2002), consiguió, seguramente sin pretenderlo, convertir una de sus películas más modestas en uno de los mayores éxitos comerciales de su carrera. Preciosa y preciosista, repleta de imágenes sugerentes, algunas de ellas de un impacto visual inolvidable –el contagio de Brendan Gleeson pone los pelos de punta por muchas veces que se vea-, estaba destinada a hacerse un hueco en esa peculiar vitrina en la que conviven títulos que consiguen ser etiquetados “de culto”, pero también gozar de gran popularidad entre crítica y público.

No siempre es necesario que sólo unos pocos aprecien un film, o que pasen un montón de años para que sea reconocido como tal tras sesudas revisitaciones a cargo de los de siempre.

Más allá de sus abundantes méritos artísticos, 28 días después contribuyó de forma significativa al asentamiento de un tipo de zombi aterrador por circunstancias distintas al concepto clásico del muerto viviente: este nuevo cadáver andante corre que se las pela, posiblemente mucho más que los vivos a los que trata de dar caza. Además, el contagio es inmediato, de suerte que a los pocos segundos de ingerir sangre o saliva de un infectado, una nueva víctima se une a la masa caníbal.

De hecho, Boyle y Alex Garland, responsables directos de la película, se refieren a ellos como “rabiosos”, contagiados de una plaga, la ira, que encuentra claros referentes en el mundo en el que vivimos hoy en día.

Dos años más tarde, en 2004, Zack Snyder ratificó esta visión del antropófago en su estupenda Amanecer de los muertos, remake de la película homónima de Romero de 1978, logrando otro considerable pelotazo comercial.

Visto lo visto, y siendo el fantástico el género por antonomasia que más disfruta fagocitándose a sí mismo, las aventuras de la Gran Bretaña apocalíptica devastada por las hordas resucitadas pedían a gritos –y a mordiscos- una continuación.

Ahora bien, era imperativo que un director con aptitudes necesarias se colocara tras las cámaras. En un mundo lleno de peligros como Uwe Boll (responsable de engendros como House of the dead en 2003, o Alone in the dark en 2005), la amenaza es constante, y el menor descuido puede echar al traste un proyecto… a menos que se cruce en tu camino un joven realizador tan prometedor como el canario Juan Carlos Fresnadillo, cuyo Intacto (2001) encandiló al tándem Garland/ Boyle. El contagio continuaba en buenas manos, al menos a priori.

La película arranca, exactamente, 28 semanas después del inicio de la plaga. Estados Unidos –quién si no- vela por la seguridad de la isla, hasta el punto de que la repatriación de los hijos de Gran Bretaña se está llevando a cabo con paso lento, pero firme, en una zona de seguridad en la que los ciudadanos pueden recuperar la vida que habían dejado atrás.

Entre los atribulados vecinos se encuentra Don (Robert Carlyle), que espera ansioso la llegada de sus hijos de “la soleada España” tras perder a su mujer en un incidente que, la verdad, podría haber evitado con un pelín más de valor. Cuando sus preciosos hijos rubios regresan y ven el panorama, se las apañan para saltarse el perímetro y volver al desolado hogar materno, ignorando el hecho de que todavía puede haber contagiados sueltos por las calles. Sin pretenderlo encuentran a su madre, Alice (Catherine McCormack), cuya sangre puede ser una vacuna contra el virus. Pero ya es demasiado tarde; un pequeño error desencadena la tragedia…

Lo primero que hay que señalar es que estamos ante una digna secuela de su predecesora, al menos en el plano estético y formal. Los zombis de arte y ensayo siguen disfrutando, con el pulso firme de Fresnadillo, de un espectacular marco visual en el que demostrar que pueden correr, saltar, babear y morder sin renunciar a la estética.

Pero la traba principal es precisamente esa: el realizador canario no aporta nada más. Al igual que ocurría con el título original, lo mejor del film es su prólogo, unos inquietantes diez minutos iniciales que sitúan a los supervivientes en un entorno oscuro, silencioso e incierto que sumergen al espectador en la trama de manera inevitable. A partir de ahí, el –lógicamente- hinchado presupuesto logra imponerse para ofrecer una sucesión de imágenes potentísimas e impecables en las que se doblan el número de explosiones, de extras corriendo por las calles y de planos aéreos de un Londres desolado que se convierten en el mayor hallazgo de esta secuela, ya que podemos disfrutar de los iconos arquitectónicos de la ciudad envueltos en un tenso silencio, pero también de barrios residenciales, la campiña o el mítico Wembley, sólo para nuestros ojos. Y eso es todo: un bonito envoltorio que no esconde nada.

Así pues, lo que ocurre siete meses después de que aquellos ecologistas liberaran a los monos infectados no es sino una inercia de lo que empezaron a contarnos hace cinco años. Lo peor de todo son, sin duda, el absurdo punto de partida de la historia -¿a quién se le ocurre comenzar a repoblar un país sin eliminar totalmente la amenaza?- y algunas secuencias disparatadas en un contexto pretendidamente serio –el uso del helicóptero en el prado, por ejemplo-.

Alegra, eso sí, ver otra vez en un producto decente a Robert Carlyle, al que seguimos echando de menos pero que por lo menos se lo pasa pipa haciendo trastadas por ahí, saltándose el pesado proceso de redención al que parece que va a ser sometido tras su cobarde actuación en el arranque de la trama. Si la intención de los personajes representados por sus hijos es la de reflejar la rebeldía de los desencantados chavales de hoy en día, desencadenante de tantos “problemas” en la sociedad actual, etcétera, etcétera, no lo consiguen. Pero lo que sí ha de destacarse es el contundente pesimismo que lo impregna todo, la imposibilidad de salvación en un mundo en el que el enemigo no es ya solamente ese pútrido pseudo ser que corre dando bandazos hacia nosotros, sino la propia autoridad, que no distingue –a veces por imposición, a veces por decisión propia- entre inocentes y culpables a la hora de aplicar su justicia.

Incluso quienes deciden elegir el bando moral y humanamente correcto –representado por Rose Byrne (Scarlet) y, sobre todo, por Jeremy Renner (Doyle)- pagan un precio que, si bien están dispuestos a aceptar, es demasiado alto. Una visión cárnica y literal de la teoría sartriana de que el infierno es la presencia del otro. El problema es, nueva y categóricamente, la intención comercial de este producto, desenmascarada en última instancia en un plano secuencia nervioso pero impecablemente rodado que regala un final abierto a la perpetuación de una saga que corre el peligro de devenir en serie de televisión.

Perfectamente disfrutable si se acude a verla sin pretensiones y con un bol de palomitas, Danny Boyle está muy contento con el resultado, hasta el punto de afirmar que ya está pensando en qué ocurrirá 28 meses después; de hecho, afirma que si no encuentra a nadie, se encargará él mismo de dirigirla. Ya veremos.

 Web oficial  Tráiler en quedetrailers.com
28 semanas después

When days turn to weeks.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




28 semanas después

GranBretaña, asolada, espera su reconstrucción.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



28 semanas después

Equipados contra la infección.

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