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Estreno en Estados Unidos  03-07-2007 Estreno en España  04-07-2007
TRANSFORMERS por José Arce
Visita también la crítica de Eduardo Serradilla

Género: Ciencia Ficción / Acción
País: Estados Unidos
Año: 2007
Duración: 144 mins.

Ficha técnica

Dirección - Michael Bay
Guión - Alex Kurtzman & Roberto Orci
Producción - Lorenzo di Bonaventura, Tom Desanto, Don Murphy, Ian Bryce
Fotografía - Mitchell Amundsen
Música - Steve Jablonsky
Montaje - Paul Rubell, Glen Scantlebury, Thomas A. Muldoon

Ficha artística

Shia LaBeouf Sam Witwicky
Tyrese GibsonSargento Epps
Josh Duhamel Capitán Lennox
Megan FoxMikaela Banes
John TurturroAgente Simmons
Jon Voight John Keller

Comentarios

Ha pasado ya algún tiempo desde que Michael Bay se diera cuenta de que no necesitaba a Jerry Bruckheimer detrás suyo para reventar la taquilla norteamericana y, por ende, la del resto del mundo. Se convirtió en su propio productor a través de Bay Films, para que nadie metiera mano en sus fastuosos proyectos, y posteriormente creó, junto a Brad Fuller y Andrew Form, Platinum Dunes, destinada a financiar producciones de costo inferior a los 20 millones de dólares que sirvieran como plataforma de lanzamiento de jóvenes directores procedentes, como él, del mundo de la publicidad y el videoclip; curiosamente, en proporción, los económicos remakes de clásicos de terror que ha auspiciado resultan más rentables que sus imponentes castañazos, necesitados de inversiones multimillonarias.

Por lo que se ve, volverá a unir fuerzas con Bruckheimer para adaptar el videojuego Prince of Persia a la gran pantalla, pero por ahora ha encontrado un socio que tampoco anda escaso de ojo comercial: Steven Spielberg, que mantiene intacta su increíble capacidad para permanecer en la imaginería popular desde que llegara a la industria por la puerta grande con esa joyita inmortal que es El diablo sobre ruedas (1971). Ahora han unido fuerzas y talonarios para llevar a los cines la historia de los clásicos juguetes creados a mediados de la década de los 80 por la firma Hasbro, que compró los derechos de un montón de marcas japonesas de robots cambiantes y transformables para patentarlos todos juntos bajo el nombre de Transformers.

Desde luego, quien acuda al cine a ver la película no lo hará con expectativas de salir de la sala pensando en el mensaje transmitido por el film, sino que buscará lo que se supone que tiene que ofrecer el taquillazo más esperado del verano: entretenimiento, puro y duro.

Sin embargo, dentro de este concepto Michael Bay navega sin rumbo fijo tratando al espectador como si la historia que cuenta le importase tan poco como a él. Porque Transformers es, ante todo, un trabalenguas visual desorbitado, con más momentos sonrojantes que acertados –que también los hay-. Sin duda, lo mejor es el trabajo de los genios de Industrial Light & Magic, que logran crear el más perfecto ejemplo de animación CGI visto hasta la fecha; texturas y colores rozan la perfección, integrando a Autobots y Decepticons en su entorno, sea este el que sea, de día o de noche, secos o mojados, estáticos o en movimiento.

Dieciocho horas de trabajo por cada fotograma merecen nuestro reconocimiento, pero, una vez más, no el del responsable de las inefables Pearl Harbor (2001) o La isla (2005): durante la acción, cuesta distinguir a unos robots de otros, y sólo en los momentos de calma podemos recrearnos en estas maravillas de la tecnología, entre las que destaca, por encima de todos, Optimus Prime, que llena la pantalla con sus apariciones.

Por su parte, Megatrón se convierte en un secundario desfasado que no aporta nada a la trama, mientras que los partenaires de ambos bandos se reparten la aprobación de la platea despertando una mayor o menor simpatía –o rechazo, en su caso-.

Por supuesto, las máquinas se llevan los mejores momentos del film, entre ellos la secuencia en la que se esconden de los padres del protagonista en el jardín familiar. Y hay que decir que el hecho de que Bumblebee participe de uno de los momentos más vergonzosos no empaña su esfuerzo.

En cuanto al reparto humano, la verdad es que no se puede resaltar gran cosa. Shia LaBeouf, tras acompañar a Will Smith en Yo, robot (Alex Proyas, 2004) y a Keanu Reeves en Constantine (Francis Lawrence, 2005), ha conseguido ganarse el favor de Spielberg, que financió Disturbia (D.J. Caruso, 2007) y le ha elegido para perpetuar las aventuras del decadente Harrison Ford como Indiana Jones, el expoliador más famoso de la historia del cine.

Para erigirse en salvador de nuestro mundo y del "american way of life", el joven actor opta por una interpretación que cabalga entre el histrionismo y la histeria, rebasando en mucho al típico chaval quinceañero de hormonas aceleradas; aún así, guste o no, supone lo mejor del casting que puede verse a lo largo de las dos horas y media de metraje.

Al guaperas de Josh Duhamel lo han sacado de su ideal Montesito televisivo de Las Vegas para convertirlo en el inverosímil capitán Lennox, que junto al cantante de hip hop Tyrese Gibson en el rol del sargento Epps –un rapero interpretando a un militar es, o debería ser, algo así como un vegetariano protagonizando Super Size Me (Morgan Spurlock, 2004), pero el dinero manda-, se encargará de comandar a un pequeño grupo de soldados que serán, a la postre, la última esperanza de la humanidad.

De Megan Cox, maniquí andante por la que Sam bebe los vientos, mejor no hablar. Quedan dos secundarios de lujo, John Turturro (agente Simmons), en un papel que parece escrito para Will Ferrell –y no es un insulto para ninguno de los dos-, y Jon Voight (Secretario de Defensa John Keller), que por primera vez en su honorable carrera parece un anciano senil sin pretenderlo; si en muchas películas de terror y ciencia ficción modernas se contrata a un actor de renombre para dignificar la producción y ejercer de gancho –por poner un ejemplo, Gabriel Byrne en Ghost Ship (Steve Beck, 2002)-, la incapacidad de Michael Bay para dirigir a sus actores convierte a estos dos magníficos intérpretes en tristes guiñapos ridículos. Total, a él qué le importan los que no pilotan un caza, disparan un M16 o destrozan un Ferrari contra una barricada. De hecho, si durante la proyección comes palomitas a puñados, de forma que el ruido que reverbera en tu boca no te deje oír las conversaciones entre los protagonistas, mucho mejor.

Lo que no falta es el sello de la casa, esto es, el auto homenaje: largos planos circulares a cámara lenta, atardeceres naranjas, jóvenes perfectos besándose debajo de un árbol, una espectacular persecución en una carretera con explosiones y coches volcando y haciendo piruetas y, por supuesto, hermosas secuencias de despliegues militares, de fuerzas especiales, de policías, de bomberos y de todos los cuerpos de seguridad uniformados que tanto gustan al responsable de Armageddon (1998).

Tampoco se hecha de menos la publicidad, para nada subliminal, y cada 30 segundos una marca comercial hace su aparición, de una u otra forma, en un tour de force comercial en el que sólo faltan planos detalle de un brick de leche para que se vea bien la marca, en la mejor tradición de las teleseries para toda la familia.

La grandilocuente banda sonora es la misma que en toda la filmografía de Bay, con algunos giros que pretenden ser graciosos, aunque… no lo son.

Y no olvidemos el discurso de rigor, a cargo de Optimus Prime, que nos recuerda lo brutal que es la raza humana, a pesar de lo cual merece ser salvada. Gracias.

Esto es Transformers, un nuevo vehículo para que el californiano se masturbe ante nuestras narices con otra de sus propuestas que desvirtúan conceptos como “excesivo” y “adrenalítico”, llenándolo todo de explosiones, humo, fuego y caos controlado a duras penas en el último minuto.

Y ya está pensando en la secuela, prevista para 2009.

 Web oficial  Tráiler en quedetrailers.com
Transformers de Michael Bay

Su guerra, nuestro mundo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




Transformers de Michael Bay

Shia LaBeouf preparándose para
lo que le viene encima.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



Transformers de Michael Bay

Los autobots están decididos a defender a la raza humana.

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