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Vi Hostel 2
sin haber visto su predecesora. Conocía
a Eli Roth, su director,
por Cabin
fever, una de esas películas
de las que nunca has oído hablar
y que vas a ver al cine con la esperanza
de pasar un rato entretenido sin más
expectativas. Y la verdad es que me resultó
tan original y divertida como en su día
habían podido ser otros sleepers.
Tras ver Hostel
2, alquilé Hostel
(2005) para ponerme en antecedentes.
Hostel
y Hostel 2
son películas de presupuesto, con
localizaciones en Europa, medios técnicos
y artísticos sofisticados, más
elaboradas y ambiciosas que su ópera
prima lo cual es positivo, aunque como ocurre
con casos similares, la frescura del cine
serie B se pierde para dar paso a otro cine
de otras características y al que
se le piden otras exigencias.
Si tengo que elegir me quedo con Cabin
fever, su sencillez y mensaje claro
y conciso no están tan presentes
en Hostel
donde se pueden intuir una serie de críticas
algo confusas a la mentalidad del turista
estadounidense, pero que mezcladas con una
visión grotesca de Europa, se diluyen
entre la ignorancia propia de algunos cineastas
americanos y la intención de provocar
bochorno. Frases como “Ya no queda
ningún lugar seguro en Europa”
no se sabe si están escritas para
el cachondeo del público más
inteligente europeo o para provocar el pánico
entre los espectadores norteamericanos.
Ambas partes se diferencian en más
bien poco, en la primera los protagonistas
eran tres chicos y en Hostel
2 tres chicas, en ambos casos mochileros
de viaje por Europa en busca de diversión,
alcohol, drogas y sexo. La película
funciona como una versión macabra
del cuento de Hansel
y Gretel, a los protagonistas se
les emborracha y empapuza, se les pervierte
y extasía durante la primera mitad
del metraje, para en la segunda pasar al
calabozo donde serán juzgados por
su insensatez, su candidez de turista bobalicón
y por todos sus vicios. Allí donde
antes fueron ejecutores de sus más
bajas pasiones, ahora serán los ejecutados,
las víctimas de las bajas pasiones
de otros, mucho más poderosos, mucho
más crueles e implacables. ¿Crítica
a la política exterior de la administración
Bush?
Hostel 2,
al contrario que Hostel,
tiene un claro protagonismo femenino. En
Hostel, el
único que consigue salvarse del grupo
se permite tener un comportamiento heroico
en un determinado momento del final. En
Hostel 2,
las actitudes de las mujeres que retrata
Roth son más retorcidas
y escabrosas, con un sorprendente elemento
de venganza y de sadismo que, seamos un
poco machistas, uno no se imagina en el
sexo débil. Es más, los protagonistas
masculinos resultan tan patéticos
en sus motivaciones como patética
su actitud ante el dolor, sea inducido o
provocado.
Sé que una parte del público
y de la prensa especializada alaba la osadía
de Roth en mostrar la crudeza
de algunas imágenes de tortura y
sadismo. Incluso he llegado a leer que forma
parte de un personal homenaje a un cine
de otra época. Mi opinión
es que si el cine refleja el presente, bien
está en mostrar la crueldad del mundo
en que vivimos, pero también es cierto
que la sociedad de antes veía el
cine con distanciamiento y horror, mientras
que la actual tiende a imitar, e incluso
a superar al original, y no sé si
esto no deja de ser pernicioso, sin afán
de resultar moralizante, el hecho de mostrar
ciertas imágenes a parte de un público
que no sabemos cómo va a entenderlas
y si sabrá asimilarlas. Por desgracia
los imitadores abundan demasiado hoy en
día.
Si tengo que elegir, Hostel
mejor que Hostel
2, aunque hay que reconocerle a Eli
Roth unas maneras fílmicas
notables y el saber realizar una secuela
meditada y con sentido de la continuidad
y no como una vulgar imitación del
original, pese a la repetición de
muchos de los patrones de su antecesora.
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