En
1987 el director Nils Gaup debutaba
con El guía
del desfiladero, una cinta con la
que obtuvo una nominación a los Oscar
por mejor película extranjera. Ahora
el director Marcus Nispel
lleva a la pantalla una especie de remake
de aquella historia, aunque cambiando la
ambientación de Noruega a la Norteamérica
precolombina.
La carrera de Nispel
guarda un extraño vínculo
con la del director Zack Znyder.
Ambos triunfaron con su debut en la dirección
de largometrajes con dos remakes de clásicos
del cine de terror, La
Matanza de Texas (1974) de Tobe
Hooper y Zombie
(1978) de George
A. Romero.
Hace algunos meses Znyder
triunfaba nuevamente con 300
(2007), una cinta de tono épico cargada
de una violencia muy esteticista, y ahora
Nispel llega a nuestras
pantallas con otra historia de características
similares.
Además, en ambos casos se impone
una estética heredada del cómic.
En el caso de 300
directamente sacada del cómic de
Frank Miller, mientras
que El guía
del desfiladero opta más por
la estética de títulos como
Conan
o Slaine.
Nispel ha dejado su personalidad
marcada en la cinta a través de su
capacidad para crear ambientes a través
de una puesta en escena esteticista y su
preferencia por imágenes violentas
y sangrientas. Estos dos elementos son características
fundamentales en esta película, donde
destaca la excelente labor de fotografía
de Daniel Pearl. En este
sentido la película es visualmente
llamativa, casi pictórica.
En el otro lado de la balanza, hay que decir
que la historia es bastante simple, con
diálogos forzados y sin que haya
espacio para que los personajes pasen de
ser meros estereotipos planos y sin personalidad.
Además hay momentos en los que los
efectos resultan francamente deficientes,
como es el caso de toda la parte de la avalancha.
La película se deja ver, sin más,
pero de haber contado con un guión
más trabajado, o al menos con un
director que no centrara toda su atención
en el apartado visual y trabaje también
el literario, seguramente nos hubiésemos
encontrado con una cinta superior. |