| Fantastic
Four: The rise of the Silver Surfer
continúa donde la primera película
lo dejó (Los
4 fantásticos, 2005) , contando
uno de los acontecimientos más recordados
en la historia del cuarteto; es decir, la
boda de Sue y Reed –algo
que tuvo lugar en el
Fantastic Four Annual #3- publicado
en 1965.
Como suele ocurrir en
estos casos, los preparativos de la boda
se ven alterados por la aparición
de una perturbación cósmica
de origen desconocido y que es vista como
un peligro por parte de las autoridades.
Reed no está
muy por la labor de ayudar, pero la realidad
termina por obligarles. Para acabar de rematar
la situación, Victor von Doom
regresa de su retiro –después
de encontrarse con Radd- para “ayudar”
a Reed Richards en sus investigaciones.
A nadie se le escapa que
las relaciones entre ambos no son buenas,
pero la situación y una serie de
acontecimientos que se están produciendo
a lo largo del globo, siempre con la aparición
del extraño ser, les obliga a trabajar
juntos.
A partir de ahí se suceden -de manera
casi consecutiva y sin que el espectador
tenga mucho tempo de asimilarlo todo- una
serie de sucesos que nos llevarán
a conocer la personalidad de Silver
Surfer y el verdadero peligro que se
cierne sobre nuestro mundo.
Los momentos en los que Sue se
encuentra y habla con Radd son
de una tremenda melancolía, algo
que Lee y John
Buscema supieron reflejar en la
serie de los 60, y destacan sobre el resto
de la acción, tan trepidante como
se pudiera esperar.
Hubiese estado bien profundizar más
en las causas que llevaron a Norrin
Radd a convertirse en Silver Surfer
en especial, porque el guión de la
película da por supuesto que el espectador
conoce el origen del personaje y su relación
con la entidad que está amenazando
al planeta Tierra.
En este apartado hay que tener en cuenta
que Marvel Comic le ha
encargado a Michael J. Straczynski
un guión para una película
protagonizada por el personaje, de igual
modo que el origen y las motivaciones del
personaje se conocieron en el formato cómic
cuando se publicó la serie regular
de Silver Surfer.
Para trasladar al personaje a la gran pantalla,
los responsables contaron con el actor
Doug Jones –conocido por
sus papeles de Abe Sapiens en Hellboy
(2004) y del Fauno en la película
El laberinto del fauno (2006), ambas
dirigidas por Guillermo del Toro-.
Doug es un actor dotado
de una extraordinaria capacidad gestual,
algo muy importante dado que su rostro aparece
enmarcado dentro de un ser que parece estar
formado por una sustancia como el mercurio
y en medio de unas facciones no demasiado
definidas. El también actor Laurence
Fishburne añade con su voz
el toque necesario de la melancolía
que rodea a Radd, pero sin olvidar
que el personaje también está
dotado de un espíritu ciertamente
decidido, lo que ayudará en su interacción
con el resto de los personajes.
Sé que a muchos decepcionó
la visión aportada por la película
para un ser como Galactus. No negaré
el tremendo atractivo visual del personaje,
pero tampoco me negarán que dicho
personaje podría quedar bastante
ridículo –a pesar de su majestuosidad
gráfica- trasladado a la gran pantalla.
La enorme nube cósmica que devora
cuantos mundos caen a su alcance tiene ciertas
reminiscencias con la entidad V´Ger
que aparece en la primera incursión
cinematográfica de la serie Star
Trek. Admito que no es tan impresionante
como el Galactus dibujado por Kirby
o Byrne, pero es bastante
más creíble.
El resto es una aventura en estado puro
con las deficiencias habituales al pasar
del lenguaje gráfico al cinematográfico,
pero sin dejar de ser interesante y entretenida
Stan Lee aparece, algo
que siempre es agradable de ver, para que
le ocurra lo mismo que en la mencionada
boda gráfica, 30 años antes.
¿No saben qué le ocurre? Pues
nada, vean la película o lean el
tercer anual de Los
Cuatro Fantásticos y se enterarán.
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