En
Ovejas asesinas
nos encontramos ante otro batido de referencias
varias, esta vez de producción neozelandesa.
La cinta mezcla una historia de concienciación
medioambiental, con críticas a la
ingeniería genética, y guiños
al cine de zombies y de licántropos.
De nuevo, ante tanto despropósito,
el director Jonathan King
opta por un enfoque humorístico que
raya lo absurdo, con personajes plenamente
paródicos, y unos efectos especiales
realizados por WETA Workshop,
que aunque bastante distantes de los de
la trilogía de El
señor de los anillos (al igual
que el presupuesto de la película),
resultan de lo más interesante de
la cinta.
No por nada, Ovejas
asesinas llega acompañada
de críticas que la comparaban con
los primeros títulos de Peter
Jackson, Mal
Gusto (1987) y Braindead
(1992). Sin embargo, hay que decir que esta
comparación le queda bien grande.
Mientras que las cintas de Jackson
era ejemplos claros de cómo con mucha
imaginación, sentido del humor y
un uso demoledor de los elementos gore se
podían realizar excelentes películas
con muy bajo presupuesto, aquí todo
apunta a un quiero y no puedo, un intento
de hacer algo innovador con propuestas argumentales
que se basan en su propia estupidez para
intentar resultar llamativas, pero que finalmente
quedan en un vano intento. |