Tengo
que reconocer que en un principio el planteamiento
inicial de Ratatouille
no me llamaba en exceso la atención.
Esa historia de superación con una
rata que quiere ser chef no me parecía
en absoluto apetecible. Sin embargo, los
nombres de Pixar y Brad
Bird para mí son garantías
de calidad. Afortunadamente, porque posiblemente,
de no ser por los nombres que hay detrás
de la película tal vez no hubiese
ido a verla.
Es verdad que el cine de animación
digital está en plena eclosión,
pero también es cierto que bajo esa
excusa están saliendo muchos productos
mediocres. El año pasado tuvimos
que sufrir títulos nefastos como
El corral, una fiesta
muy bestia (Steve Oedekerk, 2006)
o La increíble
pero cierta historia de Caperucita Roja
(Cory Edwards, Todd Edwards y Tony Leech,
2005), o meramente entretenidos como Vecinos
invasores (Tim Johnson y Karey Kirkpatrick,
2006) o Colegas
en el bosque (Jill Culton y Roger
Allers, 2006).
Este año ni Érase
una vez... un cuento al revés
(Paul J. Bolger, 2007), ni Shrek
Tercero (Chris Miller, 2007), ni
Los Simpsons
han ofrecido auténticos ejemplos
de magia animada. Tenía que ser nuevamente
la Pixar quien diera un
giro a esta situación con Ratatouille.
Podemos decir que nuevamente la Pixar
ha optado por una historia bastante sencilla,
con sus acostumbrados niveles de emotividad
y sentimentalismo, potenciando como es norma
en ellos todos aquellos elementos que puedan
hacer cercanos a los personajes con el público.
En este sentido podemos destacar momentos
sublimes como el desenlace con el crítico
gastronómico, que resulta ser un
giro magistral en la historia.
A nivel técnico la cinta es francamente
sublime. El trabajo de animación
está francamente logrado, la agilidad
con la que se mueve la cámara por
todo el espacio digital es asombrosa, así
como la nitidez y el realismo obtenido.
En ese sentido la cinta sabe equilibrar
con muy buen gusto los elementos más
innovadores en cuanto a puesta en escena,
con referencias al imaginativo mundo de
los clásicos originales de la Disney.
Resulta llamativo por ejemplo todo el bloque
del clan de las ratas en la cocina, que
recuerda a los insólitos cuadros
presentados en las silly symphonies
de los años 20 y 30, pero sacando
partido a todas las posibilidades que ofrece
la tecnología digital.
Desde aquí no puedo dejar de recomendar
fervientemente que no se pierdan esta película,
en mi opinión lo mejor que ha ofrecido
este verano en las carteleras. |