Si
Philip K. Dick levantara
la cabeza y viera lo que Hollywood está
haciendo con su obra seguramente volvería
a darse a las drogas. Es cierto que títulos
como Blade Runner
(Ridley Scott, 1982) o Desafío
Total (Paul Verhoeven, 1990) son
excelente películas, pero por regla
general la mayor parte de las adaptaciones
no pasan de cintas mediocres que no saben
sacar partido del material literario que
dejó el escritor estadounidense.
Ese es el caso de Next,
la última película de Nicolas
Cage.
Partiendo del relato The
golden man, los guionistas Gary
Goldman y John Hensleigh
han desarrollado una historia sin sentido,
llena de momentos ridículos, de personajes
que actúan sin lógica alguna
y giros de trama que no hacen más
que molestar al espectador. A esto hay que
añadir una realización apagada
de Lee Tamahori, que cada
vez es peor director, unos efectos especiales
que más bien parecen esbozos de animáticas
del nivel de cutrez que llegan a alcanzar,
y unas interpretaciones planas por parte
de unos actores que se creen sus personajes
aún menos que los espectadores.
Tras ver la película al espectador
le quedan muchas preguntas sin respuesta:
- ¿Qué motiva a los terroristas?
- ¿Por qué son franceses?
- ¿Qué pinta el papel de Peter
Falk en toda la historia?
- ¿por qué Julianne
Moore es tan inexpresiva?
- ¿De verdad es tan fácil
llevarte a la cama a Jessica Biel?
- ¿Si Nicolas Cage
realmente pudiera ver el futuro, hubiese
aceptado protagonizar esta película?
Lo cierto es que tras elecciones como
The Wicker man
(Neil Labute, 2006), El
motorista fantasma (Mark Steven Johnson,
2007) y Next,
Cage debería plantearse
muy seriamente despedir a su agente, o al
menos al asesor de imagen graciosillo que
le dijo que ese peinado le quedaba bien.
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